La epidemia «fantasma» de problemas mentales tras la pandemia de Covid-19

Existe una «epidemia fantasma» de daños mentales en la población que aún no ha visto la luz. Nos lo preguntamos el otro día en el post titulado ¿Porqué las secuelas mentales del aislamiento social por la pandemia no se han reflejado en los servicios de salud mental? Hoy sabemos que la venta de antidepresivos se dispara en España un 10% en un año. Comentamos.

El Observatorio del Medicamento señala que en 2021 se dispensaron casi 51 millones de recetas de estos fármacos, un incremento que, según esta institución, responde al aumento de esas patologías psicológicas y psiquiátricas de los últimos dos años. La pandemia nos está pasando factura mental.

Casi el 3% de la población en España padece una enfermedad mental grave. Y no sólo aumenta la venta de los antidepresivos. En 2021 también creció el mercado de los antipsicóticos en un 7% (fármacos que se emplean sobre todo en trastornos psicóticos como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno delirante o las psicosis inducidas por drogas).

Está claro que el encierro durante la pandemia, la ansidad, el miedo y la incertidumbre constantemente alimentados por los grandes medios de comunicación de manera sostenida, el temor a la crisis económica que luego ha venido y demás, nos está «volviendo locos».

A todo ello hay que unir que la gestión que se hace en salud mental, por lo general es nefasta.

La «medicalización» de los problemas de la vida cotidiana, la ampliación de los límites de los trastornos mentales y “la falta de acceso a intervenciones no farmacológicas, como la psicoterapia, convierten en mayor el problema.

Están aumentando las enfermedades mentales graves tras la pandemia de Covid-19. El informe del citado Observatorio también señala que ha habido un aumento del 7% en el consumo de productos contra la dependencia del alcohol.

En total, se han dispensado algo más de 164 millones de recetas de fármacos que tratan el Sistema Nervioso Central en el año 2021. La pandemia nos ha puesto de los nervios.

Y es que también aumenta y mucho el uso de medicamentos tranquilizantes, hipnóticos y sedantes y analgésicos narcóticos. Estamos drogados, casi no nos soportamos ni nosotros mismos y todo por un «bichito» (mortal en algunos casos, sí) y la nefasta gestión de la pandemia que ahora se reconoce.

Casi la mitad de las consultas atendidas por los médicos de familia son de salud mental y suelen implicar tratamientos básicamente farmacológicos: la prescripción de antidepresivos, de hecho, aumentó un 29% desde 2010.

Y eso comporta riesgos. Mucho se ha comentado y documentado sobre los efectos secundarios de los medicamentos antidepresivos. Sus posibles daños son bien conocidos, incluso hay sentencias judiciales por casos de suicidio relacionados con este tipo de tratamientos.

Hemos explicado en varias ocasiones los peligros que entraña el consumo de antipsicóticos: Sabemos que Los fármacos antipsicóticos pueden provocar infartos de corazón.

También que, entre otras cosas La sobremedicación con fármacos antipsicóticos multiplica por tres la mortalidad entre los niños que los toman.

De hecho, existe abuso en el consumo de estos tratamientos (ahora más, claro).

Hasta tal punto que en el Bufete Almodóvar & Jara conseguimos ya hace unos años una importante sentencia judicial.

El Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) condenó a la Administración pública aragonesa por la exclusión educativa de un joven afectado de autismo y con discapacidad severa.

Le «castigaban» atiborrándole con ese grupo de medicamentos peligrosos.

Y qué decir de los «tranquilizantes» pues que su abuso no debería tranquilizarnos. No son fármacos de uso crónico. Por lo general se usan los del grupo de las benzodiazepinas (muy adictivas, por cierto). Su utilización crece un 6%. Hay expertos que vinculan este aumento con la aparición de un mayor número de casos de trastornos del sueño.

Esa es otra epidemia fantasma, la gente no duerme, cada vez más personas tienen ese tipo de problemas. Y puede estar ligado al alto consumo de benzodiazepinas que, como efecto secundario, quitan el sueño por paradójico que os parezca.

Y hay más:

Epidemia soterrada de muertes y daños por los fármacos benzodiacepinas: Valium, Lexatin, Trankimazin, Orfidal…

En fin, el panorama es tenebroso, nada que no viniera larvándose desde hace años pero que la última gran crisis sanitaria ha reproducido y aumentado. Las consecuencias empezamos a apreciarlas y más que lo comprobaremos durante los próximos meses y años. Cuidaros.

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