La impunidad farmacéutica

Este viaje es un tanto lúgubre pero muy necesario para cambiar el rumbo del bienestar en salud de los ciudadanos en el futuro. Así comienza un artículo de mi amigo el abogado especializado en derecho farmacéutico Manuel Amarilla.

El escrito, que yo les resumo, continúa con un tono duro, quizá excesivo, pero lo que escribe Amarilla son verdades como puños:

La estafa política, social y legal montada en torno a los ciudadanos de a pie es alarmante, y nos vamos a tener que rebelar de una puñetera vez, si queremos sobrevivir o, en su defecto, vivir para contarlo. Por otro lado, la mayoría de los ciudadanos tienen la culpa, por traidores y colaboradores, eso que quede clarito.

Esta nueva revolución –como todas- no va a ser fácil llevarla a cabo con éxito, pues ya lo dice Javier Marías: “Es como si cada vez más gente apoyara a delincuentes y quisiera ser gobernada por ellos”.

(…)

A donde quiero ir a parar es a que nos vamos desangrando y degradando poco a poco en nuestra vida diaria, porque somos cada vez más como los seres a los que premiamos en las urnas para que nos gobiernen, es decir, fantoches, matones, bribones, gangsters, bestias pardas y dictadores. ¡La estamos cagando!

A pesar de esta cruda realidad, y aunque no todo el personal se lo merezca, como hoy estoy absurdamente animado y desinteresado, os voy a echar una mano en un temita muy concreto e interesante como es el de las muertes por los fármacos que tomamos -por si le sirve a alguien-. Caen como chinches, aunque el número es desconocido o secreto en la actualidad, porque así interesa a casi todo el mundo.

Para que nos vayamos haciendo idea de la magnitud del problema general de muertes causadas por fármacos, se ha hecho público el día 3 de este mes de marzo en Viena, el Informe Anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), que dice:

“En los últimos 10 años, las muertes por un consumo excesivo de medicamentos han aumentado considerablemente, superando en algunos países al número de fallecimientos por sobredosis con drogas ilegales. Esta grave situación ha merecido escasa atención hasta que la muerte de varios artistas prominentes se relacionó con el abuso de medicamentos de venta con receta”.

Siendo muy interesante el caso del ya difunto Michael Jackson (que llevaba toda su vida jugando con fuego-blanco hasta que se quemó), me preocupa -y debería preocuparnos más, por nuestra salud-, la situación de los que han palmado y seguirán palmando a causa de la teórica ingesta normal de fármacos sin voluntad personal de extinción, y de los que nunca más se supo ni se sabrá.

No hace falta ir muy lejos ni ser un genio, para saber que el grave problema lo tenemos cerquita, en nuestra vida diaria, aunque a muchos no les interesa que lo veamos. Hay “Beaucoup de Money Price” en juego. En caló, mucho parné.

Joan-Ramón Laporte, que es un “crack” en esto y lleva años avisando y pegando tiros al aire a los que casi nadie hacía caso y que ahora empieza a estar de moda (aunque ha molestado siempre mucho a la industria multinacional farmacéutica), nos orienta con algunas perlas cautivadoras en una reciente entrevista:

“La aspirina es el medicamento que más gente ha matado, porque es el fármaco que más se ha tomado y la percepción de su riesgo está distorsionada.

Cada medicamento tiene su peaje de efectos indeseados. La Agencia Europea del Medicamento calcula que cada año fallecen en Europa 197.000 personas a causa de efectos adversos. En EE.UU. los efectos adversos son la cuarta causa de muerte, detrás del infarto de miocardio, el ictus y el cáncer.

Si la toma o la prescripción del medicamento fuera más atenta a los riesgos que conlleva, se calcula que se podría evitar entre un 65% y un 75% de estas muertes”.

Descrito esto y todo lo anterior, y la tremenda realidad que se impone, la pregunta del millón de dólares debería ser: Entonces ¿por qué no hay nadie en la cárcel por estas muertes tan numerosas, descaradas e intencionadas, en ocasiones?

Cumpliendo con lo prometido anteriormente en este artículo, desvelaré que la razón principal se debe a que no se realizan autopsias a ningún finado –por suicidio o no-, con el fin de conocer si la causa de la muerte se debe a un fármaco, o a varios, de los llamados legales. En el mejor de los casos se hacen para averiguar si ha sido por drogas ilegales, y si no es así, se queda el personal totalmente tranquilito.

