Bayer bajo sospecha: glifosato, fósforo blanco y guerra en Líbano
El conglomerado químico y farmacéutico alemán Bayer vuelve a situarse en el centro de la polémica internacional tras la publicación del informe conjunto “Cartographies of Destruction: Israel’s War Against Lebanon”, elaborado por Coordinación contra los peligros de Bayer (CBG) y Médico International.
La investigación sostiene que existe una conexión entre Bayer —tras la adquisición de Monsanto en 2018— y el suministro o la cadena de producción de sustancias como el glifosato y componentes relacionados con el fósforo blanco presuntamente utilizados por el ejército israelí en el sur del Líbano.
Aunque la empresa ha negado haber suministrado directamente estos productos a fuerzas militares, el informe apunta a vínculos indirectos a través de la producción industrial y cadenas globales de materias primas.
El contexto en el que surge esta investigación es especialmente delicado. Diversas organizaciones internacionales han documentado el uso de fósforo blanco en zonas pobladas tanto en Gaza como en el sur del Líbano desde octubre de 2023.
Human Rights Watch verificó su uso en al menos 17 municipios libaneses. Mientras que Amnesty International denunció su empleo en Gaza, señalando posibles violaciones del derecho internacional humanitario.
El New York Times publicó en junio de 2026 material visual que refuerza estas acusaciones, mostrando explosiones aéreas y dispersión de material incendiario en áreas civiles.
Herbicida muy tóxico
El informe también destaca niveles anómalos de glifosato en suelos del sur del Líbano —entre 20 y 30 veces por encima de lo habitual— según el Ministerio de Agricultura libanés. Este herbicida, ampliamente utilizado en agricultura, ha sido clasificado como “probablemente carcinógeno” por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, 2015).
El Ministerio de Medio Ambiente del Líbano llegó a calificar la situación como un “ecocidio”, estimando daños por valor de 25.000 millones de dólares.
Para comprender la sensibilidad que rodea a Bayer en este tipo de acusaciones, es imprescindible retroceder a su historia. Fundada en el siglo XIX, Bayer se convirtió en una de las principales compañías químicas del mundo y, en 1925, pasó a formar parte del conglomerado IG Farben, junto a otras empresas como BASF y Hoechst. IG Farben fue uno de los pilares industriales del Tercer Reich, colaborando estrechamente con el régimen nazi.
Durante el nazismo, IG Farben —y sus filiales, incluida Bayer— estuvieron implicadas en graves crímenes. El conglomerado produjo Zyklon B, un pesticida utilizado en las cámaras de gas de campos de exterminio como Auschwitz, donde fueron asesinadas aproximadamente 1,1 millones de personas, la mayor parte judíos.
Además, existen pruebas documentadas de experimentación médica en prisioneros de campos de concentración. Bayer, en concreto, financió y participó en ensayos clínicos forzosos con fármacos en internos de Auschwitz, Dachau y Buchenwald.
El caso del médico de las SS Helmuth Vetter es paradigmático: trabajó en colaboración con Bayer probando medicamentos en prisioneros, lo que le llevó a ser condenado por crímenes de guerra en los Juicios de Núremberg.
Asimismo, directivos de IG Farben, como Fritz ter Meer —implicado en la construcción del complejo industrial de Auschwitz-Monowitz—, fueron juzgados; sin embargo, tras cumplir condenas relativamente breves, algunos regresaron a puestos de poder en empresas como Bayer en la posguerra.
Tras la disolución de IG Farben por las potencias aliadas, Bayer fue reconstituida como empresa independiente y llegó a convertirse nuevamente en un gigante global.
Sin embargo, historiadores y críticos han señalado durante décadas que la compañía tardó en asumir plenamente su responsabilidad histórica y en reparar a las víctimas de los crímenes cometidos bajo el paraguas del conglomerado nazi.
En tiempos más recientes, Bayer ha estado envuelta en múltiples controversias sanitarias y legales, muchas de las cuales han sido ampliamente documentadas, en parte por mí (en mi primer libro, Traficantes de salud (2007).
