Darwin, las ideas dominantes y los que dominan (I)

Este año se conmemora el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin, autor de la polémica teoría de la evolución. Por ello, de aquí al mes de noviembre voy a publicar unos artículos que Máximo Sandín, profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, me ha enviado. Antes una declaración de intenciones del autor de estos textos:

no es mi intención convertir esta supuesta serie de escritos en sesudas demostraciones de erudición y menos predicar verdades incuestionables (eso lo hacen los predicadores). Mi intención es compartir con los lectores, en la medida de mis posibilidades, o de mis capacidades, el aspecto fundamental del verdadero trabajo de los científicos: la duda metódica, es decir, “someter las teorías vigentes a un constante análisis crítico”.

No conozco en profundidad la obra de Darwin pero lo que escribe Sandín sobre ella y sobre las repercusiones sociales que ha tenido sí que me parece digno de divulgar pues, como escribe el autor los párrafos que vienen a continuación, durante este año será mayoritario el apoyo a los conceptos darwinianos. Hagamos que la otra versión de la historia circule:


Los maestros calumnian a la Naturaleza: La injusticia, dicen, es Ley Natural… Por Ley Natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la Naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del Mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus obras para anunciarles la gloria.” (Eduardo Galeano, Escuela del Mundo al revés 1998).

El 24 de Noviembre de 2009 se cumplirán ciento cincuenta años de lo que algún día que, lamentablemente, no parece próximo, se calificará como el nacimiento del mayor y más nefasto fraude, la más hipócrita manipulación que ningún poder haya cometido en la historia: convertir los intereses de los poderosos en “leyes científicas”.

Este año nos vamos a cansar de leer en las principales revistas científicas y en los grandes medios de comunicación narraciones como ésta:

Se cumplen doscientos años del nacimiento de Charles Darwin, el gran científico al que su estancia en las Islas Galápagos durante su viaje alrededor del Mundo como naturalista a bordo del Beagle le dio la clave de su gran creación: La teoría de la evolución mediante la selección natural.

Quizás les sorprenda saber que si nos molestamos en documentarnos descubriremos que, a excepción de la fecha, ni una sola de las palabras de esta narración es verdadera. Pero los datos históricos siempre han resultado muy molestos para las religiones; por cierto, ¿se han detenido a pensar a qué se parece una fuerza abstracta capaz de crear la vida, premiar y castigar y dirigir los destinos de todos los seres vivos, especialmente del Hombre? Les daré una pista con las palabras que figuran en las últimas páginas de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia:

Y como la selección natural actúa por y para el bien de cada ser, todos los atributos corpóreos y metales tenderán a progresar hacia la perfección”.


Pero la conversión de la selección natural en poder omnímodo capaz de explicar la increíble complejidad de la Naturaleza, no fue una “creación” de Darwin. Era un rico victoriano cuyos estudios se limitaron a la titulación de “subgraduado en teología”, y al que su desocupada vida (su única actividad “laboral” era la de prestamista) le llevó, mediante la observación de ganaderos y criadores de palomas de su entorno, a la “genial idea” de que, al igual que los ganaderos seleccionan características generalmente anormales, producidas “al azar” en sus animales, en función de sus intereses, la Naturaleza seleccionaría a los seres vivos “más adecuados”. Él sólo pretendía explicarse, de una manera bastante simple, cómo una especie se podría convertir en otra. La clave de la coronación de semejante simpleza en poder universal, del “azar” y la competencia como entes rectores de la Naturaleza, está en los textos de dos de los padres de la economía liberal clásica, Herbert Spencer y Robert Malthus, cuyas respectivas máximas supervivencia del más “adecuado” y lucha por la existencia aplicadas a “sus” conceptos de la sociedad, constituyen  los fundamentos “científicos” de la obra de Darwin. Tal como él mismo explica sobre su “teoría”: Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza al conjunto de los reinos animal y vegetal.

No es extraño que el libro de Darwin se haya convertido en la Biblia de los poderosos. Disculpen la “espesura” de la cita textual que sigue para justificar este argumento, pero tengo que decir que la totalidad de su libro es así, “brillante”:

No puede nombrarse un país en el cual todos los habitantes naturales estén ahora tan perfectamente adaptados entre sí y a las condiciones físicas en que viven, que no pudiesen todavía, algunos de ellos, estar mejor adaptados o mejorar; porque en todos los países los naturales han sido conquistados hasta tal punto por los que han tomado carta de naturaleza, que han permitido a los extranjeros tomar firme posesión de la tierra. (Capítulo IV, Selección natural, o supervivencia de los más aptos, Pág. 96).

Y esto es lo que en realidad importa. No importa el lastre científico que supone dar por explicado cualquier proceso, por complejo que sea, mediante la omnipotente selección natural. No importan las peligrosas manipulaciones (los peligrosos negocios) de los procesos biológicos con la coartada tan poco científica de que se han producido “al azar” y, por tanto, se pueden interferir también “al azar”. Lo importante es que ya no es necesaria una religión para controlar, al menos con un triste y “aplazado” consuelo, a los pueblos. Ya ni siquiera eso; el objetivo es convencer a los desheredados de la Tierra de que la Naturaleza, la vida es un infierno, y que el Mundo es para “los más aptos”. Lasciate ogne speranza.


¿Cuánto crees que vale este post?