El mecanismo es muy simple, los jueces y fiscales (funcionarios de postín) nunca piensan que otros compañeros suyos de otros ámbitos –como, por ejemplo, los que trabajan en las agencias de medicamentos-, a veces se equivocan , aprobando medicamentos que no hubieran debido aprobar y que van originar muchas muertes.

Estas graves equivocaciones, la mayoría de las veces no son intencionadas, pero en ocasiones sí, y también interesadas, lo cual es mucho más preocupante, ya que pueden llegar a ser, incluso, actuaciones delictuosas que tristemente pasan desapercibidas por muchas razones, que voy brevemente a tratar de explicar.

El escenario habitual de nuestro teatro funciona bajo el paradigma universal de que todo fármaco aprobado no tendrá efectos adversos graves o gravísimos, y que nadie será culpable si esto ocurriera, aún no debiendo ser puesto en el mercado.

Si esto pasa, la industria farmacéutica se exime de culpa porque los medicamentos los han aprobado las agencias -aunque ellas las hayan engañado intencionadamente ocultando los efectos adversos que ya conocían-. Los funcionarios se van de rositas porque desconocían el hecho, y las leyes actuales no les exigen responsabilidad civil ni penal derivada de su negligente actuación profesional. Los médicos no quieren saber nada aunque hayan avalado, con su prescripción falsa y engañosa, esta realidad desconocida para ellos, y los farmacéuticos -salvo excepciones-, se limitan a vender la mercancía que los otros le han facilitado. Este es el circo tradicional hasta ahora.

En consecuencia, cuando se origina un caso así -que debiera tener una consideración penal para quienes lo han cometido, amparado, avalado y facilitado-, se produce una amnistía automática para los autores, se entierra rápidamente el suceso y todos tan contentos. ¡Menos trabajo para la justicia! La culpa la tiene el ciudadano por su apatía e ignorancia general, en todos los sentidos y en este mucho más. El progreso y la industrialización además lo justifican todo. Lo vemos a diario en nuestras vidas.

Si se producen muchas muertes de abuelitas o daños graves en su salud, se les dará a los herederos una pequeña indemnización colectiva como ha ocurrido ya tantas veces. Sólo por mencionar unos episodios concretos en ambas modalidades, el de los dializadores de la multinacional Baxter o Agreal de Sanofi-Aventis. ¿Alguien se acuerda de estos? Los seguros están concebidos para lograr la exculpación de los culpables y dar, a los perjudicados, limosnas miserables que normalmente se aceptan por no haber otro remedio o miedo a litigar.

Esta trágica “milonga del desarrollo” nos está enterrando impunemente a todos.

Más info: En los libros Traficantes de salud y La salud que viene.

10 Comentarios a “La impunidad farmacéutica”
  1. Carlos

    Rosa, muy de acuerdo. La Homeopatía Unicista Hahnemaniana es un buen recurso. Consulta con un buen homeópata en tu ciudad y verás que es posible ser “dueño” de tu energía vital, al servicio de tu bienestar, sin tomar una sola pastillita de la felicidad. Que por otra parte, se ahorraría el herario público de pagar a estafadores de poca monta Multis, Laboratorios, intermediarios y “expertos en salud” que nos aconsejan desde la pantalla de la TV.
    Saludos a todos.

  2. Rosa

    Me ha sorprendido tan brillante exposición de la realidad con la excesiva medicalización de la sociedad y a la vez lo irrespetuoso de la industria farmacéutica, haciendo alago de sus productos en anuncios que le venden y le vendan (de vendar) “una vida feliz” gracias a sus productos incluso en alguno llega a parecer que así eres dueño de tu vida, gracias a ellos.
    Viendo como los cuerpos cada día son más frágiles gracias a agredirlos de forma tan continuada y las consecuencias que se empiezan a evidenciar visualmente con la SQM, es incomprensible que no se tomen medidas de forma rápida, si no las toman ellos las tendremos que tomar nosotros, haciendo caso a nuestros cuerpos y recuperando tradiciones en la curación que se están olvidando.

  3. María

    Magnifico, Manuel Amarilla gracias por la valentía.

  4. Artesano

    Duro, muy duro y directo, sin eufemismos ni circunloquios.
    El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
    Los valores mayoritarios de una Sociedad no pueden ser diferentes de los de una mayoría de sus miembros.
    La crisis básica que tenemos es la de siempre: de valores y sabiduria personal. Las demás crisis, son crisis derivadas.
    Por las mejoras habidas y las que están en marcha (marcha siempre demasiado lenta), personalmente soy más optimista que pesimista.
    Como dice Federico Mayor Zaragoza:
    “Vamos a crear una epidemia de ética y entusiasmo”.

