Narrativa estratégica: el arte de contar historias para manipular

En esta nueva entrega del proyecto #CartasaElla, la jovencita Ella recibe una carta de su abuelo que va a contarle sobre un modo de literatura que no se encuentra en las bibliotecas. Es quizá la literatura de las guerras que no están en los mapas porque se escriben en los despachos oscuros.

          Mi querida nieta en esta ocasión vamos a hablar de literatura, de una literatura muy especial. Porque la literatura puede no tener un fin, puede buscar sólo el arte y la belleza o puede manifestar un compromiso con una causa, por ejemplo. De lo que voy a escribirte es de una moderna manera de contar historias con el objetivo de conseguir un fin determinado y que no tiene porqué tener un impacto social positivo. Es el poder de la narrativa estratégica.

Esto es comentar historias que pueden ser ciertas o pueden incluir algunos elementos de ficción o incluso porqué no escribirlo ya, mentiras interesadas. Desde que el ser humano lo es ha contado historias, todas las culturas lo han hecho. Hasta que se inventó el lenguaje (las diferentes lenguas) los relatos se transmitieron de viva voz, de generación en generación, luego ya por los diferentes medios escritos, entre los que destaca el libro y hoy, qué te voy a contar, como bien sabes, prima la comunicación on line con las redes sociales como nuevos gurús.

En el ámbito corporativo se usa mucho hoy pues la narración estratégica permite comunicar ideas, valores y visiones de una manera que motive, guíe y facilite la aceptación de mensajes clave con mínima resistencia. Se trata de

contar historias con el objetivo de seducir, de convencer a alguien de una idea, un proyecto, una empresa… Es utilizar la capacidad y el poder narrativo para conseguir mayor empatía y conexión con nuestro público».

Dicen que todo es relato y es verdad, Ella, dicen incluso que nosotros, las personas, somos un relato, que tenemos una imagen de marca, como las empresas, que somos una marca. El periodismo ¿qué es? La definición más sencilla que he escuchado es que es «contar historias». Eso sí las historias pueden contarse de muchas maneras. Hay gente que practica el periodismo porque le gusta escribir y otros porque quieren cambiar el mundo juntando palabras, que no es lo mismo.

Las empresas usan el poder de la narrativa estratégica para hacer marketing, para vender más acercándose a sus posibles clientes e intentan hacerlo mediante las emociones pues ha de ser más efectivo que llegar al público con datos, no lo sé pequeña.

Y eso mismo lo hacen los gobiernos con otras intenciones e interés.

Una de las historias más fantásticas jamás contada fueron los atentados con aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001 y la posterior guerra de Irak.

Los atentados fueron una serie de cuatro ataques terroristas suicidas cometidos por la red yihadista Al Qaeda que mediante el secuestro de aviones comerciales impactados contra diversos objetivos causaron la muerte de 3.016 personas, incluidos los diecinueve terroristas, la desaparición de veinticuatro y más de 6.000 heridos. A su vez, se registraron graves daños en el edificio del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

La guerra en Irak comenzó el 20 de marzo de 2003 y en teoría terminó en menos de un mes pues el presidente de Estados Unidos, George Bush, declaró su fin el 15 de abril de aquel año. Pero en realidad la guerra continuó durante años ya que dejó sumido al país en una guerra civil. El relato estadounidense se centró en que los atentados contra las torres neoyorkinas habían sido un acto de guerra.

Era por tanto «inevitable» ir a una guerra, una Guerra contra el Terror que se desarrollaría de manera «preventiva» en cualquier lugar del mundo donde hubiera terroristas o lo que EE.UU. y sus aliados considerasen tales. La administración Bush creó su propia Doctrina por la que consideró que estaba en su derecho de atacar a los países que pudieran alentar el terrorismo o acoger a terroristas. Y llamó «Eje del mal» a países como Irak, Corea del Sur o Irán (que hoy vemos demasiado en las noticias, no sé si ello querrá decir algo).

Tras producirse los atentados, los más salvajes de la historia, el Gobierno estadounidense desarrolló un relato, una historia cargada de argumentos que justificasen la invasión de Irak. Estados Unidos intentó convencer al mundo de que Sadam Hussein era un tirano que ponía en riesgo la seguridad de los USA. Para Bush y compañía, el árabe estaba relacionado con la organización terrorista Al-Qaeda.