29 Comentarios a “Darwin, las ideas dominantes y los que dominan (I)”
  1. Espía

    Buscando una cosa en el blog de Jara, me interesó lo de Darwin ya que hace poco fui a una conferencia de Máximo Sandín. Me dije lo que dije no hace mucho, que habrá (quien tenga ganas yo no, aunque quien sabe igual alguna vez lo haga) que leerse las obras de Darwin para así poder decir que estaba en lo cierto, al igual que para decir que no (cosa que Sandín si ha hecho) y apuesto a que el 98% de los bológicos, profesores incluidos, que defienden a Darwin no se lo han leído,y los que no lo defienden muchos tampoco se lo habrán leído (aunque seguro algunos más) como por otra parte ocurre con todo. Yo de lo poco que sé de Darwin es que sin saber acerca del material genético formuló que todos aquellos que se reproducen entre sí son de la misma especie, aunque creo hay excepciones un caballo y un burro se pueden reproducir y nace un no se que, un mulo creo, que no pueden reproducirse en ninguno de los casos…yo que sé por decir algo, porque a mi esto poco me interesa la verdad. Pero os digo criticar a Sandín es muy FACILÓN. E irse a leerle a él, para criticar, en vez de leerse como dios manda primero toda la obra de Darwin, y luego toda la de SAndín (jeje) pues es un poco de trabajo de “crítico” también pasa en el cine, normalmente los que han querido ser algo y no han podido se meten a críticos. Por cierto Javier no sabía que se decía que usted y yo somos el mismo,porque ya no entro mucho al blog, eso es que no leen, porque los discursos aunque muchas veces coincidimos, son bastantito diferentes. Espía siempre seguirá siendo espía, pero bueno, para siempre producir bien.Y siguiendo con el tema YO SOLO SÉ QUE UNA OBRA SOLO SE PUEDE CRITICAR CON OTRA OBRA, como decía uno de los grandes de la Ciencia. Si no es una mera opinión, y opinion hay tantas como traseros en este mundo. Hay mucho que estudiar! ánimo que eso nos salvará de muchas cosas. Y por cierto creo que esto de internet, blogs, facebook, genera un desorden que en contra de lo que se cree hace que la gente escriba menos y no se publique. Y el desorden es contrario a lo revolucionario, aunque quizá es un paso previo. A la gente le gusta más la pelea que trabajar. Me parece muy inteligente que Máximo no haya hecho ningún comentario aquí porque es lo que estaban esperando todos sus detractores, no hay que dar de comer a quien no le gusta el pan. Gracias a todos por interesaros por el conocimiento. “No hay ningún camino hacia la paz, la paz es el camino”. Gandhi. Muchos amor y mucha salud para todos, el trabajo hace que esto se genere. Gracias

  2. Javier Herraez

    Hola Espía. Aunque algunos han dicho que somos el mismo te saludo. Yo no soy bíólogo y no pienso flagelarme leyendo esa patochada, aunque si creo que todos los biólogos deberían hacerlo. ¿Por qué no lo hacen muchos de ellos?, Máximo lo ha hecho y ha sobrevivido.

  3. Espía

    Anda!! si Anibal, está aquí también, me pregunto a todos aquellos que dicen que Darwin estaba en lo cierto si se han leído las obras de Darwin, ahí con un par!! que creo que son joyitas.

  4. Roderich

    Manhuel la evolucion sigue siendo una teoria, hubo creacion, esto es lo que dice el registro fosil. Los hombres mienten pero la tierra no, le sugiero se repase bien las excelentes explicaciones de Jon Ortega, y las de Enrique, le dejo algunas frases muy interesantes.
    De nihilo nihil fit -(De la nada, nada ha sido)
    Virgilio

    El libro de Génesis dice que Dios creó simios y hombres, no dice nada de prehomínidos. Y la realidad ¿cual es? pues que existen simios y hombres pero de las supuestamente veintiocho especies intermedias de prehomínidos que dicen los evolucionistas que existieron, todas han desaparecido ¿que casualidad no?
    ¿Se supone que las especies intermedias estaban más capacitadas para la subsistencia que los monos no?
    Greenstein en su libro El Universo inteligente

    La posibilidad matemática de que un cuerpo humano con el tiempo sea formado accidentalmente por casualidad sin dirección diestra es la misma que la de una explosión en una imprenta pueda formar un diccionario.
    Frederich Hoyle y Chandra Wickramasinghe, astrónomos

    Todas las leyes fundamentales del universo, sean estas matemáticas estadísticas, la ley de la entropía, la termodinámica, la cinética, etc. todas convergen en la conclusión de que no puede acontecer la generación espontánea de la vida.
    God and the Astronomers (Dios y los Astrónomos), Robert Jastrow

  5. Manhuel

    Hay muchas cosas que no se entienden…. el hecho de que haya virus que integren su DNA en las células ¿explica la evolución de por ejemplo reptiles a mamiferos? ¿cómo tiene un virus o un retrovirus la información genetica necesaria para ello? ¿la ha introducido ahi Dios? ¿No estaremos sustituyendo una explicacion poco creible por otra todavia menos creible?

  6. Mischel

    Redalyc, pone a disposición de los usuarios más de 119805 artículos a texto completo, los cuales podrá leer, criticar y analizar.http://redalyc.uaemex.mx/

  7. Alejandro

    Muy instructivas las apreciaciones de Jon Ortega; sobre todo las indicaciones sobre los elementos móviles del ADN basura:
    “Se ha demostrado que una grandísima cantidad de estos elementos móviles (podrían serlo todos) son de origen viral (es decir, transmisión genética horizontal). Se ha demostrado la acción coordinada y en respuesta al medio de dichos elementos, y su importante papel en numerosos procesos del desarrollo embrionario y ontogénico”.
    Ante estas consideraciones cabe preguntarse sobre el papel benefactor de ciertas vacunas , al igual que al enfoque de la lucha contra el cáncer, consistente únicamente en el intento de interferir alguno de sus procesos.

    http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/pensamientounico.htm

    Ha sido todo un placer poder leer esta nueva información

  8. Ariadna

    Por favor, a mi me interesa muchísimo este debate. No entiendo todo lo que se dice, y no sé si entiendo bien algunas cosas de lo que se dice, pero me ineteresa mucho. Seguid compartiéndolo, por favor.

  9. Jon Ortega

    Hola, quisiera comenzar aclarando a todos la incoherencia del orden en el que han aparecido mis primeros comentarios, que seguramente contribuya a generar confusión a un tema que de por sí se presenta “algo turbio”: En un principio envié dos mensajes al blog (que originalmente habían sido la respuesta a un e-mail de Jose Charton), de los que sólo apareció el segundo (ya he aprendido que conviene enviar un sólo mensaje cada ocasión). Entonces envié inmediatemente el primero, el cual, al no aparecer en seguida, me creí que tampoco había llegado. Por último envié un tercer mensaje en el que incluía el contenido de los dos rehechos en un nuevo texto. Al final se publicó todo y se ha quedado un poco lioso. Agradecería a Miguel que borrara los dos primeros para evitar confusión, aunque comprendo que tendrá cosas bastante más importantes en ocupar su tiempo que arreglar los desatinos de un blogero despistado como yo…

    Anibal, agradezco de veras su mensaje, ya que plantea cuestiones de carácter científico, lo cual, en mi experiencia personal, desgraciadamente no suele ocurrir cuando trato de exponer la crítica al darwinismo de Sandín y otros investigadores.

