¿Estamos más gordos porque somos más tóxicos?

Existe relación causal entre el aumento de los químicos tóxicos ambientales (más bien serían industriales)  y el crecimiento de la frecuencia de la obesidad en la población. Muchas sustancias químicas sintéticas con las que nos relacionamos todos los días son los conocidos como “disruptores endocrinos” que interfieren con nuestro sistema hormonal, causando alteraciones en nuestro metabolismo. Lo hacen porque el cuerpo las acumula y las “confunde” con nuestras hormonas y pueden interferir con la regulación y conservación de la energía.

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal, tanto en seres humanos como en animales, responsable de múltiples funciones vitales como el crecimiento o el desarrollo sexual. Al imitar o alterar el efecto de las hormonas, los disruptores endocrinos pueden enviar mensajes confusos al organismo ocasionando diversas disfunciones. Entre ellas diabetes u obesidad.

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Paula Baille-Hamilton, profesora de la Universidad de Stirling (Escocia) especialista en toxicología y metabolismo, publicó en el Journal of Alternative and Complementary Medicine un artículo científico con el explicativo título de Chemical toxins: a hypothesis to explain the global obesity epidemic. Poco después, como cuenta El Confidencial bajo el título de Obesógenos: las sustancias que nos están haciendo engordar sin darnos cuenta, se acuñó ese concepto, obesógenos, para nombrar a estas sustancias químicas que contaminan el medio ambiente y acaban en nuestro cuerpo.

Entren los llamados disruptores (lo correcto en castellano sería denominarlos “rompedores”) endocrinos están el bisfenol A y los ftalatos. Ambos son sustancias sintéticas que se utilizan para ablandar los plásticos y hacerlos más manejables. Se encuentran en artículos tan diversos como jeringas y material sanitario como bolsas para guardar sangre o en chupetes y biberones.

Como en tantas ocasiones la contaminación nos entra por la boca. Sí, mediante la alimentación, cargada de pesticidas y otras químicos tóxicos. Es interesante leer el informe Comida disruptora, muy bien presentado y con datos concretos para buscar alternativas cotidianas.

Con acierto, en el reportaje de El Confidencial se afirma que aunque cada vez hay mayor evidencia de los daños de estos tóxicos las investigaciones chocan con industrias como la química o la alimentaria. Yo añadiría otra que es prima hermana de las primeras, la farmacéutica.

Bayer logoLas dos primeras pueden temer que una regulación más estricta de los tóxicos cotidianos les haga perder cuota de mercado pero la otra es que en muchos casos se beneficia de la medicación de enfermedades producidas por sus propios productos.

Estoy pensando por ejemplo en que otra dolencia al alza, la endometriosis, está relacionada con los pesticidas, que como explicamos son estrogénicos. Pues bien hay industrias como Bayer que al tiempo que producen pesticidas fabrican medicamentos para la endometriosis.

Cada cual que lo interprete como quiera.

3 Comentarios a “¿Estamos más gordos porque somos más tóxicos?”
  1. Churruflisquis

    Las hormonas que usan para engordar el ganado serían las primeras sospechosas. Bisfenol A y eftalatos tienen incidencia endocrina y dentro de la feminización que producen pueden alterar la proporción de grasa corporal ; pero no serían las primeras responsables de alteración metabólica en ese sentido . El sedentarismo, la comida grasa y azucarada, serían las causas principales. En mi opinión dentro de la sociedad de la abundancia, el vacío existencial que el individuo aislado trata de llenar con comida sería otro factor en el aumento las tasas de obesidad en la sociedad moderna.

    • Javier Herraez

      Lo del vacío existencial ya está explicado coherentemente con la medicina biológica donde ya se sabe que una de las causas de la obesidad es el conflicto de sentirse solo o desarraigo existencial. Pero las hormonas y productos hormonales así como medicamentos con acción hormonal influyen sobre todo además de en el cambio de la distribución grasa en un cambio de funcionamiento de la personalidad que puede favorecer la homosexualización u otros problemas: de ánimo incluso psiquiátricos.

  2. Nils Bergman

    Aquí en España hay un médico llamado Nicolás Olea que se ha ocupado de dar a conocer estas informaciones y afines en diversas conferencias.

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