El caso Phonegate demuestra que se ocultan datos sobre la seguridad de los teléfonos móviles

Durante estos días de fiestas navideñas con seguridad uno de los objetos más regalados es el teléfono móvil. La mayoría de nosotros no somos conscientes de que nuestros teléfonos emiten campos electromagnéticos y no se nos ocurre pensar que esto supone un riesgo para la salud. En Francia ha habido un escándalo mayúsculo al descubrirse que las compañías fabricantes de móviles ocultan las emisiones de sus aparatos.

Cuando vas a la tienda a comprar un móvil normalmente te interesas por cuestiones técnicas como la memoria o el tipo de pantalla que garanticen un mejor uso y que el dispositivo no se quedará obsoleto en poco tiempo. Uno de los aspectos que sin embargo no suele tenerse en cuenta es el nivel de radiación que emitirá el teléfono.

Si preguntas al dependiente te mirará extrañado y seguramente te dirá que el aparato cumple con las normas de seguridad. Si lees los manuales de instrucciones podrás encontrar algunas recomendaciones que seguramente te sorprenderán, como la de usar un kit manos libres, mantener el teléfono a uno o dos centímetros de tu cuerpo o si tienes un marcapasos que debes mantenerlo al menos a 20 centímetros de distancia cuando esté conectado a una red inalámbrica.

El motivo por el que existen estas extrañas recomendaciones es que estos aparatos emiten campos electromagnéticos y hay unas normas de seguridad que las empresas de teléfonos móviles tienen que cumplir.

Un artículo de Carlos Álvarez Berlana, de la Asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud nos lo explica:

Las empresas de teléfonos han estado pasando las pruebas de seguridad en unas condiciones que no reproducen las situaciones reales de uso. Muchas personas no saben que están recibiendo más radiación de sus teléfonos móviles que la marcada por la normativa.

Para evitar los daños que la radiación de microondas pueda hacer a nuestro organismo existen unos baremos para la intensidad según la tasa SAR –tasa de absorción específica-, que es un índice que mide el grado de calentamiento por cada kilogramo en relación a la distancia y la potencia de emisión del dispositivo.

El límite fijado para el público en general en la Unión Europea (UE) es de dos watios de energía por cada kilogramo de peso”.

En fechas recientes, sobre todo a través de la página Environmental Heath Trust de la exasesora científica de Clinton, Devra Davis y del blog que abrió para la ocasión el médico Marc Arazi, hemos tenido acceso a las informaciones en relación a lo que se ha etiquetado como Phonegate.

El término sirve para hacer paralelismo con el escándalo Dieselgate, en el que se descubrió que la compañía Volswagen había estado haciendo trampas en las pruebas de emisiones de vehículos diesel. En el caso Phonegate, sin embargo, nos encontramos con que no una, sino la totalidad de empresas fabricantes de móviles han realizado prácticas fraudulentas para pasar las pruebas de seguridad con el beneplácito de las autoridades y que además han estado ocultando información sustancial a los usuarios.

Desde 2012 la Agencia nacional de frecuencias de Francia (ANFR) viene realizando pruebas de SAR a un buen número de teléfonos móviles disponibles en el mercado. Los resultados de estas pruebas no se habían publicado.

En junio de 2016, la Agencia nacional para la seguridad alimentaria, medioambiental y en el trabajo (ANSES) del país galo, presentó un informe sobre la exposición de la infancia a las radiofrecuencias en el que concluye que este tipo de contaminación puede afectar al bienestar y la función cognitiva de los niños, que deben reconsiderarse los límites de exposición y que los métodos actuales de prueba de la SAR deben ser reevaluados para garantizar el cumplimiento de los límites reglamentarios en todas las condiciones de uso.

Este análisis elaborado por la ANSES contó con la información de las investigaciones realizadas por ANFR sobre la SAR de los teléfonos móviles, ante lo cual algunos sectores solicitaron que se hicieran públicos los resultados de dichas pruebas. Finalmente, tras un requerimiento judicial a instancias del médico Marc Arazi, la agencia ANFR liberó los resultados en su página web en junio de 2017.

Según la investigación de ANFR, un 89% de los 166 modelos estudiados entre 2012 y 2015 superaban la SAR de 2W/kg en las posiciones de contacto. A pesar de ello, los aparatos eran legales porque la reglamentación les permitía pasar las pruebas a distancias de hasta 2,5 cm (cuanto más alejado esté el móvil de nuestra oreja menos contaminación recibimos).

Esta situación en la cual las pruebas sobre la tasa SAR no se han realizado en condiciones realistas de uso es la que venía a denunciar ANSES en su informe de 2016. El fenómeno ya había sido puesto de manifiesto por expertos como el profesor Dariusz Leszczynski,

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señalando que muchos usuarios que llevan el móvil encendido en el bolsillo o hablan con el teléfono pegado a la oreja están recibiendo más radiación de la recomendada por los límites legales.

¿Significa lo anterior que si se cumplen las distancias de seguridad o si se cambia la normativa para obligar a las empresas de teléfonos a cumplir los límites en todas las condiciones de uso podrán los usuarios considerarse seguros? Como explica en su artículo Álvarez:

Hay que responder que algunos científicos están diciendo que la tasa SAR no es una medida adecuada de protección y que hay efectos biológicos adversos que se producen por debajo de los límites fijados. Por otro lado, hay un importante número de investigadores que están denunciando que los actuales niveles de radiación que está recibiendo la población son excesivos.

Al menos sería de esperar que las pruebas de seguridad se realizasen en condiciones similares a las de uso y que los consumidores tengan información clara acerca de los riesgos y de las medidas a tomar frente a los mismos”.

Os dejo un vídeo con sencillos consejos para usar el móvil con más seguridad:

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