La medicalización del parto es clave en los trastornos de salud mental del posparto

Muchos de los problemas de salud mental que viven las mujeres tras un parto derivan de una mala experiencia durante el alumbramiento. Una de cada cuatro mujeres sufre trastornos de salud mental como depresión, ansiedad, trastornos alimentarios y obsesivo-compulsivos, durante el embarazo y también en el parto.

Durante el alumbramiento, la mujer se encuentra en un momento de máxima vulnerabilidad psíquica, con un estado diferente de consciencia, lo que provoca que las vivencias del parto queden grabadas y afecten profundamente a su salud emocional en el posparto, así como a la relación con su bebé y su pareja. Así lo explica en ese enlace la psiquiatra Ibone Olza, directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal.

Hay especialistas como Kathleen Kendall-Tackett y Kerstin Uvnas-Moberg que documentan cómo los partos muy intervenidos (y cada vez lo son más) ponen en riesgo la salud mental de las madres. Las mujeres a las que se administra oxitocina sintética para inducir o estimular el parto, a menudo junto con otras intervenciones, pueden encontrarse involuntariamente en riesgo.

Estudios recientes han encontrado que la oxitocina sintética y la anestesia epidural aumentan en las madres el riesgo de sufrir ansiedad y depresión en el posparto.

Los receptores de oxitocina se encuentran en todo el cuerpo, con concentraciones particularmente altas en las regiones límbicas del cerebro, columna vertebral, corazón, intestinos, tejido inmune, útero y mamas.

Cuando un receptor está en una neurona, la respuesta puede tener una trascendencia mucho mayor, ya que puede intervenir en la liberación o inhibición de otros neurotransmisores y moduladores hormonales, como serotonina, opioides endógenos y factor liberador de corticotropina.

Estas interacciones del sistema nervioso son clave para la comprensión de cómo la oxitocina liberada en el cerebro influye en una variedad de estados mentales y comportamientos. Se genera de manera natural, es decir, se libera durante el nacimiento, contacto piel con piel y amamantamiento, disminuye el riesgo de depresión y ansiedad de las madres. Sin embargo, la oxitocina sintética no genera un efecto similar y puede conducir al tipo de nacimiento muy intervenido que aumenta el riesgo de depresión posparto.

Muchas mujeres asocian el parto directamente con la epidural. Pero, ¿cuántas personas son conscientes del impacto que este procedimiento de rutina de parto puede tener en el nacimiento y en los días siguientes? Según la doctora Sarah Buckley, sus efectos pueden alterar el curso del nacimiento e impactar la capacidad de la mujer de criar a su bebé después del nacimiento.

Transforma el parto en un procedimiento médico porque altera las hormonas que afectan la experiencia del parto, las hormonas liberadas tras el nacimiento y en la maternidad temprana y tal vez a más largo plazo también».

Como indica Olza:

La vivencia que tenga la mujer del parto, la atención y el acompañamiento (o la ausencia de los mismos) que se le preste durante el mismo, influye de manera directa en la evolución del mismo», ya que «la confianza y el apoyo emocional facilitan el parto. El miedo, sin embargo, inhibe, aumentando el riesgo de que éste se complique o se alargue, de que la mujer sufra una disociación o de que el parto sea traumático para la madre y para el padre».

El año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó su guía de recomendaciones para una experiencia positiva de parto. Para la directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal puede resumirse, entre otras cosas, así:

Proteger la intimidad de la mujer al máximo, no exponerla, no permitir que entren personas en el paritorio sin aviso previo y sin una razón importante, no hacer tactos vaginales apenas o solo los imprescindibles, cuidar y proteger con cariño y respeto, garantizar la libertad de movimiento en todo el trabajo de parto y permitir que la mujer esté en todo momento acompañada por alguien de su elección».

Esto en buena medida no se hace en los hospitales. Aquí entran en juego las denominadas doulas, personas, generalmente mujeres, que informan y acompañan en el proceso vital de la maternidad.

No es una profesión como tal pero hay estudios que han demostrado que el apoyo emocional de la doula a la familia tiene beneficios durante el parto, tales como reducción en un 50% de cesáreas, un 40% en uso de fórceps, un 60% del uso de epidural o que acorta en un 25% la duración de los partos.

Todo esto, por supuesto, como complemento a una buena asistencia sanitaria.

En resumidas cuentas: Tras el nacimiento, en circunstancias ideales, se producen sofisticados procesos a nivel físico, emocional y neuronal, de vinculación y sincronización entre madre y bebé, que son fundamentales para un óptimo desarrollo del bebé, para el vínculo entre ambos, para el desarrollo del cerebro social y para la salud a largo plazo.

La mayoría de bebés nacen y son recibidos en unas condiciones bien distintas, ya sea porque nacen en entornos de medicalización innecesaria del parto, o porque son separados al nacer. ¿Qué pasa con estos bebés? ¿Qué oportunidades tienen las madres de «reparar» lo que no ocurrió?

Para que los procesos sanos citados ocurran, hacen falta algunas condiciones básicas que la naturaleza provee si se le permite: un parto lo menos interferido posible, preservar al máximo el estado hormonal natural del nacimiento y permitir a madre y bebé estar juntos piel con piel tras el parto sin interferencias.

Y sí, la «reparación» mencionada se puede realizar pero pensemos que siempre es mejor prevenir que curar.

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