Nuevos y graves daños sexuales por fármacos antidepresivos o crecepelos (finasterida)

El catedrático emérito de Farmacología, Joan-Ramon Laporte, ha publicado un libro titulado «Crónica de una sociedad intoxicada«.

En esa entrevista cuenta cosas como que sufrimos una epidemia silenciosa de efectos adversos a los medicamentos que en España son causa de más de medio millón de ingresos hospitalarios y, ¡como mínimo, 16.000 muertes al año!

Conocí a Laporte hace 23 años, cuando yo empezaba a investigar los daños provocados por fármacos y a la industria farmacéutica. Me están enviando su libro para entrevistarle en migueljara.tv Es una de las personas que más sabe sobre este tema y ha sido pionero en sacarlo a la luz.

Un ejemplo es lo que cuenta sobre la disfunción sexual causada por los fármacos que se recetan para la depresión; puede durar años, y es algo que se conoce poco. 

A ADAF, la Asociación de Afectados por Fármacos, nos están llegando muchos casos, algunos de los cuales ya los citaba el equipo de Laporte en el boletín del Instituto Catalán de Farmacología, en concreto en su artículo titulado Disfunción sexual persistente: antidepresivos, finasterida y retinoides.

Y es que varios grupos de fármacos pueden afectar la función sexual: antihipertensivos, antidepresivos, antipsicóticos y antiandrógenos, entre otros. ¿Cómo? Pues pueden afectar el deseo, la excitación o el orgasmo.

La falta de deseo, la falta de lubricación en mujeres, la disfunción eréctil y la eyaculación prematura o ausente en hombres, la anorgasmia y el dolor en los genitales afectan a paciente y pareja. Generalmente, este efecto adverso desaparece al retirar el consumo del fármaco.

Pero en algunos pacientes estos síntomas pueden persistir, incluso años tras la suspensión del tratamiento.

El problema es conocer bien la incidencia, porque se confunde con síntomas de depresión o de ansiedad, que tienen una relación evidente con la sexualidad.

Como indica el artículo que nos ocupa:

«Se debe considerar el diagnóstico cuando el o la paciente describe que el problema no existía antes de iniciar el tratamiento, que todavía persiste después de la remisión de la depresión y la retirada del fármaco, y que no hay otros problemas físicos relacionados con la disfunción sexual».

Es más, entre los daños documentados se habla de un trastorno persistente de la excitación genital (persistent genital arousal disorder, PGAD). Este se ha descrito casi exclusivamente en mujeres.

Se caracteriza por una excitación genital no deseada en ausencia de sensación de deseo sexual. A veces es dolorosa, puede durar horas o incluso días, y normalmente no remite después de un orgasmo.

Las pacientes describen los síntomas como angustiantes e intrusivos. Se ha registrado durante el tratamiento con algunos de los antidepresivos más usados: fluoxetina, sertralina, paroxetina o citalopram.

Se ha descrito también, en hombres y mujeres, un cuadro similar, que se ha denominado síndrome de los genitales inquietos (restless genital syndrome, RGS). Cursa con malestar, dolor, entumecimiento, vibración, agitación o sensación de quemazón en la vagina, el periné, la pelvis o el pene.

Síndrome postfinasterida

Y mención aparte merece el llamado síndrome postfinasterida. La finasterida es un fármaco para el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata (HBP) cuya marca más conocida es Propecia, que se usa también para la alopecia androgénica en hombres (la calvicie), con una eficacia modesta en ambas indicaciones.

Foto de Brett Sayles.

Estos fármacos inducen pérdida del deseo y disfunción eréctil. En ensayos clínicos en pacientes tratados con finasterida, se ha descrito impotencia (5-10%), trastorno de la eyaculación (3-5%) y disminución de la libido (6-7%).

En algunos sujetos estos efectos adversos sexuales han sido persistentes, incluso tras suspender el tratamiento. Y cuanto más dura el tratamiento, peor, menos se pone dura (si me permitís el comentario).

Hace años que algunas agencias de medicamentos informan de estos efectos: la sueca en 2008, la británica en 2009 y la estadounidense en 2012. Pero en España permanece oculto… de momento.

Si tiene algún problema con estos tratamientos contacte con ADAF, la Asociación de Afectados por Fármacos.

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