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Señales de cáncer tras vacunas COVID y la infección: ¿qué esconden los datos que nadie investiga?

Un nuevo estudio sistemático acaba de destapar lo que muchos sospechábamos: desde 2020, publicaciones científicas revisadas por pares describen cánceres apareciendo en momentos sospechosamente cercanos a la vacunación COVID-19 o a la infección por SARS-CoV-2.

No se trata de rumores ni de anécdotas aisladas, sino de una revisión exhaustiva de 69 trabajos que obliga a preguntarse: ¿Por qué no se han hecho los estudios que faltan para aclararlo todo?​

El trabajo, firmado por Charlotte Kuperwasser de la Universidad de Tufts y Wafik S. El-Deiry de la Universidad Brown, publicado en Oncotarget el 3 de enero de 2026, revisa la literatura desde enero de 2020 hasta octubre de 2025.

Los autores identificaron 66 informes clínicos que detallan 333 casos en 27 países, más tres estudios poblacionales masivos: uno italiano con 300.000 personas, otro coreano con 8,4 millones y un análisis longitudinal de 1,3 millones de militares estadounidenses.​

¿Qué tipos de cáncer? Principalmente neoplasias hematológicas como linfomas no Hodgkin, linfomas cutáneos y leucemias; tumores sólidos de mama, pulmón, melanoma, sarcoma, páncreas y glioblastoma; y cánceres ligados a virus como el carcinoma de Kaposi o de células de Merkel.

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Emergen patrones inquietantes: Progresiones tumorales inusualmente rápidas, recurrencias de cánceres que estaban controlados o reactivaciones de enfermedades indolentes.

Algunos tumores aparecen justo en el sitio de inyección o en ganglios linfáticos cercanos, con hallazgos histopatológicos atípicos.​

En los estudios poblacionales, las señales son estadísticamente significativas. En Corea, la vacunación se asocia con mayor riesgo de cánceres de tiroides, gástrico, colorrectal, pulmón, mama y próstata.

En Italia y EE. UU., hay incrementos modestos en hospitalizaciones por cáncer tras dosis múltiples, especialmente mama y vejiga. Un subgrupo de 96 pacientes con adenocarcinoma pancreático muestra peor supervivencia con refuerzos repetidos, ligado a altos niveles de IgG4 inducidos por la vacuna.

Los tiempos de aparición varían: la mitad en 2-4 semanas post-vacunación, pero también a 2-3 meses o más de 8 meses. No todo apunta solo a las vacunas: la infección por COVID también se incluye, con mecanismos propuestos como inflamación crónica o alteraciones en la vigilancia inmune que podrían reactivar virus oncogénicos latentes (EBV, HHV-8).​

Los autores son claros: esto es una «fase temprana de detección de señales de seguridad». No establecen causalidad, pero exigen estudios epidemiológicos rigurosos, longitudinales, clínicos e histopatológicos para dilucidar si la vacunación o la infección influyen en la latencia tumoral, el escape inmune o cambios microambientales.​

Críticas inevitables: lagunas que gritan opacidad

Si este estudio llega ahora, cinco años después del inicio de la pandemia, ¿dónde estaban las agencias reguladoras? Las vacunas COVID se aprobaron en tiempo récord sin ensayos específicos de carcinogenicidad ni genotoxicidad, a pesar de datos previos sobre respuestas inmunes atípicas post-vacunación: miocarditis, neuropatías autoinmunes, citopenias.

¿Por qué no hay vigilancia de cáncer a medio plazo? Sistemas como VAERS o EudraVigilance, encargados de controlar los efectos secundarios de las vacunas en USA y la Unión Europea, captan señales agudas, pero fallan en eventos diferidos como estos.

En pacientes con cáncer pancreático, múltiples dosis de refuerzo/recuerdo correlacionan con peor pronóstico vía IgG4, un anticuerpo que modula la inmunidad hacia tolerancia en lugar de ataque.

¿Se informó a oncólogos o pacientes oncológicos de estos riesgos potenciales antes de recomendar vacunación universal?

La industria farmacéutica, con miles de millones en beneficios, no financió el estudio de la toxicología preclínica completa de esas vacunas. Los gobiernos priorizaron las campañas masivas de vacunación sobre la precaución.

Y ahora, con datos acumulándose, ¿qué hacen la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) o la española (AEMPS)? Silencio o minimización, como en otros escándalos: trombos con AstraZeneca, miocarditis con Pfizer.

Este patrón de opacidad erosiona la confianza pública, convirtiendo las alertas científicas en combustible para narrativas extremas.​

La revisión no ignora los sesgos: los casos se publican por su rareza temporal, y la vigilancia aumentó durante la pandemia. Pero eso no invalida las señales poblacionales ni las hipótesis biológicas plausibles: inmunoestimulación masiva que desequilibra la vigilancia tumoral, permitiendo hiperprogresión en células precancerosas.