  5. AnaLuna

    Gracias por tan enorme y sincero articulo, ya tienes razon en que son verdades como puños, que podemos ver en nuestra vida cotidiana, si miramos bien. Genial como expresa Manuel Amarilla la pasividad que nos invade a los ciudadanos que con apatia y comodidad pasamos por todo lo que nos van imponiendo, saliendo impunes de toda clase de artimañas porque entre todos lo permitimos.

  6. Carlos

    Muy de acuerdo con lo que aquí se expresa, los laboratorios y las multis farmacéuticas ocultan sistemáticamente datos negativos y graves respecto a medicamentos. Por eso, llama la atención la posición de los llamados autocuidados o automedicación responsable, que estimulan éstas conductas en el público, con lo cuál el problema se agrava y se confunde más. Automedicarse es un grave riesgo. Y no quiero decir con ésto que corran a la consulta por un prurito de cutícula. Saludos.

    • Miguel Jara

      Carlos, llevas razón. Ayer precisamente, antes de escribir este post, estuve leyendo sobre lo que dicen algunas asociaciones de eso que ha dado en llamarse el “autocuidado de la salud”, que no es otra cosa que animar a la gente a consumir medicamentos con la excusa de la preocupación por la salud. Malabarismo dialéctico para hacer de nuevo marketing.

  7. Elias

    Pues yo creo que este señor se queda corto, no dice todo lo que piensa y/o sabe, no lo culpo, yo tampoco lo haria. Es en defensa propia. Entiendo perfectamente su cabreo con los “colaboradores” inconscientes (o no) del sistema. Es, en mi opinión, cuestión de urgencia espabilar de una vez por todas. Suscribo la frase de Javier Marias: “Es como si cada vez más gente apoyara a delincuentes y quisiera ser gobernada por ellos”, yo le suprimiría el condicional. Ustedes verán lo que hacen para evitarlo, hay formas sencillas de pararlos. ¡La imaginación al poder!

  8. Pilar Remiro

    Felicidades a los dos, a Manuel Amarilla por haberlo escrito con esa claridad admirable y a ti Miguel Jara por publicarlo, reflexiones como esta son cada día más necesarias y urgentes.
    Ante el descaro de lo que cada vez parece más mafioso, la industria química en sus diferentes vertientes, tendremos que coger ejemplo de vosotros y empezar en serio a exigir más respeto por nuestra salud y el entorno.

  9. Martika

    SOBRE EL BAREMO DE RESPONSABILIDAD POR DAÑOS

    En la Europa continental existe un baremo que es el que rige la responsabilidad de las empresas en los casos de daños, este baremo es el que se aplica a los accidentes, se tiene en cuenta la edad de la víctima, el tipo de lesiones, fallecimiento, etc., ya todo está tasado por ley, cada daño está regulado de antemano, pienso que esto puede ser correcto para los accidentes.

    No obstante la pega a este sistema, es que ese baremo rige para todo

    En los paises anglosajones, este baremo no existe o al menos no existe para las actuaciones de las empresas, yo creo que respecto a estas malas prácticas de las empresas, se debería tratar de no aplicar un baremo máximo, pues esto es algo que a las empresas les beneficia, por ejemplo así nos encontramos que estatalmente una muerte puede llegar a valer cientos de miles de euros, mientras que en un juicio en USA por la muerte ocasionada por las malas prácticas de una empresa, se pueden pedir decenas de millones o incluso mucho más.

    Para mi es claro que un accidente de tráfico de un particular, no se puede comparar a un producto comercializado por una empresa durante años, del que esa empresa ha sacado miles de millones y que ese producto haya salido al mercado sin las garantías adecuadas o lo que es peor, sabiendo que posiblemente algún daño hacía, esto aún agravado en aquellos casos en los que se han hecho estudios falsos, se ha tratado de desprestigiar y acallar estudios correctos que ya denunciaban los daños, etc. (talidomida, amianto, tabaco, etc.).

    En este sentido, pienso que la ley debería cambiar, pues aunque el daño y mas aún si es grave, no va poder ser compensado con dinero, este tipo de medidas, son las únicas que preocupan a las empresas y las que les harán ser mucho mas cuidadosas con sus prácticas, además creo que muchos despachos de abogados importantes se animarían a defender a particulares no especialmente acaudalados, si el juicio implica mucho dinero, pues podrían ganar ellos también bastante, hasta ahora esos despachos muchas veces por un interés económico, defienden mas a las empresas.

    Creo que la ley debería cambiar un poco al respecto, para así regular este tema que hoy implica una desprotección hacia el ciudadano.

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