La sobremedicación con fármacos antipsicóticos multiplica por tres la mortalidad entre los niños que los toman

El consumo de medicamentos antipsicóticos en indicaciones no autorizadas en niños y adolescentes multiplica por tres la mortalidad inesperada. Sólo en Cataluña, cada año más de 8.000 chicos y chicas reciben estos fármacos, algunos no autorizados para menores de 18 años. Todo un problema de salud pública.

Los medicamentos antipsicóticos (marcas como Risperdal, Zyprexa o Abilify) se emplean para aliviar la ansiedad grave, la esquizofrenia o el llamado trastorno bipolar. Son tratamientos, por lo general, de moderada eficacia y de numerosos y graves efectos secundarios. Cada vez están más cuestionados pero cada vez se recetan más, por paradójico que pueda parecer.

El consumo de fármacos antipsicóticos en niños y adolescentes aumenta, en particular en Estados Unidos (EE.UU.). Además y esto es muy grave, se trata de un consumo principalmente en indicaciones no autorizadas, es decir, ilegales. De ahí que sea conveniente evaluar la magnitud del riesgo de muerte súbita en esta población.

Los mismos investigadores que publicaron un estudio sobre muerte súbita en relación al consumo de antipsicóticos en adultos han examinado ahora este problema en la base de datos de Medicaid en Tennessee, en niños y adolescentes de cinco a 24 años de edad, entre 1999 y 2014.

Se realizó un estudio sobre muerte inesperada, debida a lesión externa o por suicidio, en niños y adolescentes.

La dosis de antipsicótico fue estratificada como alta o baja, según fuera superior o inferior al equivalente de 50 mg de clorpromacina.

Se incluyó en el estudio a 247.858 niños y adolescentes nuevos consumidores de psicofármacos. Se identificaron 28.377 personas tratadas con dosis bajas (edad media de 11,7 años, 32% chicas) y 30.120 (edad media de, 14,5 años; 39,2% chicas) con dosis altas, más 189.361 (edad media de 12 años, 43% chicas) que recibieron otros psicofármacos, que constituyeron el grupo control.

Más de un 60% de los componentes de los tres grupos había recibido un diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), trastorno de la conducta o de impulsividad.

Se contabilizaron los fallecimientos ocurridos fuera del hospital o en los primeros siete días de un ingreso hospitalario, durante el período de seguimiento del estudio, clasificados como debidos a lesión, suicidio o muerte inesperada.

La prevalencia de consumo de quetiapina fue de 7% en dosis bajas y de 34% en dosis altas; la del consumo de risperidona, por el contrario, fue de 66% en dosis bajas y 11% en dosis altas.

El grupo que recibió dosis altas tenía una distribución diferente de los diagnósticos de enfermedad mental, edad más avanzada, mayor prevalencia de ideación suicida y de antecedente de autolesión y mayor prevalencia de antecedente de ingreso hospitalario por enfermedad mental.

Esto es interesante conocerlo porque la tasa de mortalidad en el grupo de dosis alta fue de 40 muertes en 27.354 pacientes-año), significativamente mayor que la del grupo control que presentó 54,5 por 100.000. Esta diferencia fue principalmente atribuible a la mayor incidencia de muerte inesperada en el grupo de dosis alta, 76,8 por 100.000 y año en comparación con la del grupo control, 17,9 por 100.000 y año.

Una extrapolación de las diferencias de mortalidad indicaría unas ocho muertes inesperadas adicionales al año atribuibles a la prescripción de estos fármacos.

La mortalidad en los consumidores de dosis bajas no fue diferente de la registrada en el grupo control. Los autores concluyen que en niños y adolescentes el consumo de antipsicóticos se asocia a un aumento del riesgo de muerte inesperada, lo que confirma la necesidad de su prescripción prudente y de seguimiento del tratamiento.

En Cataluña, entre 2013 y 2018 más de 8.000 niños y niñas recibieron como mínimo una receta de un antipsicótico. La mayor densidad de consumo se registró en los chicos de 14 a 17 años. Dos terceras partes de las prescripciones fueron efectuadas por un psiquiatra y un tercio por un pediatra.

Un 30% de los chicos y un 14% de las chicas que iniciaron tratamiento con un antipsicótico entre abril y junio de 2017 habían recibido un fármaco para el TDAH en el año anterior. Un año después de la primera receta, un 78% de los que habían iniciado tratamiento seguía recibiendo un antipsicótico.

Atentos a lo que explica este psiquiatra colaborador de nuestro Bufete Almodóvar & Jara sobre la peligrosidad y poca utilidad de este grupo de tratamientos farmacológicos.

En nuestro despacho, especializado en daños provocados por tratamientos sanitarios, conseguimos hace unos años una importante sentencia judicial. El Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) condenó a la Administración pública aragonesa por la exclusión educativa de un joven afectado de autismo y con discapacidad severa. La sentencia reconoce la lesión de un derecho fundamental, a la educación, por parte de la administración aragonesa.

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