¿Se justifica la vacunación Covid de niños? Taiwan la ha parado por efectos adversos conocidos

El pasado 29 de octubre la FDA, agencia estadounidense del medicamento, autorizó el uso de emergencia de la vacuna contra la Covid-19 de Pfizer/BioNTech en niños con edades comprendidas entre los cinco y los once años. El 2 de noviembre los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) respaldaban la decisión de la FDA. Pero en todo el mundo no se actúa igual.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) comenzó a mediados de octubre su evaluación de esa vacuna para el citado rango de edad. Pero en el Gobierno español existen reticencias a vacunar a los niños de dichas edades.

Fernando Simón, en un encuentro sindical manifestó que «existen dudas» sobre la vacunación de los niños de entre cinco y once años ya que «les afecta muy poco la enfermedad», mostrando así reticencias a su inmunización ante los posibles efectos secundarios de la inoculación del suero como son los ya referidos casos raros de inflamación cardíaca.

Hace una semana Taiwan dio un paso más lejos y optó por detener la segunda dosis de vacuna a niños mayores de doce años ante los casos de miocarditis (inflamación del músculo cardíaco) y pericarditis (inflamación del revestimiento exterior del corazón) que se han presentado en ese país (y en otros).

Dicho país también congeló también los planes de vacunación a menores de dicha edad.

Se han notificado casos de miocarditis y pericarditis después de la vacunación con Pfizer en niños de entre doce y 17 años. Según las estadísticas estadounidenses, el riesgo de que los jóvenes experimenten miocarditis después de recibir la segunda dosis de esa vacuna es ¡diez veces mayor! que después de la primera dosis.

Hong Kong ha cambiado de dos dosis de la Pfizer a una sola para las personas de doce a 17 años. El Reino Unido ha hecho algo similar, recomendando sólo una inyección para niños de entre doce y 18 años.

En cuanto a si se aprobarán en Taiwan las vacunas Covid-19 para niños de cinco a once años, el asunto no se considerará hasta que se resuelva el problema de la segunda dosis con los niños de doce a 17 años.

Hay un hecho claro: los niños, por norma general y de acuerdo a la evidencia científica disponible, cursan la enfermedad de forma leve o asintomática.

Hace unas semanas varias decenas de profesionales sanitarios (y otros) pidieron al Ministerio de Sanidad que contemplase el cese del plan de vacunación en la infancia. Mostraban un informe muy completo y bien documentado con sus razones.

De ese informe destaco dos datos (como siempre os animo a leerlo entero): La tasa de supervivencia para el grupo de 0 a 19 años es del 99,997%. Dicho cálculo se puede realizar a partir de la información proporcionada por el citado CDC con el número de personas infectadas, tanto asintomáticas como sintomáticas, que sobreviven.

Es un resultado positivo que nos indica que este colectivo, en ausencia de vacunas y gracias a la inmunidad natural, como indican recientes estudios, supera la infección con éxito, según comentan estos profesionales sanitarios.

Y ofrecen más datos interesantes. La letalidad de la Covid, según la OMS, es del 0,27% para la suma total de todas las edades, pero la media de la mortalidad se encuentra en los 85 años.

Cuando miramos datos más recientes de la tasa de letalidad de casos para los menores de 14 años, esta es del 0,0094%, según el informe elaborado por la Asociación Española de Pediatría (nada sospechosa de ser «antivacunas») y el Instituto de Salud Carlos III (tenéis las referencias en la bibliografía del informe).

En dicho informe también se comenta que los datos publicados en los distintos sistemas de farmacovigilancia: VAERS (Vaccine Adverse Event Reporting System) en Estados Unidos y EudraVigilance en Europa, indican que el perjuicio al administrar estos fármacos a niños es mayor de lo esperado, en comparación con otras vacunas ya conocidas que llevan décadas administrándose.

De hecho, es la miocarditis el efecto adverso que con más frecuencia se está dando, en una proporción mayor de la esperada, entre adolescentes e incluso se han reportado una serie de muertes, elevadas en proporción al tiempo que lleva la vacunación en jóvenes, asociadas a la vacunación en menores.

Es decir, se están produciendo más efectos secundarios graves al inyectar las vacunas para la Covid-19 a los menores que si adquirieran la inmunidad de manera natural como hasta ahora.

La conclusión, para quienes han desarrollado ese informe, es clara:

NO hay evidencia que justifique la vacunación masiva con productos experimentales que se han aprobado de forma apresurada, en población sana que prácticamente no tiene riesgo de enfermar de Covid-19.

Tampoco hay datos que justifiquen la asunción de los daños derivados de las vacunas».

Lo de los posibles daños al corazón de estas vacunas se conoce desde hace un montón de meses. Lo contamos a finales de abril pasado: Nueva reacción adversa de las vacunas Covid-19 de Pfizer y Moderna: daños en el corazón. Y con posterioridad, en Israel, fuentes oficiales, confirmaron las sospechas de que la vacuna Pfizer puede provocar comoefecto secundario miocarditis.

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