    Evidentemene, los genes, entendidos como secuencias nucleotídicas codificantes de proteínas, tienen relación con los caracteres fenotípicos. Relación en tanto que participantes de la fisiología biológica que los produce, pero no en tanto que especificadores de los mismos, ni siquiera en combinación con la influencia del ambiente.

    Lo explicaré con un ejemplo: La facilidad que tiene el ser humano para la digestión del cereal y los alimentos ricos en almidón (y que es uno de los aspectos determinantes de su omnivoridad), se debe a la presencia de la enzima amilasa en la saliva, que no se encuentra en carnívoros como el perro o el gato. ¿Significa eso que los carnívoros no poseen ese gen, o poseen un gen diferente? En absoluto, todas y cada una de las células de todos y cada uno de los carnívoros contienen dicho gen, sólo que no es expresado por las células de la saliva.

    Vemos entonces que lo que define y determina los caracteres fenotípicos es la regulación de la expresión génica. Es decir, en qué tejido, en qué cantidad, en qué momento del desarrollo embrionario y ontogénico y bajo qué circunstancias es expresado cada gen. A todo esto debemos añadirle procesos transcripcionales como el splicing, que permiten que de una misma secuencia puedan generarse hasta un centenar de proteínas diferentes.

    Lo que diferencia fundamentalmente a unas especies de otras no son las variaciones en las secuencias codificantes (que compartimos en más de un 95% no sólo con el chimpancé sino, por ejemplo, con el ratón) sino la regulación de su expresión. Es de vital importancia, llegados a este punto, comprender que el ADN (y menos aún las denominadas “secuencias génicas) no es el único material hereditario. La información para construir siquiera una sóla célula no se encuentra allí. Como dijo Virchoff, “Omnis cellula ex cellula”. La membrana celular, la arquitectura cromosómica y proteómica del nucleo, y varios orgánulos, son sistemas exactamente igual de hereditarios que el ADN.

    La información genética o hereditaria no funciona en absoluto como postulan los principios mendelianos sobre los que está construída la Teoría Sintética (neodarwinismo), ya que no puede reducirse a unos “genes” independientes entre sí que codifican aspectos concretos que los seres vivos. Lo que se está poniendo de manifiesto es una complejidad tal, tanto en la relación del genoma con el desarrollo y la fisiología orgánica, como en su relación con el medio, que ya no es sostenible el supuesto principal de toda la biología neodarwinista: El de la variabilidad “al azar”, es decir, la supuesta azarosidad del cambio (“mutación”) genómico.

    La mayor parte del ADN, hasta el 95%, no es codificante. Grandes autoridades de la ciencia, abordando la investigación genética desde paradigma neodarwinista, lo definieron como “ADN basura” (“Junk DNA”). Y aquí entramos en el terreno de lo realmente “más asombroso”. Todo lo que voy a decir proviene de datos experimentales observados, contrastados, y publicados: Los denóminados “elementos móviles” del “ADN basura” pueden copiar “genes” y pegarlos en diferentes lugares del genoma, y la posición de un gen determina la regulación de su expresión, ya que se activa o inactiva en función de los elementos colindantes. Se ha demostrado que una grandísima cantidad de estos elementos móviles (podrían serlo todos) son de origen viral (es decir, transmisión genética horizontal). Se ha demostrado la acción coordinada y en respuesta al medio de dichos elementos, y su importante papel en numerosos procesos del desarrollo embrionario y ontogénico. También que cambios generados en células somáticas pueden ser transmitidos a células gaméticas y por tanto ser heredables. Se muy bien, amigo mío, que es difícil de creer, por ello le invito a escribir a esta dirección (edicionescrimentales@yahoo.es), desde donde le podré enviar la documentación pertinente. De todos modos, en las referencias de los artículos que figuran en la página de Máximo Sandín hay material de sobra para comprobar todo esto.

    Son muchas las lineas de investigación que llevan a la conclusión de que los conceptos de “gen” y “mutación al azar como base del cambio evolutivo” están caducos, pero no quisiera dejar de mencionar la de la genética del desarrollo. García Bellido y otros investigadores de la élite mundial en este campo han llegado a conclusiones tan sugerentes como insalvables: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/busca/nuevo/Darwin/elpepisoc/20060319elpepisoc_1/Tes

    La otra cuestión que usted plantea, con el ejemplo de las gacelas, se refiere a la segundo supuesto de la biología neodarwinista: El de la selección natural (reproducción diferencial) como motor de evolución, como agente que aporta al cambio genético (en origen azaroso) la coherencia y el orden que determinan la génesis de toda la variabilidad orgánica.

    Cuando hablaba de que las gacelas no evolucionan a “supergacelas” (empleando una expresión de Máximo Sandín) me refería al indiscutible fenómeno de la estásis, corroborado por más de dos siglos de acumulación de evidencia paleontológica. La “especie” es un estadío fenotípico discreto, que a su vez posee un cariotipo (forma y número de cromosomas) discreto, del mismo modo que los estadíos de excitación de un electrón en su órbita atómica. La paleontología no detecta ese cambio continuo, infinitesimal que necesitaría la Selección Natural para jugar un rol creativo en la conformación de las formas orgánicas. No existe, hoy por hoy, evidencia alguna de que la reproducción diferencial pueda dar lugar a especiación. Este es el mecanismo de la práctica ganadera (de donde sacó Darwin la idea de “Selección” Natural), que debería actuar muchísimo más rápidamente que la SN ya que selecciona la variedad deseada de una forma mucho más directa y eficaz, y que sin embargo en 8000 años de existencia jamás ha sobrepasado la barrera de la especie, y todos los cambios que ha generado son reversibles en apenas un par de generaciones de cruce con las variedades salvajes.

    Como usted bien dice “Podemos decir que la diferencia de velocidad no es heredable, no es genética, pero por el bien de un ejemplo simple, imaginemos que sí lo es”. Todos los ejemplos de caracter hereditario independiente y seleccionable diferencialmente en base a un valor numérico continuo (por ejemplo, “velocidad”) dentro de un espectro representado por variedades al azar, son exactamente eso, imaginarios. La naturaleza no selecciona al “más apto”, sino, simplemente, al “apto”, al que no es defectuoso.

