Pacientes, industria, impacientes

Mi respetado abogado Francisco Almodovar realiza en su blog Reacciones Adversas a los Medicamentos un análisis sobre la influencia de la industria farmacéutica en las asociaciones de pacientes especialmente acertado. ¿Por qué interesa financiar a las asociaciones de pacientes? La industria lo tiene claro. Si apoya económicamente al movimiento asociacionista consigue:

-Reclutamiento fácil de pacientes para ensayos clínicos.

-Silenciar ciertas prácticas que no deben salir a la luz: Ej. Casos de RAM.

-Responsabilidad Social Corporativa = Marketing Social.

-Control de las opiniones de los pacientes.

-Firma de contratos de confidencialidad para recoger datos en la investigación, producción, comercialización y registro de nuevos medicamentos + otras prácticas.

-Desviar la atención, tratando de que el medicamento se erija como el mejor remedio en salud.

-Reforzamiento de lobbies para potenciar determinados criterios de definición de ciertas enfermedades, donde suelen haber varios medicamentos implicados, con gran potencial de venta y jugosos márgenes.

Léanlo que no tiene desperdicio pues por ejemplo trata sobre porqué los contratos entre laboratorios y asociaciones han de ser secretos. ¿Qué hay que ocultar?


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4 Comentarios a “Pacientes, industria, impacientes”
  1. Alvaro Herrera Brun

    La enfermedad iatrogénica clínica comprende todos esos estados clínicos en los cuales los remedios, los médicos o los hospitales son los agentes patógenos o “enfermantes”. El dolor y la invalidez provocados por el médico han sido siempre parte del ejercicio profesional. La dureza, la negligencia y la cabal incompetencia de los profesionales son formas milenarias de su mal ejercicio. Con la transformación del médico de un artesano que ejerce una habilidad en individuos a quienes conoce personalmente, en un técnico que aplica normas científicas a toda clase de pacientes, el mal ejercicio profesional adquirió un rango anónimo, casi respetable. Cabe preguntarse entonces ¿el médico posmoderno e hiper especializado tiene una visión correcta de lo que ocurre? ¿La medicina con todos sus avances tecnológicos sirve apenas para quien puede pagar muy bien por dichos servicios? Lo cierto es que una proporción creciente de la nueva carga de enfermedades de los últimos veinticinco años es en sí misma el resultado de la intervención médica en favor de personas que están enfermas o podrían enfermar, o sea son de origen médico o iatrogénico. En gran medida, la asistencia clínica contemporánea es incidental a la cura de la enfermedad, pero el daño causado por la medicina a la salud de individuos y poblaciones resulta muy significativo. Estos hechos son obvios, están bien documentados y son objeto de una fuerte represión mediática.
    La asistencia médica fútil pero inocua es el menor de los daños que una empresa médica infringe a la sociedad contemporánea. El dolor, las disfunciones, las incapacidades y la angustia resultantes de la intervención médica técnica rivalizan actualmente con la morbilidad debida a los accidentes del tráfico y de la industria, e incluso a las actividades relacionadas con la guerra, y hacen del impacto de la medicina una de las epidemias de más rápida expansión de nuestro tiempo. Sólo la malnutrición lesiona a más gente que la enfermedad iatrogénica en sus diversas manifestaciones. La enfermedad iatrogénica incluye sólo las enfermedades que no se habrían producido si no se hubiesen aplicado tratamientos ortodoxos y profesionalmente recomendados. Esta plétora de efectos secundarios terapéuticos el nombre de iatrogénesis clínica. Son tan antiguos como la medicina misma y siempre han sido objeto de estudios médicos. Los medicamentos siempre han sido potencialmente tóxicos, pero sus efectos secundarios no deseados han aumentado con su poder y la difusión de su empleo. El tratamiento médico de enfermedades inexistentes produce con una frecuencia cada vez mayor no-enfermedades incapacitantes. En un hospital tecnológico complejo, la negligencia pasa a ser un error humano aleatorio”, la actitud comercial se convierte en “desapego científico” y la incompetencia se transforma en “falta de equipo especializado”. La despersonalización del diagnóstico y la terapéutica hace que el ejercicio profesional impropio deje de ser un problema ético y se convierta en problema técnico. El paciente en las garras de la medicina contemporánea es sólo un ejemplo de la humanidad atrapada en sus técnicas perniciosas y se produce cuando la gente acepta la manipulación de la salud planeada a partir de un modelo mecánico, cuando se conspira con la intención de producir algo llamado “mejor salud” como si fuera un artículo de consumo. Esto inevitablemente da por resultado el mantenimiento manipulado de la vida en altos niveles de enfermedad subletal.
    La iatrogénesis ha llegado a ser médicamente irreversible, un rasgo inherente a la empresa médica. Los indeseables subproductos fisiológicos, sociales y psicológicos del progreso diagnóstico y terapéutico se han vuelto resistentes a los remedios médicos. Nuevos artefactos, procedimientos y formas de organización, concebidos como remedios para la iatrogénesis clínica y social, tienden ellos mismos a volverse agentes patógenos que contribuyen a la nueva epidemia.