Por si no fuera poco, se repitió hasta la saciedad que el Gobierno iraquí poseía armas de destrucción masiva. USA intentaba relacionar los atentados con actividades terroristas en Irak. Fue un relato que apelaba a las emociones, al miedo a que volviera a ocurrir algo similar a la destrucción del World Trade Center. Y bueno, ¿quién mejor que tu Gobierno para advertirte del peligro que corres, verdad?

El aparato de Bush no sólo se preocupaba por el mundo encarando a miles de elementos que actuaban porque odiaban a Occidente, como la de Estados Unidos es la democracia más importante del planeta Tierra o eso es lo que cuenta el relato, tenía la obligación moral de acabar con un tirano y ofrecer democracia al pueblo iraquí.

Fue la narración de la Administración Bush y quienes le apoyaron, como el primer ministro británico Tony Blair o el presidente del Gobierno de España, José María Aznar. Porque la verdad fue muy distinta: Se demostró que Irak NO tenía armas de destrucción masiva y no pudo probarse que su Gobierno tuviese relación con Al Qaeda.

Por lo que respecta a la democracia, la que es considerada «cuna de la civilización«, era en 2013, una década después de la invasión, el décimoprimer país más inestable del mundo. Ni qué decir tiene que con esa guerra no se resolvió el problema del terrorismo. Al contrario, el mundo musulmán vivió la intervención como un ataque a toda su comunidad mundial y las facciones más radicalizadas han cometido más atentados aún en todo el mundo. En Madrid lo hicieron el 11 de marzo de 2004 y en Barcelona el 17 de agosto de 2017.

Tras el marketing del miedo inicial y la posterior Guerra contra el terror, que fueron los ejes del relato, se escondió el interés de los USA por controlar Irak y el Golfo Pérsico, la zona del planeta más rica en petróleo, que hoy aún es la energía que mueve el mundo. Mandaría así un mensaje de fuerza a sus enemigos, algunos de los cuales están en esa zona y volvería a demostrar su poderío en el mundo; quien manda vaya, Ella.

Cabe preguntarse por la efectividad de la narración estratégica del Gobierno de los USA porque si todo es relato, como he indicado más arriba, el de Estados Unidos ha sufrido también sus contrarelatos. La imagen del país que quería ser el sheriff del mundo quedó muy dañada en todo el mundo tras todos estos acontecimientos.

Es muy difícil desarrollar un relato de exportación de la democracia por el mundo cuando los gobiernos estadounidenses, primero con Bush y después con Obama, aprovecharon la Guerra contra el Terror para instaurar la tortura de sus prisioneros.

Lo hicieron, por ejemplo, en la cárcel de Abu Ghrahib. En dicho penal instalado en suelo iraquí, soldados estadounidenses torturaron durante años a prisioneros de dicho país y personas acusadas de terrorismo.

Las fotos que se filtraron de los propios torturadores dieron la vuelta al mundo y fueron el contrarelato de las continuas negaciones por parte de las administraciones citadas, que no tuvieron más remedio que cerrar aquel agujero de inhumanidad.

La estrategia narrativa de los gobiernos de Estados Unidos, Ella, sufrió otro revés en forma de contrarelato con la muerte de Osama Bin Laden, el líder de Al Qaeda y otrora aliado de los USA, por cierto. La Administración de Obama construyó una historia heroica que «vendió» como el mayor éxito en política exterior del primer mandato del presidente de Estados Unidos.

La muerte de Bin Laden se anunció el 2 de mayo de 2011 cuando unidades de élite de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos le abatieron en el transcurso de un tiroteo en Abbottabad, Pakistán. Las autoridades pakistaníes confirmaron que Bin Laden murió en Pakistán en un enfrentamiento con militares estadounidenses.

Ya ves nieta mía que con una narrativa estratégica puedes manipular a mucha gente durante mucho tiempo pero no a todo el mundo todo el rato. Y en otra ocasión te pondré otros dos ejemplos que giran en torno al cambio climático y la industria farmacéutica.

2 Comentarios a “Narrativa estratégica: el arte de contar historias para manipular”
  1. Carlos

    Hola Miguel, siempre un gusto leerte!
    Algún día se podrá escribir algo acerca de la llegada del hombre a la luna? La primera y más brutal manipulación del imperio?Como habrán conseguido una transmisión en vivo para todo el mundo por TV en el año 1969? Dicen que Stanley Kubrick tuvo una gran participación.
    Saludos.

  2. Medicamentos que matan

    La primera de todas las fuerzas que dirige el mundo es la mentirá.

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