    Pido disculpas por la extensión de mis argumentos, quizás excesiva para el blog. Se trata de temas difíciles de resumir en unas pocas lineas. Si le interesa, podemos continuar el debate a través del correo electrónico (y a ser posible tuteándonos :) ).

    Un saludo a todos y mis felicitaciones a Miguel Jara por su gran labor, tanto por los libros como por el blog.

    Jon

  10. Anibal

    Estimado Jon Ortega, no voy ponerme a defender que la teoría sea correcta en este momento. Cuando tenga un tiempo veré de leer alguno de los artículos que recomienda.

    No me es agena la obra de Gould en la que ya critica los mecanismos evolutivos graduales y lentos postulados por otras ramas del evolucionismo, y sus ideas me parecen en general muy interesantes.

    Ahora, los caracteres fenotípicos, se componen por más que el genoma, y eso no es algo que haya que discutir. Así se postula en general. El ambiente es un factor de primera línea y alta complejidad que interactúa con la genética para el desarrollo de los fenotipos. Tampoco son las secuencias individuales e independientes.

    Sin embargo, ¿postularía usted que los genes no tienen nada que ver con los caracteres fenotípicos en las especies? ¿No tienen relación? me intriga que el cambio orgánico pueda ser aún más asombroso.

    Por último, el halcón peregrino llega a los 300km/h, ¿eso lo convierte en un superhalcón? Aunque el ejemplo de las gacelas lo inventé para buscar algo sencillo, ¿usted diría que dadas dos gacelas iguales pero siendo una más veloz que la otra no tiene un poco más de probabilidades de no ser desayunada por un león en busca de su comida? Podemos decir que la diferencia de velocidad no es heredable, no es genética, pero por el bien de un ejemplo simple, imaginemos que sí lo es.

    Saludos, Anibal

  11. Jon Ortega

    Saludos, Anibal perdizblanca,

    os invito a leer mi anterior comentario y pasearos por algunas de las direcciones a las que hago referencia.

    Allí encontraréis abundantes pruebas para verificar lo siguiente:

    La Teoría de la Selección Natural (la única aportación de Darwin, ya que todo lo demás, incluídos muchos conceptos complejos relativos a la Evolución que no aparecen en su obra, llevaban al menos 50 años debatiéndose en círculos académicos), es decir, la idea de que la reproducción diferencial de variaciones al azar en el seno de las poblaciones, genera la evolución orgánica, es definitivamente errónea.

    Las especies no evolucionan ni se originan por reproducción diferencial. Ninguna estructura orgánica puede haberse conformado así. El caudal de datos procedentes de las más diversas ramas de la biología es tremendo (Genética del desarrollo, genómica comparativa, paleontología…) . La genética mendeliana (el segundo componente de la Síntesis Neodarwinista) es también erróneo. El funcionamiento del genoma, su relación con fenotipo y ambiente, y sus episodios de cambio o transformación, aún no se han terminado de desentrañar, pero se evidencia una complejidad enorme, que desde luego no tiene nada que ver con lo que no habían enseñado:

    Los denominados “caracteres fenotípicos” no están codificados en secuencias individuales e independientes, que sufren mutaciones “al azar” generando pequeñas variaciones, que, por el efecto acumulativo de la “selección natural” (reproducción diferencial) derivan a la larga en la evolución de las especies y formas orgánicas. Esto no ocurre. Las gacelas no se van haciendo más rápidas por reproducción diferencial hasta convertirse en “supergacelas” más veloces.

    Investiguen las fuentes a las que me remito, por favor. La verdadera naturaleza del cambio orgánico, es mucho, mucho, más asombrosa.

  12. Enrique

    Lo que es infantil es ligar que un leon se coma una gacela con la evolución. Ese es el problema, la selección natural. Yo he tardado en darme cuenta porque también estaba programado en toda la carrera, pero es una explicación que no tiene la menor relación con la complejidad de la evolución.
    Y no creo que Darwin fuera malo, solo un poquito espeso si vemos sus argumentos. Pensaba como los de su clase de su época y su éxito fue porque les dio la justificación de la situación del mundo. Por eso lo aplauden tanto ahora. Tienen mucho que justificar.
    Saludos.
    KIKE

  13. Anibal

    Acabo de leer las partes 6 y 7 de las entregas de Sandín. Ambas muy interesantes, particularmente la sexta.

    Nadie dijo que Darwin era buen tipo, sino que sus aportes teóricos fueron fundamentales para el desarrollo de la biología. De hecho, más de un autor respetado por sus obras era bastante mala persona, Tolkien por ejemplo.

    La evolución como un mecanismo malvado y egoísta es una sandez. No es la visión actual del mecanismo. Decir que “sólo los ‘más aptos’ tienen derecho a la vida” suena muy bien si hablamos de las ideas racistas, pero contarle a una gacela lenta que ella no tiene por que morir en las fauces de un león, que ella tiene ‘derecho a la vida’ es, por lo menos, infantil.

    El mecanismo de la selección natural es pasivo, y no se anda con discriminaciones extravagantes. Si la gacela es más rápida, no se la comen y si es más lenta, será la cena del predador. Y punto. Y también el mecanismo es ciego, no anda eligiendo a dedillo quién se salva y a quién se los desayunan. Quienes postulan darwinismos sociales de todo tipo suelen olvidar alegremente este tipo de cosas, y un sinfín de fenómenos sociales que hacen la aplicación de la selección natural algo oscuro. Darwin no es el responsable ello, aún si él haya incurrido en comparaciones y ejemplificaciones obtrusas de sus ideas con los seres humanos. Eso no resta mérito a sus ideas.

    Las funestas consecuencias de las concepciones deterministas tienen su origen en los funestos individuos que las levantaron, no en las concepciones en sí. Las funestas consecuencias de los desarrollos en fisión nuclear no tienen que ver con los investigadores que realizaron los desarrollos teóricos (más allá del infame Enrico Fermi), sino en los funestos motivos y en los funestos sujestos que quisieron crear armas de gran poder a partir de estos avances.

    Decir “Darwin era un mal tipo” y “sus teorías tuvieron funestas consecuencias” y omitir que sus teorías son la base de explicaciones muy profundas sobre el desarrollo de la vida y que las consecuencias funestas necesitaron de hombres y mujeres funestas suena a crítica vacía. Aunque no se puede desconocer que las teorías tienen siempre un componente ideológico, este componente es mayor o menos según la teoría, y toda idea se puede tomar para bien y para mal, casi sin importar su origen.

