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La falsa promesa de Bexsero: gonorrea, vacunas y lobby

La introducción de Bexsero, una vacuna contra el meningococo B, para prevenir la gonorrea en población con conductas de riesgo, está en entredicho. La decisión, tomada en junio de 2025, se basó en estudios observacionales que sugerían una posible protección cruzada entre ambas bacterias del género Neisseria. Ocho meses después, en febrero de 2026, un ensayo clínico aleatorizado australiano demostró que Bexsero es poco eficaz para prevenir la gonorrea.

El caso plantea preguntas incómodas: ¿quién asume la responsabilidad del descrédito generado? ¿Qué ocurre con las personas vacunadas que pudieron cambiar sus hábitos sexuales al creerse protegidas? ¿Estamos ante un ejemplo más de captura institucional por parte de la industria farmacéutica?

    Bexsero fue autorizada en Europa en 2013 para prevenir la enfermedad meningocócica invasiva causada por Neisseria meningitidis del serogrupo B. Su aprobación se basó en variables indirectas: la inducción de anticuerpos en suero, medida en laboratorio, no en efectividad clínica demostrada en condiciones reales.

    El laboratorio GlaxoSmithKline (GSK) argumentó que la baja incidencia de la enfermedad impedía realizar ensayos clínicos de efectividad, que es el estándar científico para comprobar si un medicamento funciona.

    En 2015, tras una intensa campaña de lobby, Bexsero abandonó el ámbito hospitalario y pasó a dispensarse con receta en farmacias. España se convirtió en el país del mundo con mayor gasto privado en esta vacuna.

    La alarma creada en los padres fue injustificada, especialmente cuando los datos epidemiológicos mostraban que la meningitis B había disminuido de forma notable en los últimos años: de una tasa de 25,25 por 100.000 habitantes en 1999 a 6,31 en 2017 en el grupo de 0 a 1 año.

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    En 2020, la Plataforma No Gracias denunció ante la Agencia Española de Medicamentos el uso ilegal de Bexsero fuera de las indicaciones de su ficha técnica. La denuncia señalaba que expertos y asociaciones científicas con intensos conflictos de interés contradecían las recomendaciones oficiales del Ministerio de Sanidad mediante estrategias de propaganda basadas en la exageración de la efectividad y la construcción del pánico.

    Como documentan estos profesionales, la Asociación Española de Pediatría recibió 668.000 euros de la industria de las vacunas; la Asociación Española de Vacunología, 341.000 euros; la SEPEAP, 140.000 euros; y la AEPAP, 64.000 euros. Esta financiación no invalida sus posiciones, pero sí obliga a leerlas con cautela.

    La hipótesis de la protección cruzada frente a gonorrea

    La idea de que Bexsero pudiera proteger contra la gonorrea surgió de la similitud genética entre N. meningitidis y N. gonorrhoeae, que comparten entre el 80% y el 90% de su genoma.

    Un estudio observacional en Nueva Zelanda (Petousis-Harris et al., 2017) encontró que una vacuna anterior contra meningococo B se asociaba con una reducción aproximada del 31% en el riesgo de gonorrea.

    Estudios posteriores mostraron resultados variables. Una revisión sistemática publicada en 2024 estimó una efectividad combinada del 32,4% tras al menos una dosis. Sin embargo, estos resultados procedían de estudios observacionales, donde la asociación estadística no equivale a causalidad.

    En palabras de los investigadores del ensayo GoGoVax australiano: «los resultados de estudios observacionales previos pueden verse afectados por factores de confusión».

    En mayo de 2025, la Consellería de Sanidad de Galicia anunció que sería «el primer sistema sanitario del Estado» en ofrecer Bexsero para prevenir la gonorrea. La decisión se justificó en que la incidencia de gonorrea en Galicia había cuadriplicado la de 2020, alcanzando 1.087 casos en 2023, la cifra más alta en 30 años.

    El argumento técnico era la «protección cruzada» debida a la composición de la vacuna y la homología genética del 90% entre ambas bacterias. La campaña se dirigió a personas de 18 a 65 años con diagnósticos recientes de ITS, antecedentes de infecciones múltiples, conductas de riesgo como chemsex o situación de prostitución.

