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Reproducción asistida: lo que sí funciona, lo que aún no se cuenta y lo que conviene saber antes de decidir

La reproducción asistida ha cambiado la vida de millones de personas. Permite tener hijos a parejas con infertilidad, a mujeres que han pospuesto la maternidad, a personas sin pareja y a familias que antes no tenían acceso a la reproducción. Es una medicina real, con logros científicos innegables y con un valor humano enorme.

Pero precisamente porque es una intervención médica poderosa, no debería presentarse como un procedimiento neutro, sencillo o exento de consecuencias. Fran Güell, biólogo e investigador del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, lleva años analizando la información que reciben los pacientes y la evidencia sobre la salud de los niños concebidos mediante fecundación in vitro y otras técnicas.

Su tesis no es que la reproducción asistida deba prohibirse, sino que debe informarse mejor: con datos reales de éxito, con los riesgos conocidos y sin convertir el deseo de ser padre o madre en un producto de consumo.

Lo positivo: una medicina que ha dado hijos a millones de familias

Conviene empezar por lo evidente: la fecundación in vitro (FIV) funciona. Desde el nacimiento de Louise Brown en 1978, la FIV ha permitido que personas con trompas obstruidas, endometriosis, factor masculino grave, ciclos espontáneos inexistentes o infertilidad de causa desconocida pudieran tener descendencia.

También ha hecho posible la donación de óvulos y semen, la preservación de la fertilidad antes de tratamientos oncológicos y, en algunos países, la gestación subrogada.

La técnica básica consiste en estimular los ovarios para obtener varios óvulos, extraerlos, fecundarlos en laboratorio —a veces mediante ICSI, la inyección intracitoplásmica de espermatozoides— y transferir uno o varios embriones al útero. Es un proceso complejo, pero hoy está muy consolidado y ha generado una enorme experiencia clínica.

Además, no todos los embarazos por reproducción asistida terminan en problemas. La inmensa mayoría de los niños nacidos mediante FIV no presenta malformaciones graves ni enfermedades importantes.

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Los estudios que detectan aumentos de riesgo hablan de diferencias estadísticas entre poblaciones, no de una sentencia individual. Eso significa que un aumento del riesgo no permite predecir qué le ocurrirá a un niño concreto, pero sí obliga a informar con honestidad sobre la probabilidad poblacional.

También hay que reconocer que la investigación ha mejorado la práctica. La transferencia de un solo embrión, cuando es posible, reduce los embarazos múltiples; la vitrificación de embriones ha permitido posponer transferencias y mejorar la planificación; y el diagnóstico genético preimplantacional puede evitar la transmisión de enfermedades graves en familias con mutaciones conocidas.

La reproducción asistida no es una amenaza abstracta: es una herramienta médica que resuelve un problema real.

El problema: información optimista y decisiones poco informadas

La crítica central de Güell no se dirige tanto a la existencia de la FIV como a la forma en que se vende y se comunica. Su investigación sobre las webs de clínicas de reproducción asistida en España concluyó que la información sobre éxito es con frecuencia confusa, ambigua y excesivamente optimista, lo que dificulta que las pacientes calculen sus probabilidades reales.

No es un detalle menor. Cuando una clínica habla de “altas tasas de éxito”, puede estar refiriéndose a embarazo bioquímico, a embarazo clínico, a implantación, a recién nacido vivo o a un grupo de pacientes seleccionado. No es lo mismo.

Una mujer de 27 años con óvulos propios no tiene la misma probabilidad de lograr un niño nacido vivo que una mujer de 42 años, y una tasa publicada por ciclos no equivale a la probabilidad de tener un hijo tras varios intentos.

El proyecto europeo B2-InF, liderado desde la Universidad de Navarra, trabaja precisamente en mejorar la información que reciben las personas sobre fertilidad y técnicas de reproducción asistida. La idea de fondo es sencilla: una persona puede aceptar un riesgo si lo conoce, pero no puede dar un consentimiento verdadero si solo recibe mensajes publicitarios, esperanzas y porcentajes mal definidos.

Qué riesgos se han descrito en los niños

Güell agrupa las patologías asociadas a la reproducción asistida en tres bloques: alteraciones detectables antes del nacimiento, complicaciones perinatales y enfermedades que pueden aparecer a medio o largo plazo.

Malformaciones y alteraciones prenatales

Diversos metaanálisis han encontrado un aumento pequeño pero consistente de malformaciones congénitas en niños concebidos mediante técnicas de reproducción asistida frente a concepción espontánea.

