Los 105 medicamentos que habría que retirar del mercado (y que seguimos usando)
Hay 105 medicamentos autorizados en la Unión Europea que, según la revista independiente Prescrire, hacen más daño que bien en todas sus indicaciones aprobadas. No son fármacos marginales, sino tratamientos que se prescriben en cardiología, neurología, respiratorio, dolor o salud mental y que millones de personas toman cada día confiando en que les ayudarán.
La pregunta incómoda es sencilla: si el balance beneficio‑riesgo es desfavorable, ¿por qué siguen en el mercado?
Prescrire publica cada año una lista de medicamentos a evitar para ofrecer una atención más segura a los pacientes, una herramienta de enorme valor para quien quiera practicar una medicina basada en la prudencia y no en la propaganda comercial.
Desde hace años, en este blog venimos mostrando cómo esa lista contradice el discurso oficial de agencias reguladoras y grandes laboratorios, que venden la innovación farmacéutica como sinónimo automático de progreso cuando, en demasiados casos, significa sólo más riesgos y más negocio sin beneficio clínico real.
Qué es Prescrire y por qué incomoda tanto
Prescrire es una revista francesa independiente de la industria farmacéutica, financiada por suscripciones profesionales y conocida por sus revisiones sistemáticas de medicamentos.
No vive de la publicidad de los laboratorios ni de acuerdos con compañías, lo que le permite evaluar tanto fármacos viejos como nuevos con una mirada clínica, fría y, a menudo, muy incómoda para el mercado.
Cada año, el equipo de Prescrire revisa la evidencia disponible para centenares de medicamentos: eficacia real en resultados relevantes para el paciente, seguridad a corto y largo plazo, comparaciones con tratamientos de referencia y existencia de alternativas más seguras.
Con esa información elabora una lista de fármacos “a evitar”, es decir, medicamentos cuyo balance beneficio‑riesgo es desfavorable en todas las situaciones en que están autorizados.
Esa lista no es un capricho ni un panfleto: la utilizan centros de información de medicamentos y servicios de salud públicos en distintos países para orientar políticas de uso racional del medicamento. Mientras tanto, para el gran público y para muchos profesionales saturados de trabajo, es casi invisible.
Medicamentos a evitar en 2024: 105 fármacos con más daño que beneficio
La actualización 2024 de Prescrire incluye 105 fármacos que deberían evitarse porque exponen a efectos adversos desproporcionados frente a beneficios escasos o dudosos. Hablamos de fármacos utilizados en áreas tan sensibles como la cardiología, neurología, psiquiatría, oncología, respiratorio, dolor crónico y digestivo, entre otras.
Las razones por las que Prescrire recomienda no utilizarlos suelen encajar en algunos patrones claros:
- Medicamentos que ofrecen beneficios marginales o no superiores al placebo, pero añaden efectos secundarios graves.
- Fármacos “nuevos” cuya relación beneficio‑riesgo es peor que la de medicamentos más antiguos y bien conocidos.
- Tratamientos antiguos cuyo uso está desfasado porque hay opciones más recientes con mejor perfil de seguridad.
- Combinaciones o dosis que complican el tratamiento sin mejorar resultados, aumentando la probabilidad de errores y reacciones adversas.
La lista 2024 incorpora cambios respecto al año anterior que muestran la dinámica de este “mercado del riesgo”: teriflunomida, un inmunosupresor para esclerosis múltiple, vuelve a ser considerada medicamento a evitar, mientras que fenfluramina se retiró temporalmente de la lista a la espera de reevaluar su uso en un síndrome epiléptico raro en niños.
Fármacos como folcodina y tixocortol desaparecen de la lista no porque se hayan vuelto más seguros, sino porque han dejado de comercializarse. E idebenona, vendida durante años como neuroprotector, pasa a la categoría de balance incierto: ni beneficios claros, ni seguridad garantizada.
En otras palabras: la foto fija de Prescrire 2024 es la de un mercado farmacéutico donde cada año se retocan algunas piezas, pero el número total de medicamentos claramente peligrosos sigue siendo muy alto.
Ejemplos por áreas terapéuticas: del corazón al catarro
Para entender el alcance del problema, es útil mirar algunos ejemplos que Prescrire y otros análisis han señalado como medicamentos a evitar.
En cardiología, la lista incluye fármacos como ivabradina o algunos antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA-II) como el olmesartán, para los que existen alternativas dentro de la misma familia con mejor perfil beneficio‑riesgo. Tener que preguntarse “qué ARA-II es preferible frente a olmesartán” no es un debate académico: es una cuestión de morbilidad, hospitalizaciones y, en última instancia, vidas.
También se han señalado antiinflamatorios como diclofenaco o aceclofenaco, muy usados para dolor y reuma, asociados a mayor riesgo cardiovascular frente a otros antiinflamatorios más seguros. Cuando un analgésico para el dolor de espalda aumenta la probabilidad de infarto, el medicamento se convierte en parte del problema y no de la solución.