    Finalmente, cuando se ligue la evolución y el desarrollo de la vida a la TGS y se desligue de los mecanismos evolutivos actuales (que exceden a la mal entendida selección natural), hablamos de estos. Mientras tanto, apelar a la imaginación y no a la invetigación para reforzar ideas románticas me parece un recurso poco serio.

    Para quién cito el artículo en El País, si me atengo a lo que dice la cita (que es ya ir a fuente de segunda mano, y encima un medio de comunicación masivo, que suelen cubrir pesimamente las noticias científicas) está claro que las ideas de Clark son ideológicamente peligrosas y científicamente suenan a insostenibles. Para empezar, esa idea de que lo que vino antes de la revolución industrial era todos pueblos pobres e infames que se lo vaya a contar al imperio Inca, al imperio Romano y al imperio Chino.

    Confundir la teoría de la evolución y los planteos de Darwin con lo que después hicieron y dijeron supuestos “darwinistas sociales” que ni siquiera comprendieron el mecanismo de la selección natural me parece peligroso. Es como decir que Marx era un asesino porque Stalin lo fue, y decía ser marxista.

    Saludos, Anibal

  14. Enrique

    ¡APROXIMADAMENTE! COMO EINSTEIN….

    DARWIN, LAS IDEAS DOMINANTES Y LOS QUE DOMINAN
    Séptima entrega: Sobre el origen del desastre
    Máximo Sandín

    “Al principio de mis observaciones me parecía probable que un cuidadoso estudio de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería la mejor probabilidad de aclarar este oscuro problema. Y no anduve equivocado; en éste y en todos los demás casos de perplejidad he encontrado invariablemente que nuestro conocimiento, por imperfecto que sea, de la variación por medio de la domesticidad, daba el mejor y el más seguro norte. Yo osaría expresar mi convicción del alto valor de estos estudios, aunque hayan sido muy comúnmente descuidados por los naturalistas”.
    (Charles Darwin, Introducción a “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia”).

    Imagine el lector que, un día, las investigaciones sobre la Naturaleza conducen al descubrimiento de que los fenómenos que componen la vida, desde las células, los órganos y tejidos, los organismos, las especies y los ecosistemas, hasta la totalidad del ecosistema global que constituye la Tierra, están organizados en sistemas jerárquicos e interconectados cuyas propiedades y, por tanto, su evolución responden a conceptos como la Teoría General de Sistemas. Imagine que se comprueba que los seres vivos corresponden a las características de los llamados “sistemas organísmicos u homeostáticos”, capaces de ajustarse (adaptarse) a los cambios externos e internos y están organizados en subsistemas que conforman sistemas de rango mayor. Y que se llega a la conclusión de que estos sistemas complejos adaptativos son muy estables y no son susceptibles a cambios en su organización porque cualquier cambio en una parte del sistema provoca ineludiblemente cambios correlativos en otras partes hasta lograr un nuevo tipo de estabilidad dinámica, pero ante un desequilibrio suficientemente grave, su respuesta puede tomar dos caminos: un derrumbe catastrófico o un salto en el nivel de complejidad porque los sistemas complejos tienen tendencia a generar patrones de comportamiento global. Y que el gran “macrosistema” que constituye la Tierra está formado por una compleja red que relaciona todos sus componentes, y que todos son necesarios para su funcionamiento. Que la vida se desarrolla en medio de unas continuas y estrechas interacciones de los organismos entre sí y con el entorno. Ahora, un esfuerzo más, para imaginar que todo esto lleva a la concepción de que la evolución es una propiedad intrínseca a la vida, que se produce como algo inevitable, como consecuencia de estas características. Sería muy bonito pensar que la Naturaleza es tan hermosa, tan impresionante como les parece a las personas que no tienen “formación” en Biología.

    Pero no merece la pena que se esfuerce más. Estos serán posibles descubrimientos del siglo veinte o veintiuno. Así que regresemos a nuestra época: “El libro del que nace toda la Biología moderna”, ha sido propuesto para el galardón de “Libro del Milenio”, y su autor es considerado por las autoridades científicas como “un genio comparable a Einstein y los padres de la mecánica cuántica” o “la más alta cumbre del pensamiento humano”, entre otros calificativos no menos laudatorios. Lo que resulta pasmoso es comprobar que se ha creado un personaje mitológico del que se narran las más íntimas anécdotas vitales y hacia el que se ha instaurado una veneración que jamás se ha concedido a ningún otro de los grandes científicos o pensadores de la Historia, porque lo que se conoce de ellos es lo que realmente importa: su obra. Y sin embargo, “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia”, debe de ser el libro menos leído de todos los “textos fundamentales de nuestra cultura”. Es más, he podido constatar que mis colegas más fervientemente darwinistas no han leído directamente a Darwin. Tienen bastante con lo que les han contado en los libros sobre él. También es cierto que las autoridades en la materia no parecen mostrar un gran entusiasmo en promover su lectura. Veamos, por ejemplo, cómo nos la recomienda el prologuista de la edición española más accesible (“Origen de las especies”, AKAL, 1998): “¿Cómo se puede leer este libro? Casi todos (? ) los libros bien escritos, y éste lo es, suelen leerse desde el principio hasta el final. Pero también caben otras opciones que para algunos son más alentadoras. Puede leerse la introducción, que es un buen extracto tanto del propósito de la obra como de la explicación que se sugiere para el origen de las especies. Puede el lector pasar al último capítulo de Recapitulación y Conclusión, que ofrecerá una nueva explicación más detallada y previamente justificada”. Tras otra posibilidad, que consiste en leer sólo los resúmenes, finaliza las “instrucciones de uso” con una desganada opción: que se lea completo (curiosa forma, por cierto, de leer un libro “fundacional”) con un imperativo “¡léelo!” que, después de lo recomendado, produce la impresión de estar emitido con un hilo de voz. Sigamos pues, las instrucciones. Pero como limitarnos a la introducción (cuyo contenido fundamental ya ha sido transcrito) parece una renuncia a enriquecernos con sus geniales ideas, llegaremos hasta el primer capítulo y dejaremos para más adelante la lectura de su parte “menos recomendable”.