Una revisión de 113 estudios, con más de 768.000 niños concebidos por reproducción asistida y más de 40 millones concebidos espontáneamente, encontró un riesgo ligeramente mayor de anomalías congénitas en el grupo de reproducción asistida.

Otro metaanálisis estimó que los niños concebidos mediante estas técnicas tenían una probabilidad un 22% mayor de presentar defectos congénitos que los concebidos de forma natural. Ese trabajo también encontró asociaciones con defectos cardiovasculares, urogenitales, del sistema nervioso central y orofaciales.

Un estudio nórdico publicado en European Heart Journal, con más de siete millones de nacimientos, halló que el riesgo absoluto de cardiopatía congénita mayor fue del 1,84% en niños concebidos mediante reproducción asistida frente al 1,15% en concepción espontánea.

Es un aumento relativo relevante, pero el riesgo absoluto sigue siendo bajo: la gran mayoría de los niños no nace con una cardiopatía grave.

También se han descrito aumentos de riesgo en trastornos poco frecuentes relacionados con la impronta genómica, como el espectro de Beckwith-Wiedemann o el síndrome de Russell-Silver. Son enfermedades raras, pero su mayor frecuencia en población concebida in vitro ha sido señalada repetidamente en la literatura y forma parte de las advertencias que Güell considera insuficientemente explicadas en las consultas.

Prematuridad, bajo peso y complicaciones al nacer

Los niños concebidos por FIV tienen, en conjunto, algo más de riesgo de nacer prematuramente o con bajo peso. La Mayo Clinic señala que la FIV se asocia a un riesgo ligeramente mayor de parto prematuro y bajo peso al nacer, y recuerda que los embarazos múltiples aumentan todavía más esos riesgos.

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Aquí hay una causa evidente: durante años se transfirieron dos o más embriones para aumentar la probabilidad de embarazo, lo que produjo más gemelos y trillizos. Un embarazo múltiple eleva el riesgo de hipertensión, diabetes gestacional, parto prematuro, bajo peso y complicaciones neonatales. La reducción de transferencias múltiples ha sido uno de los avances más importantes de las últimas décadas.

Pero el aumento de riesgo no desaparece del todo en embarazos únicos. Por eso la pregunta científica no es solo “¿cuántos embriones se transfieren?”, sino también si la estimulación ovárica, el cultivo embrionario, la criopreservación, la ICSI o la propia infertilidad de los padres pueden influir en el desarrollo del embrión y la placenta.

Salud a medio y largo plazo

La parte más incómoda es la relativa a las consecuencias que pueden aparecer años después. Güell señala que la evidencia ha descrito mayores riesgos de parálisis cerebral, asma, epilepsia, diabetes tipo 1, alergias, alteraciones del lenguaje y determinados cánceres infantiles, incluidos leucemias, linfoma de Hodgkin, tumores renales, retinoblastoma o melanoma.

Un estudio de cohorte taiwanés con más de dos millones de tríos padres-hijo encontró que los niños concebidos mediante reproducción asistida tenían un mayor riesgo de cáncer infantil frente a los concebidos naturalmente.

El propio estudio también encontró un riesgo elevado en hijos de padres con subfertilidad que no habían usado reproducción asistida, lo que indica que parte del riesgo puede estar relacionado con la infertilidad subyacente y no exclusivamente con la técnica.

Ese matiz es esencial. No se puede atribuir automáticamente todo el exceso de riesgo a la FIV. La edad materna avanzada, la causa de la infertilidad, alteraciones hormonales, inflamación, calidad de los gametos, complicaciones del embarazo y factores genéticos familiares pueden influir. La ciencia todavía discute cuánto corresponde a la técnica y cuánto al contexto biológico de quienes la reciben.

¿Qué dice la evidencia sobre la causa?

La explicación más prudente es que probablemente intervienen varios factores:

Primero, la infertilidad no es un estado neutro. Quien necesita reproducción asistida puede tener alteraciones en la calidad ovocitaria, en el esperma, en la receptividad endometrial, en la función inmunitaria o en la salud metabólica. Algunos de esos factores pueden afectar también al desarrollo embrionario.

Segundo, la reproducción asistida implica manipular gametos y embriones en etapas muy sensibles. La estimulación hormonal, la maduración ovocitaria forzada, la fecundación en laboratorio, la ICSI, el cultivo durante varios días, la congelación y descongelación, y la transferencia embrionaria son intervenciones que ocurren cuando el embrión está programando procesos fundamentales de desarrollo.