Uno de los casos más conocidos es el del herbicida Roundup, basado en glifosato y desarrollado originalmente por Monsanto. Tras la compra de Monsanto por Bayer en 2018, la empresa heredó miles de demandas en Estados Unidos de personas que alegaban haber desarrollado cáncer, especialmente linfoma no Hodgkin, por exposición al producto.
En 2020, Bayer acordó pagar más de 10.000 millones de dólares para resolver gran parte de estos litigios, aunque sigue defendiendo la seguridad del glifosato cuando se usa correctamente.
Los medicamentos peligrosos de Bayer
Bayer ha quedado marcada por varios medicamentos polémicos que se convirtieron en símbolo de sus problemas de seguridad. Uno de los casos más graves fue Lipobay/Liposterol (cerivastatina), retirado en 2001 tras asociarse con casos de rabdomiólisis y muertes.
También destaca Baycol, nombre con el que se comercializó en algunos mercados, y que acabó ligado a miles de demandas por daños graves. Otro producto muy conocido es Xarelto (rivaroxabán), un anticoagulante eficaz pero rodeado de controversias por hemorragias y efectos adversos.
En la lista de fármacos vigilados también aparecen Kerendia, Xofigo y Vitrakvi, que requieren seguimiento adicional por sus riesgos. A esto se suman anticonceptivos como Yasmin, Qlaira, Mirena y Kyleena, todos ellos discutidos por posibles efectos secundarios.
Podéis encontrar info de todo esto en este mismo blog. En mis escritos, Bayer no aparece solo como una marca farmacéutica, sino como un ejemplo de cómo la industria puede anteponer negocio y expansión a la cautela.
Por eso, cuando se habla de Bayer, no se habla únicamente de innovación médica, sino también de medicamentos que dejaron una larga estela de polémicas. Casos como cerivastatina o rivaroxabán muestran que la seguridad del paciente no siempre va por delante del interés comercial.
Y esa es precisamente la crítica de fondo: una empresa poderosa, varios fármacos conflictivos y demasiadas dudas sobre sus consecuencias. Esa empresa que se lucró con el nazismo hoy parece que facilita el genocidio de Israel en Palestina… No sé qué pensáis.
Las guerras de la industria química
En este contexto, la nueva investigación sobre el posible vínculo entre Bayer y el uso de sustancias como glifosato o fósforo blanco en conflictos armados se inserta en una narrativa más amplia de escrutinio hacia las grandes corporaciones químicas.
No obstante, es importante distinguir entre distintos niveles de responsabilidad: la producción de materias primas, la venta directa a actores militares y el uso final en operaciones bélicas son eslabones diferentes en una cadena compleja y globalizada.
Hasta la fecha, no existe consenso internacional ni pruebas concluyentes que demuestren que Bayer haya suministrado directamente fósforo blanco para uso militar en Líbano o Gaza. Las acusaciones se centran más bien en vínculos indirectos dentro de cadenas de suministro industriales. La propia empresa ha negado implicación directa, aunque no ha aclarado completamente todos los aspectos señalados por los investigadores.
Lo que sí es indiscutible es que el uso de armas incendiarias como el fósforo blanco en zonas civiles está fuertemente cuestionado por el derecho internacional, y que el empleo de sustancias químicas con potencial impacto ambiental masivo plantea graves dilemas éticos y legales.
En paralelo, la historia de Bayer dentro de IG Farben sigue siendo un recordatorio de cómo la industria puede participar en sistemas de violencia cuando no existen controles adecuados.
El debate actual, por tanto, no solo gira en torno a una investigación concreta, sino a cuestiones más amplias: la responsabilidad corporativa en conflictos armados, la trazabilidad de productos químicos en cadenas globales y la necesidad de mecanismos internacionales eficaces para prevenir abusos (ayer se exterminaba a judíos en campos de concentración nazis con productos de Bayer y parece que hoy se hace en Palestina y Líbano por parte de las víctimas de los nazis en el pasado).
También reabre la discusión sobre memoria histórica y rendición de cuentas, especialmente en el caso de empresas con un pasado vinculado a crímenes de guerra.