    La noticia se difundió masivamente en todos los medios españoles con titulares casi idénticos: «La sanidad gallega es la primera del mundo en ofrecer la vacuna de la meningitis Bexsero para prevenir la gonorrea». Federico Martinón, médico y líder de opinión en vacunas que declaró haber recibido casi 150.000 euros anuales de la industria, afirmó: «Si la estrategia vacunal es efectiva, otros países nos seguirán».

    El ensayo GoGoVax: la evidencia que faltaba

    En febrero de 2026 se publicaron los resultados del ensayo clínico aleatorizado GoGoVax, financiado con fondos públicos australianos. El estudio comparó la incidencia de gonorrea en hombres homosexuales y bisexuales con antecedentes de infección que recibieron Bexsero frente a placebo durante 21 meses.

    Los resultados fueron contundentes: la incidencia de gonorrea fue prácticamente idéntica en ambos grupos (48,1% en el grupo Bexsero vs 47,8% en placebo). La eficacia general de la vacuna fue negativa: -0,5%.

    La Dra. Kate Seib, investigadora principal, declaró: «Estos dos estudios proporcionan evidencia sólida de que la vacuna 4CMenB no es eficaz para prevenir la gonorrea en hombres con alto riesgo de contraerla». El Dr. Andrew Grulich añadió: «Un ensayo clínico controlado aleatorizado realizado correctamente proporciona la evidencia más sólida posible de una relación causal».

    El caso Bexsero ilustra varios problemas estructurales del sistema sanitario español:

    Captura del regulador. La estrategia utilizada con Bexsero se basa en la redefinición de la enfermedad y la alarma social, desplazando el proceso de toma de decisiones del ámbito institucional al clínico y familiar. GSK consiguió suplantar de facto a la Administración sanitaria.

    Conflictos de interés. Las asociaciones médicas que promovieron activamente el uso de Bexsero fuera de sus indicaciones recibieron cientos de miles de euros de la industria. Como señalan desde No Gracias, «lo lamentable no es solo que la industria busque beneficios económicos sino que expertos y asociaciones científicas colaboren de buen grado en estas campañas de propaganda«.

    Evidencia débil. La efectividad de Bexsero contra meningitis B sigue siendo una hipótesis no demostrada empíricamente en términos de reducción de mortalidad y morbilidad. La aprobación se basó en que la elevación de anticuerpos reduce enfermedad, algo no confirmado. Como concluyó el grupo EVALMED, la vacuna ofrece «mínimas evidencias de efectividad clínica» basadas en un solo estudio retrospectivo

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    Comunicación irresponsable. Los medios amplificaron sin matices el mensaje de «la gonorrea tiene prevención: la vacuna de la meningitis».

    Cuando la percepción de riesgo se exagera y la expectativa de beneficio se presenta como más sólida de lo que es, la decisión sanitaria deja de apoyarse en evidencia.

    Daño real a personas vulnerables. La población diana de esta campaña eran personas con conductas de riesgo que pudieron creer en la eficacia de la vacuna y modificar sus comportamientos preventivos.

    Ese daño es difícil de cuantificar pero muy real.

    El patrón Bexsero: de Andalucía a Galicia

    Este no es el primer episodio problemático de Bexsero en España. La vacuna se introdujo primero en Andalucía mediante prescripción privada masiva, generando presión social hasta forzar su inclusión en el calendario público estatal «por razones de equidad». Ahora Galicia la utilizó para un uso no autorizado basándose en evidencia preliminar.

    El afán pionero cumple bien el plan de introducción de vacunas: se emplea una comunidad como «cebo» y las demás van cayendo como fichas de dominó. Son estrategias comerciales bien apoyadas por lo que algunos llaman «Pediatría Comercial».

    El caso Bexsero enseña que en salud pública no basta con que una intervención sea tecnológicamente interesante; tiene que ser clínicamente útil, comunicativamente honesta y políticamente prudente. Las vacunas no son medicamentos cualquiera: se administran masivamente a población sana. Por eso requieren una evaluación especialmente rigurosa.

    La ciencia avanza por aproximaciones sucesivas. Los hallazgos preliminares deben presentarse como tales, evitando generar falsas certezas. Cuando se saltan esos pasos, se abre la puerta al tecnopopulismo vacunal: una mezcla de ciencia, propaganda y presión institucional que acaba presentándose como sentido común.

    El resultado final es previsible: grandes ventas para la industria, descrédito para las vacunas y daño potencial a quienes confiaron en una protección que nunca existió.

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