    “Capítulo primero. Variación en estado doméstico.
    Causas de la variabilidad. Cuando comparamos los individuos de la misma variedad o subvariedad de nuestras plantas desde hace mucho tiempo cultivadas y de nuestros animales domésticos más antiguos, uno de los primeros puntos que nos extraña es que generalmente difieren más unos de otros que los individuos de cualquier especie o variedad en estado natural. Y si reflexionamos sobre la vasta diversidad de plantas y animales que han sido respectivamente cultivadas y domesticados y que han variado durante todas las edades bajo la influencia de los climas y tratamientos más diferentes, nos vemos obligados a concluir que esta gran variabilidad es debida a que nuestras producciones domésticas se han formado en condiciones de vida menos uniformes y en algún tanto diferentes de aquellas a las cuales ha estado expuesta la especie madre en la naturaleza. Hay también alguna probabilidad en la opinión adelantada por Andrew Knight, de que esta variabilidad pueda tener alguna conexión con el exceso de alimento”. Etc.

    “Efectos del hábito y del uso y desuso de las partes. Variación correlativa.- Herencia. Hábitos cambiados producen un efecto heredado, como el período de florecimiento de las plantas cuando se las transporta de un clima a otro. En cuanto a los animales, el uso o desuso de las partes ha tenido una influencia más marcada; así, encuentro en el pato doméstico que los huesos del ala pesan menos y los huesos de la pata más en proporción a todo el esqueleto, que lo que pesaban los mismos huesos del pato salvaje; y este cambio puede atribuirse sin riesgo de equivocarse, a que el pato doméstico vuela mucho menos y anda más que sus salvajes padres. El grande y hereditario desarrollo de las ubres en vacas y cabras en países donde habitualmente se las ordeña, en comparación con estos órganos en otros países, es, probablemente, otro caso de los efectos del uso. No puede nombrarse uno sólo de nuestros animales domésticos que no tenga en algún país las orejas lacias, y la opinión que se ha sugerido, de que este caimiento es debido al desuso de los músculos de la oreja, porque los animales rara vez se alarman mucho, parece la más probable”. Etc.

    “Carácter de las variedades domésticas; dificultad de distinguir entre variedades y especies; origen de las variedades domésticas de una o de varias especies. Si examinamos las variedades hereditarias o razas de nuestros animales y plantas domésticos, y las comparamos con especies íntimamente próximas, descubrimos generalmente en cada raza doméstica, como ya lo he notado, menos uniformidad de carácter que en las verdaderas especies . Las razas domésticas tienen con frecuencia un carácter algún tanto monstruoso; por lo cual entiendo que, aunque se diferencian unas de otras y de las demás especies del mismo género en algunos rasgos insignificantes, difieren a menudo en un grado extremo en algún punto cuando se las compara unas con otras, y más especialmente cuando se las compara con la especie en estado natural, de la que son más próximas”. Etc.

    “Castas de la paloma doméstica: sus diferencias y su origen. Creyendo que es siempre mejor estudiar algún grupo especial, después de de reflexionarlo, he ocupado mi atención con las palomas domésticas. He conservado toda casta que me era posible comprar u obtener y he sido amabilísimamente favorecido con pieles de varias partes del mundo, mas especialmente por el Honorable W. Eliot, de la India, y por el Honorable C. Murray, de Persia. Muchos tratados en diferentes lenguas se han publicado sobre palomas, y algunos de ellos son muy importantes, por su antigüedad considerable. Me he asociado con algunos eminentes aficionados y se me ha permitido entrar en dos de los clubs de palomas de Londres”. Etc., etc.

    Pasemos, siguiendo las instrucciones, al capítulo final: La aportación “científica” de sus descubrimientos la valora el autor como sigue en su Recapitulación: “Un campo grande, y casi virgen de investigaciones quedará abierto sobre las causas y leyes de la variación, la correlación, los efectos del uso y el desuso, la acción directa de las condiciones externas, etc., etc. El estudio de las producciones domésticas subirá inmensamente en importancia. /…/En el porvenir veo campos abiertos para investigaciones mucho más importantes. La psicología se basará, seguramente, sobre los cimientos establecidos por Mr. Herbert Spencer, los de la adquisición necesaria por gradación, de cada facultad y capacidad mental. Mucha luz se derramará entonces sobre el origen del hombre y de su historia”. Esta última frase (sobre la anterior ya volveremos) ha sido interpretada (“se los juro”) por una autoridad académica como “idea precursora de la neurobiología”. Pero veamos sus conclusiones finales: “Estas leyes, tomadas en un sentido más amplio, son crecimiento con reproducción; herencia que casi va implícita en la reproducción; variabilidad, resultado de la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y del uso y desuso; aumento en una proporción tan alta, que conduce a una lucha por la existencia, y como consecuencia, a la selección natural, la cual trae consigo la divergencia de carácter y la extinción de las formas menos mejoradas. Así, es consecuencia directa de la guerra de la naturaleza, de la escasez y la muerte, el objeto más elevado que somos capaces de concebir, a saber; la producción de los animales superiores”. Aquí no hay más remedio que proponer: Analicemos la frase (me refiero al lector junto conmigo): El, ya a estas alturas escamado lector, se preguntará: “Si, según este señor, la variabilidad de los organismos está causada por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y del uso y el desuso, ¿qué puñetas (o carámbanos, a elegir) “selecciona” la selección natural? ¿Cual es exactamente su aportación al conocimiento de la evolución?”. Tal vez lo descubra en las frases finales del libro: “A juzgar por el pasado, sin riesgo podemos inferir que ni una sola especie viva transmitirá su semejanza inalterada a un porvenir distante. /…/ Por esto podemos mirar con alguna confianza a un porvenir seguro de gran duración. Y como la selección natural obra solamente por y para el bien de cada ser, todos los atributos corpóreos y mentales tenderán a progresar hasta la perfección. /…/ Hay grandeza en esta opinión de que la vida, con sus diversas facultades, fue infundida en su origen por el Creador en unas pocas formas o en una sola; y que mientras este planeta, según la determinada ley de la gravedad, ha seguido recorriendo su órbita, innumerables formas bellísimas y llenas de maravillas se han desenvuelto de un origen tan simple, y siguen siempre desenvolviéndose”.