En neurología y salud mental, Prescrire lleva años cuestionando fármacos para la enfermedad de Alzheimer que no han demostrado frenar la progresión hacia la demencia y sí presentan interacciones peligrosas, como donepezilo, galantamina, memantina o rivastigmina.
Son tratamientos que se venden con la promesa de “ralentizar el deterioro” pero cuya eficacia real es escasa y cuyas complicaciones no son anecdóticas.
A ello se suman inmunosupresores y antiepilépticos de alto riesgo como la propia teriflunomida o la fenfluramina, cuyo movimiento dentro y fuera de la lista muestra que la evaluación beneficio‑riesgo puede cambiar, pero la prudencia debería ser la norma.
Uno de los ejemplos más chocantes para la población general son los descongestionantes orales y nasales muy publicitados, que contienen sustancias como efedrina, fenilefrina, pseudoefedrina, nafazolina u oximetazolina.
Son fármacos destinados a aliviar los síntomas de procesos leves y autolimitados, como un catarro común, pero asociados a efectos adversos cardiovasculares graves, incluyendo crisis hipertensivas e isquemia.
Que un producto de venta en farmacia o incluso en súper para “destapar la nariz” figure entre los medicamentos a evitar por un riesgo cardiovascular inaceptable es una radiografía perfecta de cómo funciona la industria del medicamento: maximizar ventas minimizando el discurso sobre daños.
Avisando desde hace años
Este blog no descubre ahora el problema. Desde hace años venimos señalando que hay fármacos que, aun estando autorizados, no deberían usarse por sus peligros. Cuando en 2018 comentamos una lista de unos 90 medicamentos que Prescrire retiraría del mercado, ya poníamos el foco en que muchos se usan sin problema en España, como si la evidencia de sus riesgos no existiera.
En 2021 insistíamos en la idea de “lista de medicamentos que no han de utilizarse aunque estén aprobados”, recordando que todos los fármacos para Alzheimer, algunas gliflozinas para diabetes o fármacos digestivos como la cimetidina serían mejor no usarlos por su relación beneficio‑riesgo negativa.
En 2025 hemos vuelto sobre el tema al analizar los “medicamentos a evitar en 2025: los venenos que hay en tu botiquín”, mostrando cómo el número de fármacos problemáticos no disminuye sino que se mantiene o incluso aumenta.
La lista 2024 de Prescrire encaja en esta línea: el sistema sigue autorizando y manteniendo en el mercado medicamentos cuyo balance global para la población es claramente desfavorable, mientras se criminaliza la automedicación de remedios mucho más inofensivos.
Qué podemos hacer: elegir mejor el medicamento, elegir mejor la vida
Ante este panorama, la respuesta no puede ser la resignación. Hay al menos tres líneas de acción:
- Profesionales sanitarios: conocer y usar la lista de medicamentos a evitar de Prescrire y documentos similares para revisar la prescripción habitual, sustituyendo, siempre que sea posible, estos fármacos por alternativas con mejor perfil beneficio‑riesgo.
- Pacientes y ciudadanía: preguntar, informarse, exigir explicaciones cuando se receta un medicamento controvertido y plantear opciones más seguras disponibles.
- Responsables políticos y reguladores: dejar de actuar como notarios de la industria y convertirse en verdaderos guardianes de la salud pública, incorporando de forma sistemática estas listas independientes en sus decisiones.
La reflexión de Prescrire es que para ofrecer una atención de mayor calidad y más segura, hay medicamentos que simplemente deben evitarse. Traducido a lenguaje cotidiano: no se trata de demonizar los fármacos, sino de aceptar que algunos nunca debieron llegar al botiquín y que mantenerlos ahí es una forma silenciosa de violencia sanitaria.
Esta claro que somos conejillos ,asi me veo con las farmaceuticas ladrona, que cobran un monton por los farmacos y nos los aplican mentiendote miedo (hay que si no te lo tomas tu veras te puede dar un hiptus ,o infarto,pero leido el prospecto es peor el remedio que la enfermedad,.Perdonen que personalize,.Hoy no te ve el medico de familia ,si tienes catarro por que crees que es catarro,no te dan hora,yo llevaba desde el 2019 sin ir al medico y cuando fui ya sali con la pastillita de la tensiòn que me puede pasar de todo en todo mi organismo.Me dijo la doctra que me haria la ITV le dije que no que saldria con una bolsa de medicamentos como todos los mayores una verguenza.
Tendrían que poner las fluoroquinolonas de todo tipo, que hay estudios sobre ellas para parar un carro de lo malas que son. Producen, entre otras cosas, algo parecido a la fibromialgia y al síndrome de fatiga crónica y la FDA ha aprobado el CIE que define los efectos adversos por flouroquinolonas (el asunto es que los efectos adversos pueden producirse una vez acabado el tratamiento, por lo que los enfermos no lo relacionan). Producen disección de aorta en personas mayores. De los psicofármacos tampoco se salva ni uno