Una sociedad médica documenta que la efectividad de las vacunas Covid desaparece rápido

Se ha publicado un informe del Grupo de Vacunas de la Red Española de Atención Primaria (REAP) sobre efectividad de las vacunas Covid-19. Su conclusión es que es menor de la esperada. Y sin entrar en el espinoso asunto de la seguridad. Os lo resumo.

¿Cuál es la efectividad real de estas vacunas? Pues según la REAP, estas vacunas se asocian a una cierta disminución de hospitalizaciones y muertes por Covid-19 en los vacunados, pero en conjunto el descenso de la inmunidad postvacunal es bastante rápido en la población.

Esto pone en duda la calidad de dichas vacunas y aboca a la población a refuerzos reiterados de vacunación (en espera de vacunas de mejor calidad).

La excepcionalidad de la pandemia ha condicionado que la aprobación de las vacunas contra el SARS-CoV-2 se haya basado en muchos casos en ensayos clínicos con limitaciones metodológicas o que se hayan saltado y/o solapado etapas y que hayan recibido de las agencias reguladoras de fármacos una autorización de emergencia.

Ésta condicionada a los datos de beneficios y daños, no disponibles en el momento de la autorización, pero que se esperan obtener de la población a la que se va a vacunar a lo largo de un año.

Sin conocer bien los daños por efectos adversos (que son mucho más problemáticos de probar a corto, medio y largo plazo), sólo contamos con escasos datos sobre eficacia (beneficios en condiciones de ensayo clínico) a corto plazo. Esto es así porque se autorizaron tras finalizar los ensayos clínicos en períodos de observación de uno a tres meses.

En Israel se implantó un “pasaporte de vacunación”, que en la actualidad se considera caducado a los seis meses de la segunda dosis de la vacunación; es decir, se considera inútil la vacuna a los seis meses de la misma y se exige la dosis de recuerdo.

Otros países (Chile, Seychelles, Uruguay, etc), en que se inició muy pronto la vacunación, han tenido brotes de Covid-19 similares a los de Israel. Destaca el mes de octubre de 2021 en Reino Unido, con incremento de casos, hospitalizaciones y muertes. En todos estos países ha habido una asociación entre la vacunación y la presentación de un brote intenso.

Las decisiones de revacunación, habitualmente a los seis meses, implican la aceptación por la vía de los hechos de una efectividad vacunal que decae fuertemente con el paso de los meses. No hace falta destacar el problema de que supone volver a re-vacunar a la Humanidad, sin ninguna seguridad de si esta tercera dosis será suficiente para mantener la inmunidad por años.

Hay resultados publicados por la Agencia de Salud Pública del Reino Unido, de la semana 42, que demuestran un incremento de los casos de infección entre los vacunados, en comparación con los no vacunados.

Esto podría interpretarse como menor habilidad de defensa ante el SARS-CoV-2 cuando decae la inmunidad artificial generada por la vacuna.

Es clave que se siga estudiando la efectividad en estudios de calidad, como en Suecia, donde se ha demostrado que para prevenir la infección a los cuatro meses no tiene ya efecto la vacuna AstraZeneca, es de menos del 50% con la vacuna Pfizer y es menos del 60% con la de Moderna.

A los siete meses es indetectable protección alguna para la infección con Pfizer. Contra la Covid-19 grave y muerte, la protección cae al 42% a los seis meses y es menor para varones y pacientes frágiles.

Conclusión: existe cierta utilidad de estas vacunas para evitar hospitalizaciones y muertes pero se documenta baja duración de la efectividad de estos productos. Y es imposible estar revacunando constantemente a toda la población mundial, dado el coste y las complicaciones logísticas.

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