Tercero, hay diferencias entre técnicas. La revisión de 2025 encontró un riesgo algo mayor de anomalías congénitas con ICSI, transferencia en día 3 y transferencia de embrión fresco que con FIV convencional, transferencia en día 5 o embrión congelado. Esto no permite afirmar que una técnica cause siempre un daño, pero sí sugiere que no todas las intervenciones tienen el mismo perfil de riesgo.

La Mayo Clinic es clara al reconocer que la FIV se asocia a un riesgo algo mayor de defectos cardíacos, digestivos u otras condiciones, aunque advierte que aún se investiga si la causa es la técnica en sí u otros factores relacionados. Esa prudencia no equivale a negar el riesgo; significa que hay que distinguir entre asociación, causalidad y magnitud del efecto.

Donación, óvulos congelados y negocio de la fertilidad

El debate se complica cuando entran la donación de gametos, la congelación de óvulos y el mercado privado.

La congelación de óvulos puede ser una opción legítima para preservar fertilidad antes de un tratamiento oncológico o ante una enfermedad que afecte a los ovarios. Pero cuando se ofrece socialmente como una garantía de maternidad futura, puede generar falsas expectativas: no todos los óvulos sobreviven a la vitrificación, no todos fecundan, no todos dan lugar a blastocistos y no todos los embriones conducen a un recién nacido vivo.

La donación de óvulos permite embarazos a mujeres con reserva ovárica muy baja o menopausia precoz, pero implica decisiones éticas y médicas adicionales: origen genético del niño, edad de la donante, número de ciclos, selección de donantes, compensación económica y transparencia sobre los riesgos.

Y detrás de todo ello existe una industria potente. Las clínicas compiten por pacientes, publican tasas de éxito y ofrecen paquetes, garantías y tratamientos complementarios.

Cuando el deseo de tener un hijo es enorme, la vulnerabilidad emocional también lo es. Güell sostiene que esa combinación puede favorecer estadísticas optimistas, mensajes comerciales y una información insuficiente sobre los riesgos para la descendencia.

No se trata de criminalizar a los profesionales. Muchos médicos y embriólogos trabajan con rigor y empatía. El problema es estructural: cuando una actividad médica se organiza en torno a la demanda, la competencia y el beneficio, la información puede inclinarse hacia lo que anima a contratar el tratamiento en lugar de hacia lo que permite decidir con libertad.

Qué debería explicar una clínica

Antes de iniciar un tratamiento, una persona debería poder entender, al menos, lo siguiente:

  • Su probabilidad real de tener un recién nacido vivo con sus propios óvulos o espermatozoides, según edad, causa de infertilidad y técnica prevista.
  • La diferencia entre embarazo, implantación y nacido vivo.
  • El número esperado de ciclos y el coste total, incluidos medicamentos, analíticas, transferencias y criopreservación.
  • El riesgo de embarazo múltiple y la política de la clínica sobre transferencia de un solo embrión.
  • Los riesgos conocidos para la madre: síndrome de hiperestimulación ovárica, complicaciones de la punción, embarazo múltiple y efectos de los tratamientos hormonales.
  • Los riesgos descritos para el niño: prematuridad, bajo peso, malformaciones, alteraciones de la impronta y posibles consecuencias a largo plazo.
  • Las alternativas médicas, incluidos tratamientos menos invasivos cuando sean adecuados.
  • Qué ocurre con los embriones sobrantes, su conservación, destino y implicaciones legales.
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Esa información no debería utilizarse para asustar, sino para devolver a la paciente o a la pareja la capacidad de decidir. Un consentimiento informado no es una firma al final de un formulario; es una conversación honesta antes de empezar.

Una conclusión necesaria

La reproducción asistida ha sido una de las grandes conquistas de la medicina reproductiva y sigue siendo una esperanza legítima para muchas personas. Negar su valor sería injusto.

Pero reconocer su valor no obliga a silenciar sus límites. La evidencia disponible apunta a un aumento estadístico de riesgo en algunas malformaciones congénitas, complicaciones perinatales y determinadas enfermedades a medio o largo plazo, aunque la magnitud varía según el estudio, la técnica y la población analizada.

La pregunta no es si la FIV es buena o mala. La pregunta es si quienes la consideran reciben toda la información necesaria para decidir. Si la respuesta es no, el problema no es solo científico: es ético. Y exigir transparencia no es estar en contra de los niños nacidos por reproducción asistida; es estar a favor de que cada nueva familia pueda elegir sabiendo a qué se expone.

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