Anticonceptivos

«Si hubiera sabido esto, jamás habría tomado el fármaco anticonceptivo Cerazet»

Hace unos meses publiqué en este blog un reportaje sobre la píldora anticonceptiva Cerazet, basada en desogestrel, en el que recogía testimonios de usuarias y analizaba los datos oficiales sobre sus efectos adversos, entre ellos cáncer de mama, trombosis y daños psíquicos como depresión o ideas suicidas.

Desde entonces no han dejado de llegarme historias, pero la de una joven lectora me ha impactado especialmente por la gravedad de los daños, por la soledad con la que los está viviendo y por su determinación de llegar hasta el final, también por la vía legal.

Cerazet se presenta como una píldora “más suave” para aquellas mujeres que no toleran los estrógenos o que están dando el pecho, porque es un anticonceptivo de solo gestágeno. La promesa es sencilla: misma eficacia anticonceptiva, menos riesgo para el hígado y para el sistema cardiovascular que las píldoras combinadas.

Sin embargo, quienes me escriben cuentan otra realidad: efectos secundarios múltiples, graves y, en muchos casos, no advertidos con claridad en los prospectos ni en la consulta médica.

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La búsqueda de un anticonceptivo “más suave” que acabó en pesadilla

La protagonista de este caso llevaba años utilizando otros anticonceptivos hormonales combinados que contenían estrógenos. Durante mucho tiempo tomó una píldora de ese tipo, hasta que sus analíticas mostraron que el hígado estaba saturado.

Su ginecóloga le recomendó entonces parches transdérmicos con el mismo principio activo, y aunque el método cambiaba, los problemas seguían ahí: piel y pelo en mal estado, malestar general, sensación de que su cuerpo no terminaba de tolerar bien el tratamiento.

Como tantas mujeres, hizo lo que hoy parece imprescindible para cualquiera que quiera decidir sobre su salud: buscar información por su cuenta. Navegando por internet encontró Cerazet, una píldora de desogestrel sin estrógenos, y pensó que podía ser una alternativa más amable con su organismo.

Empezó a tomarla el 23 de diciembre de 2025, confiando en esa idea de que, al ser solo gestágeno, sería “más leve” para el hígado y, en general, menos problemática.

Nada hacía presagiar lo que vino después. Al cabo de algo más de un mes, a principios de febrero, aparecieron los primeros síntomas aislados: alguna noche mala de sueño, episodios de taquicardia, una sensación rara de sistema nervioso sobreactivado.

Lo que al principio parecían molestias puntuales acabó convirtiéndose, a partir de marzo, en un cuadro devastador que le impide hacer una vida normal.

Insomnio extremo, taquicardias y un cuerpo desregulado

Cuando describe su día a día desde entonces, habla de noches en blanco y de otras en las que, con suerte, consigue dormir tres horas de madrugada, tras muchas horas intentando conciliar el sueño sin éxito.

Habla de taquicardias, espasmos musculares, una especie de temblor interno constante, ansiedad intensa y la sensación de estar siempre al borde del colapso. Todo ello con apenas unos meses de exposición a Cerazet.

Dejó la píldora el 21 de marzo, en cuanto comprendió que aquello no podía ser normal. Pero abandonar el medicamento no supuso, ni mucho menos, que los síntomas desaparecieran. Desde entonces vive en una montaña rusa: algunos días algo mejores, otros en los que vuelve al punto de partida, con 0 horas de sueño, el corazón disparado y la mente incapaz de encontrar descanso.

En Urgencias hospitalarias y en la consulta de atención primaria la respuesta ha sido la de siempre cuando el medicamento ya está dentro y el daño hecho: Peligrosas benzodiacepinas para tapar el insomnio y la ansiedad, más medicación para amortiguar los síntomas, pero ninguna reflexión de fondo sobre el posible origen iatrogénico del cuadro.

Su ginecóloga privada, con la que se ha visto online, le ha pautado suplementos para intentar regular las hormonas y progesterona (seidigestan) entre los días 14 y 26 del ciclo; con esto nota algo de mejor sueño, por el efecto sedante de la progesterona, pero el problema de base permanece.

“Menopausia súbita falsa” e insomnio inducido por terapia hormonal

Ante la lentitud del sistema público (su primera cita con neurología de la Seguridad Social la tiene para julio), decidió acudir a un neurólogo privado. Sabía que no podía seguir meses encadenando noches sin dormir y crisis de taquicardia a la espera de que alguien le hiciera caso.

El neurólogo le escuchó con calma, revisó la cronología y el tipo de anticonceptivo que había tomado. Su conclusión fue clara: por la relación temporal y por el conjunto de síntomas, lo que está viviendo se parece a una “menopausia súbita falsa”, una especie de apagón y desajuste del eje hormonal provocado por la terapia hormonal con Cerazet.

En la anamnesis de su informe, el especialista recoge expresamente que ha tomado Cerazet 75, y en el apartado de diagnóstico escribe “insomnio inducido por terapia hormonal”.

No le pidió resonancia ni otras pruebas de imagen, porque considera que el cuadro encaja clínicamente con una reacción adversa al anticonceptivo y no con una patología neurológica primaria. Le recomendó mantener durante unos días más media dosis de lorazepam, asociar un antihistamínico sedante por la noche y continuar con la progesterona cíclica, con la esperanza de que el sistema nervioso central vaya saliendo poco a poco de ese estado de hiperactivación.

Mientras tanto, ella sigue atrapada en un cuerpo que no reconoce, durmiendo a saltos, con el corazón acelerado y una sensación de fragilidad extrema. Y con una pregunta recurrente: ¿Cómo es posible que un anticonceptivo supuestamente “más suave” haya desencadenado algo así, sin que estos efectos adversos figuren de manera clara en su prospecto?