    Quizás le parezca algo abusivo al lector que le proponga otro esfuerzo de su imaginación, porque sería más adecuado documentar los siguientes argumentos, pero tempo habrá: Imagine ahora el lector que las investigaciones de “los naturalistas” (es decir de los científicos) de la primera mitad del Siglo XIX, hubieran llevado a una idea de la Naturaleza basada precisamente en el estudio de la Naturaleza. Que sus aportaciones, lógicamente limitadas por los conocimientos de la época, estuvieran en el camino adecuado para llegar a conclusiones como las que hemos visto en el inicio de este escrito. Ahora no es necesario que imagine nada. Simplemente que reflexione sobre las consecuencias que ha tenido (que está teniendo) una concepción científica, elaborada sobre semejantes argumentos, que considera el fenómeno de la vida como algo sórdido, una Naturaleza en la que no hay cabida para todos y poblada por individuos egoístas (que sólo buscan “su propio interés”). Como una constante competición entre los organismos en la que la relación con el ambiente está dirigida por cambios al azar y en la que sólo los “más aptos” tienen el derecho a la vida. Y que recuerde las consecuencias que ha tenido para la Humanidad la concepción determinista derivada de esta visión, según la cual los individuos, los pueblos, las naciones, llevan sus características, sus virtudes y sus defectos grabados en sus “genes”. ¿Cómo calificaría la aparición de “la obra de la que nace toda la Biología moderna”?

  15. Jon Ortega

    Hola a todos, soy Jon Ortega de la Universidad de Murcia (aclaro que no soy la misma persona que el Jon que dejó un comentario el 9 de febrero), me acaban de llegar vuestros comentarios sobre los artículos de Máximo. Llevo ya mucho años documentándome sobre este tema, y me gustaría compartir con vosotros parte de la información para aclarar algunas cosas, ya que os ha llegado en un momento un poco turbio, con el debate sobre el creacionismo recién importado de EEUU, y toda la ofensiva mediática del aniversario de Darwin. El debate serio sobre el darwinismo lleva ya en realidad muchos años existiendo (aunque en la sombra, como tantas otras cosas), así que no es ninguna “revolución” o “involución” de ahora, de este momento. Y es un debate que en realidad son dos, y bien diferenciados, aunque se encuentren estrechamente interrelacionados entre sí.

    Uno es el debate “científico”, y por científico quiero decir referente al estudio e investigación acerca de la fenomenología natural. Conviene recordarlo, porque estamos adoctrinados de tal forma que a menudo identificamos como científico sólo lo que las autoridades (es decir, las revistas de alto impacto como Science o Nature, tan prestigiosas como herméticas y poco transparentes en cuanto a sus criterios de aceptación) dictaminan que lo es.

    El otro es el sociológico, que trata principalmente del análisis de la evolución histórica del pensamiento darwinista y neodarwinista, es decir, las causas de su aparición y su papel en la sociedad moderna y en la ciencia. En este campo, si investigamos un poco, nos encontramos con sorpresas tan impactantes como en el anterior, algunas de las cuales son las que os quería comentar en este mensaje, ya que vuestros comentarios se enmarcan principalmente aquí, en el aspecto sociológico del debate. Pero antes de continuar quisiera insistir en que para informarse sobre este “debate en la sombra” en cualquiera de los campos mencionados, especialmente por la cantidad y calidad de referencias que se citan, recomiendo los artículos recopilados en las páginas de Máximo Sandín y Guillermo Agudelo:

    http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/

    http://www.iieh.com/index2.php

    Las pequeñas “columnas de opinión” que Máximo está actualmente publicando en el diario “De Verdad” están dirigidas a un público “no biólogo”, debido a la demanda de muchas personas interesadas en el tema y que no podían entender sus artículos por carecer de formación en Ciencias Biológicas, especialmente en todo lo que atañe a la biología molecular. A los que sí tengáis esa formación, os recomiendo definitivamente que comencéis con los artículos originales (especialmente a mi tocayo Jon, en estas páginas encontrarás datos, argumentos, y razonamientos de sobra).

    Por lo general, tendemos a pecar de inocencia cuando hablamos de historia. Olvidamos casi automáticamente que la información de la que disponemos, y desde la que elaboramos nuestros juicios y conclusiones, raramente procede de fuentes originales, sino, en más de un 90%, de lo que nos han inculcado los libros de texto escolares y los ensayos seleccionados por las empresas dominantes del mercado editorial. Casos como el del trabajo de investigación de la duquesa de Medina-Sidonia (brutalmente sometido al boicot y la censura: http://www.webislam.com/?idt=2247) nos recuerdan que el contenido de estos textos tiene más que ver con intereses políticos que con la verdadera historia de nuestro pasado. Así, de la misma manera que se ha ocultado durante siglos el comercio árabe de productos americanos desde 400 años antes del viaje de Colón, igualmente se han ocultado los tres cuartos de siglo de discusión científica acerca de la evolución que precedieron a la obra de Darwin. Acerca de esto último, el trabajo de investigación más riguroso (basado en fuentes originales) que conozco es el de Andrés Galera, del departamento de Historia de la Ciencia del CSIC. http://investigacion.universia.net/new/verFichaINV.do?idINV=235231

    El trabajo de este investigador nos pone de manifiesto un primer mito, que es el de la atribución al trabajo de Darwin el mérito de la primera explicación científica, no religiosa, del origen de las especies y la evolución. El único trabajo anterior a Darwin que se menciona es el de Lammarck, y únicamente para ridiculizarlo, por lo general empleando el manido ejemplo del cuello de la jirafa (por supuesto nunca mencionando ejemplos mucho más absurdos que podemos encontrar en la obra de Darwin) y sin explicar prácticamente ni papa del resto de su obra, amén de la presentación de un debate entre las ideas de ambos que jamás existió (ni siquiera fueron coetáneos, y Darwin nunca rechazó las ideas de Lammarck). Íntimamente ligado a este mito, está la identificación, amplia y repetidamente difundida en los medios de comunicación de masas, de la Teoría de la Evolución con la Teoría de la Selección Natural. Como pude comprobar por enésima vez la semana pasada leyendo un artículo de El País, que explicaba que “todavía hay quien pone en cuestión la Teoría de la Selección Natural”, refiriéndose por su puesto a los llamados “creacionistas” de forma exclusiva, y ofreciendo como única alternativa a dicha teoría, como viene siendo habitual, la del Diseño Inteligente.