  2. Que no nos tomen el pelo

    En algunos casos de asociaciones de pacientes la relación con la industria más que clara es transparente. Un ejemplo es la asociación ACCUDES (Asociación Contra el Cáncer de cuello de Útero de España). Esta asociación se creó de forma simultánea a la aprobación en España de las vacunas -Gardasil y Cervarix- contra el virus del papiloma o también denominadas contra el cáncer de cuello de útero, como lo indica la propia asociación en una carta al por entonces ministro de Sanidad, Bernat Soria (http://www.accudes.es/index2.php?contenido=795). Se supone que pacientes con tumor de cérvix había ya antes y también mujeres susceptibles de padecerlo, así es que no se entiende del todo como esta asociación no existía ya anteriormente y no creada hace tan poco tiempo y justo coincidiendo con la “inauguración” de las vacunas. Pero bueno, algunos seguirán creyendo en esta y otras muchas casualidades similares.

  3. Juan de la Cruz

    Esta más que demostrado que existe una compleja relación entre algunas asociaciones sin ánimo de lucro y las empresas a las que en teoría han de investigar, controlar, etc, por la finalidad principal de sus actividades.

    Uno de los casos más flagrante ha sido y es la financiación de Greenpeace por parte de miembros de la familia Rockefeller, los cuales son dueños de uno de los imperios empresariales mas contaminantes que existe, es decir el petrolífero.

    Puede que en teoria estas ONG con financiamiento directo sean asociaciones sin animo de lucro, pero a mi parecer lo que si que buscan es el lucro de sus integrantes, porque además la efectividad de sus acciones es muy limitada.

    Resultados poco eficaces a nivel global y financiación por parte de las empresas a las que en teoría han de “combatir”…, esto huele muy mal…

    La pregunta es… ¿si yo fuera una empresa que contamina o mis acciones directa o indirectamente perjudican a personas, controlar a quien me puede denunciar (ONG) no seria lo mas inteligente?

    No cuestiono a las ONG sino que mas bien lanzo un reflexión para darnos cuenta de la realidad.

    La infependencia es la clave, independencia hasta de subvenciones del estado…

    Saludos Miguel.

  4. Josep M (Barcelona)

    Está muy clara esta relación y constituye una línea de acción de la industria cada vez con más peso específico. Algunas asociaciones de pacientes han mostrado con contundencia su beligerancia con la administración exigiendo actividades terapéuticas y preventivas de más que dudosa evidencia científica, sin querer atender a razones (TDAH, Alzheimer, cáncer de cuello de útero…). La administración una vez más, prefiere pagar que hacer valer la razón enfrentándose, y ello es especialmente grave en este momento. Convendria hacer una auditoria por entidades solventes e independientes de las asociaciones de pacientes, como también de las ONGs, por poner dos ejemplos de los que, en principio, nadie desconfiaria.

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