Hay un gesto de esta mujer que merece ser subrayado. Ante la pasividad de muchos profesionales, decidió notificar por su cuenta su caso al Sistema Español de Farmacovigilancia, a través de la plataforma NotificaRAM. Se trata de la herramienta oficial de la AEMPS que permite comunicar, de forma electrónica, sospechas de reacciones adversas a medicamentos, tanto por parte de profesionales sanitarios como de ciudadanía.

La normativa obliga a los médicos a notificar las sospechas de reacciones adversas graves o inesperadas, precisamente para detectar señales de seguridad que no se recogieron en los ensayos clínicos y que solo aparecen cuando los medicamentos se usan en la vida real y en grandes poblaciones.

Sin embargo, en su caso, ninguno de los sanitarios que la han atendido ha cumplido esa obligación, de modo que ha sido ella quien ha tenido que cargar con esa tarea, en pleno infierno de insomnio y taquicardias.

En la web mimedicamento.es, existe una plataforma de testimonios de usuarios de medicamentos donde Cerazet aparece asociado a una “cantidad de efectos secundarios” que las propias usuarias califican de “muchísimos”. Allí se repiten términos como insomnio, taquicardia, niebla mental, ataques de ansiedad, dolor de cabeza, sofocos, cambios de humor, depresión, aumento de peso, sangrados irregulares o dolor pélvico.

Es un mapa de daños que difícilmente puede seguir considerándose anecdótico.

Insomnio cerazet

¿Puede haber responsabilidad del laboratorio?

Todo esto nos lleva a una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando un medicamento causa daños graves que no estaban advertidos o que se comunicaron de forma insuficiente?

En el reportaje previo sobre Cerazet ya señalábamos que este anticonceptivo comparte con otros de su clase riesgos muy serios, entre ellos un aumento de la probabilidad de cáncer de mama y de trombosis, incluso si el riesgo absoluto sigue siendo bajo. Pero aquí el foco está en daños neuropsíquicos y endocrinos que, al menos en la práctica, muchas usuarias no ven reflejados en la información que reciben.

El camino legal ahora es laborioso. Implica recopilar toda la documentación clínica, desde el historial de anticonceptivos previos hasta los informes de urgencias, atención primaria, ginecología y neurología; pedir un peritaje independiente que analice la línea temporal y descarte otras causas; y asumir que los procesos judiciales en materia de medicamentos son largos y técnicamente complejos.

Pero esta mujer no descarta recorrerlo. Sus ganas de ir por la vía legal son firmes, no solo por ella, sino para que lo que le ha pasado no se siga viviendo como un simple “mala suerte”.

No es un fenómeno exclusivo de Cerazet. Otros anticonceptivos hormonales han sido objeto de alertas y retiradas parciales en distintos países por aumento de riesgo de trombosis o por daños no previstos cuando se autorizaron.

Pero el patrón se repite: minimización de riesgos, falta de información completa, resistencia a reconocer reacciones adversas que no encajan con la narrativa de seguridad y eficacia y, por último, mujeres cargando con la duda de si “será cosa mía” mientras su cuerpo y su mente se desmoronan.

La protagonista de este caso ha dejado claro que no quiere que su historia se quede en un correo privado. Acepta que la contemos de manera anónima precisamente porque le preocupa que otras mujeres estén pasando por lo mismo sin conectar sus síntomas con el anticonceptivo que toman o sin saber que tienen derecho a notificarlo, a buscar una segunda opinión y, si procede, a reclamar.

Qué puedes hacer si te ves reflejada en este caso

Si has tomado Cerazet u otro anticonceptivo hormonal y te ves reflejada en este relato, estas son algunas acciones posibles:

  • Notificar tu caso al Sistema Español de Farmacovigilancia a través de NotificaRAM. La AEMPS insiste en que la notificación espontánea es clave para detectar riesgos no conocidos de los medicamentos y que pueden notificar tanto profesionales como ciudadanía.
  • Dejar tu testimonio en plataformas de pacientes como mimedicamento.es, que están revelando patrones de efectos secundarios que no se recogen adecuadamente en los prospectos.
  • Pedir una valoración médica independiente (por ejemplo, en neurología, psiquiatría o endocrinología) explicando siempre la cronología del uso del anticonceptivo y el inicio de los síntomas.
  • Informarte sobre las posibilidades de asesoramiento jurídico especializado en daños por medicamentos si tu situación es grave y consideras que no se te informó correctamente.

La historia de esta mujer confirma, una vez más, lo que ya adelantábamos en el artículo original sobre Cerazet: el problema no es sólo lo que dicen los prospectos, sino todo lo que no cuentan y que las mujeres están sufriendo en silencio.

Este blog seguirá abierto a sus voces, con la convicción de que hacer visibles estos casos es el primer paso para que la industria farmacéutica, las agencias reguladoras y los propios profesionales sanitarios asuman su responsabilidad.

Un sistema que promete protección pero genera dependencia

La protagonista de este caso sigue esperando. Su cita con neurología de la Seguridad Social, marcada para el 13 de julio, es catalogada como «preferente», lo que en teoría debería garantizar una atención más rápida.

Sin embargo, desde que dejó Cerazet el 21 de marzo hasta esa fecha habrán pasado casi cuatro meses de insomnio, taquicardias y supervivencia a base de benzodiacepinas. Cuatro meses que evidencian que ni siquiera la prioridad clínica acelera un sistema colapsado cuando se trata de reacciones adversas a medicamentos.

Sus palabras resumen la paradoja de fondo: «Al final los anticonceptivos se venden como una protección y libertad para la mujer, pero lo que hacen es vulnerarnos y atarnos más al sistema tal y como están formulados hoy día. Desde luego, con Cerazet el balance beneficio/riesgo es muy negativo«.

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