Faltan estudios independientes, sin conflictos de interés farmacéuticos, para medir riesgos reales en la población general.​

Vacunas Covid1

Lecciones para la salud pública

Este no es un caso aislado. La pandemia reveló fracturas en el modelo vacunación-universal-sin-excepciones. Juan Gérvas, médico crítico, lleva años advirtiendo que vacunar a todos, sin estratificar riesgos, ignora datos como la baja eficacia antigripal en ancianos o efectos no intencionados.

Aquí pasa lo mismo: ¿inmunizar masivamente a sanos jóvenes justifica riesgos teóricos de cáncer a largo plazo?​

Recordemos otros síndromes post-vacunación: inflamación sistémica, autoinmunidad. Virus como SARS-CoV-2 interactúan con el cáncer vía inflamación persistente o reactivación viral, pero las vacunas, con su inmunoestimulación potente, podrían amplificar eso en individuos predispuestos.

Hipótesis como la «hiperprogresión tumoral» por sobreestimulación inmune (Figura 5 del estudio) merecen que se hagan más experimentos, no descalificación.​

Para España, con una alta cobertura vacunal y oncología pública saturada, esto urge a la acción. ¿Monitorea Sanidad las tendencias oncológicas post-pandemia? ¿Exige la AEMPS datos de refuerzos múltiples en pacientes crónicos?

El estudio ahora publicado pide «estudios forenses y mecanicistas»: autopsias, biopsias seriadas, modelos animales con ARNm.

La salud pública no es dogma, sino datos y precaución. Publicar señales como estas no es alarmismo, sino periodismo: exigir transparencia ante un ensayo masivo sin consentimiento plenamente informado. Las víctimas potenciales -familias con cánceres inexplicables- merecen respuestas.

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5 comentarios

  1. Buenas tardes, desde Argentina. ¿Por qué seguimos hablando de «vacunas» cuando hay muchos investigadores que ya han dicho que esto que se inoculó es TERAPIA GÉNICA. Los remito a un espacio en TELEGRAM, Akasha Comunidad donde publican la Dra. Karina Acevedo Whitehouse (Veterinaria, Investigadora, de la Universidad de Querétaro México) y su Equipo de colaboradores. Sus videso publicados en You Tube fueron retirados y se ignora a nivel masivo su Libro (publicad por Amazon en español e Inglés) «Efectos Adversos». Cuando hay CENSURA hay que sospechar…Y aparece «Chequeado» que por lo que sé alguna vez (al menos) fue de Soros, Black Rock. Mi nombre es Hylda Camelino. Y tengo una licenciatura (incompleta) en Química Biológica UBA. Estoy por cumplir 83 años en este mes. Gracias por todo.

  2. Cuando un usuario lee, por ejemplo, El Portal Oficial de La Asociación Española de Pediatría sobre vacunas e inmunizaciones, un artículo que cita: “Los cultivos de células HeLa han permitido un desarrollo extraordinario de la investigación biomédica desde entonces, entre otros la de las vacunas de la polio, el VPH y la covid”, y añade: “la humanidad ha sido el desarrollo científico que han permitido las células HeLa (Henrietta Lacks), células tumorales provenientes de un adenocarcinoma de cervix uterino de esta mujer” (Fuente: https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/el-legado-de-henrietta-lacks); unido a lo que puede encontrarse de las demás líneas de células diploides humanas ya usadas en vacunas, como por ejemplo la Hek 293, (de origen fetal), que se supone que su modificación consiguió: “cambios en el ciclo celular de estas células y modificó diversas de sus propiedades, como el fenotipo compuesto, el cariotipo inestable y la tumorigenicidad.” Aunque no expresan telomerasa y dejaron de crecer durante unos tres meses y haya información general sobre que tienen un mecanismo de reparación de desajustes de ADN (Mismatch Repair) defectuoso, lo que las hace más susceptibles a mutaciones y cambios genéticos y a posible alteración de resultados experimentales, (https://onscience.es/inmortales-celulas-hek-293-reinas-de-la-transfeccion/ https://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/103930/cf-lopez_ac.pdf?sequence=3&isAllowed=y), hacen que muchas personas, consideren que debe reforzarse la investigación en posibles consecuencias de introducirlo en las vacunas a largo plazo, y la solución no pasa por llamar “antivacunas” a todo el mundo que cuestione o tenga reacciones adversas y se niegue aceptar la seguridad total de las vacunas como si fueran la “santísima trinidad”. Debería simplemente, ser motivo para aumentar los controles de seguridad y seguimiento para descartar posibles efectos negativos, así como posibles alternativas.

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