    Aquí estoy dando sólo unas pequeñas pinceladas del mito de Darwin, para un cuadro mínimamente completo recomiendo el artículo “Sobre una redundancia: El darwinismo social” colgado en la página de Máximo ( http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/darwinismo_social.html ). Pero no quisiera pasar por alto el aspecto más importante de todo mito, que es el de los intereses que lo crearon. Por que no se crea un mito de estas características sin unos intereses, generalmente políticos, detrás. Y aquí nuevamente nos encontramos con dos líneas de investigación, la primera de las cuales nos lleva al siglo XIX, a la primera fase de elaboración del mito. En los artículos de Galera y Sandín encontramos material de sobra para probar que la principal diferencia entre el trabajo de Darwin y el de sus predecesores teóricos de la Historia Natural, no se halla en el ámbito de la innovación científica sino en el del éxito y reconocimiento social, ya que fue, y esto sí es cierto, el primero que trascendió el mundo académico y llegó al público general. De modo que si queremos averiguar qué intereses hay detrás de esta historia, una buena opción es investigar los posibles intereses de los artífices de este éxito, los apadrinadores y principales difusores del trabajo de Darwin, el denominado “X-club”. El X-club, formado por nueve hombres entre los que se encontraban Huxley o el economista Herbert Spencer, llegó a ser tan influyente durante la época victoriana que de ellos se llegó a decir que “dirigían la ciencia británica”. Su principal cometido, sustituir el antiguo paradigma cultural, la antigua cosmovisión sobre la que descansaban la Europa feudal y, posteriormente, los grandes estados de la Edad Moderna, basada en el catolicismo o el protestantismo, según la zona (el segundo en realidad vino a ser una transición entre el primero y el actual, pero no nos extendamos ahora en eso), por un nuevo paradigma basado en la ciencia, o mejor dicho, en unas tendencias y líneas de desarrollo científico basadas a su vez en una racionalidad, filosofía, y cosmovisión muy concretas, descritas a mi juicio muy brillantemente por el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla :

    http://www.iieh.com/sociedad/articulos_sociedad03.php

    Una racionalidad, filosofía, y cosmovisión que constituyen ni más ni menos que el pilar metafísico sobre el que descansa nuestra sociedad actual, nuestro modelo socioeconómico y nuestro modelo de convivencia. Y creo que a estas alturas empezamos a abordar el mito en su auténtica magnitud, su importancia y su significado.

    La segunda línea de investigación nos lleva al origen del paradigma neodarwinista y el pistoletazo de salida del boom de la investigación molecular basada en el reduccionismo genético, impulsada principalmente, al menos en sus primeros tiempos, por la fundación Rockefeller. Para acortar me remitiré a otra obra abundante en referencias y que se adentra, en detalle y perspectiva, ampliamente en este nuevo episodio. Se trata del libro “Biopiratería” (editorial Icaria) de Vandana Shiva. En esta fase podemos apreciar que los intereses que hay detrás del mito cobran una forma muy tangible: Es un hecho que dos de los sectores industriales más poderosos y lucrativos del mundo, y con más importancia en la Bolsa, a saber, el farmacéutico y el de las nuevas tecnologías de la agroindustria, se desarrollan desde una metodología científica enteramente basada en los principios del neodarwinismo; a saber, que las características o “rasgos fenotípicos” de los seres vivos están codificadas en unas secuencias individuales de nucleótidos denominadas “genes”, que se modifican (evolucionan) de forma completamente azarosa, siendo seleccionados de forma natural (o bien de forma “artificial” por la mano del hombre) en función de su “fitness” o eficacia biológica (o económica en el caso de las “nuevas tecnologías”).

    Comprendo que resulta difícil de asumir que verdades tan universalmente aceptadas como las que figuran en los libros de texto de historia y biología resulten no ser tales. Es algo así como cuando nos cuentan que los reyes son los padres. Aquí es ya opción de cada uno el vencer las resistencias e investigar, ir a las fuentes, tratar de corroborar unas ideas u otras, de discernir qué es lo más verosímil, que explicación cobra más sentido a medida que ahondamos en la perspectiva y el detalle.

    Y aún queda otro aspecto de crucial importancia, el de los mecanismos que hacen posible que la verdad acerca de un mito establecido no vea la luz. Existen muchos medios, que son puestos en práctica en primer lugar por el lobbismo científico, impulsado en última instancia por intereses privados: http://www.slingshotpublications.com/dwarfs01.pdf

    El más elemental de ellos exactamente análogo al que practican los mass media a la hora de “informarnos”, es decir, en primer lugar, seleccionar lo que es noticia y lo que no. Así, en los relatos históricos, se seleccionan unas anécdotas y se omiten otras, generando como consecuencia una historia completamente artificial. En el aspecto científico, de capital importancia es la aplicación rutinaria de desiguales “standards de aceptación” acerca de hallazgos y resultados experimentales por parte de la élite dirigente de la comunidad científica (equivalente y análoga en funciones a la “jerarquía eclesiástica”, en cuyo eslabón más alto se encuentran los círculos de influencia de las denominadas “revistas de alto impacto”). Para todo resultado que corrobore la teoría hegemónica en un campo dado, especialmente en aquellos más significativos a los intereses de dichos “círculos de influencia”, se aplican unos standards de aceptación muy bajos, casi nulos. Se trata del “todo vale”, y como resultado de ello son las innumerables barbaridades con las que nos sorprenden habitualmente las grandes revistas (como por ejemplo, esta: http://www.elpais.com/articulo/futuro/origen/Revolucion/Industrial/elpepusocfut/20070912elpepifut_1/Tes) y las tremebundas chapuzas científicas aceptadas con la máxima seriedad, como la teoría de la “Eva mitocondrial”, por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza.

    Por otro lado, los resultados y hallazgos que refutan dichas teorías hegemónicas son sometidos a unos standards de aceptación altísimos, casi insalvables, cuando no se rechazan directamente sin dar la menor explicación al respecto, como es la costumbre de Nature. Haciendo un sólo pequeño esfuerzo de imaginación, podemos hacernos a la idea del profundo alcance, en lo que a sesgo intelectual se refiere, que tiene, por acción acumulativa, año tras año y década tras década, la aplicación universal y rutinaria de estas prácticas.

    Referencias:

    GALERA, A. (2002). Modelos evolutivos predarwinistas. Arbor. Nº 677 Pp. 1-16.

    ABDALLA, M. (2007). El principio de cooperación. Ed. Crimentales, Murcia.

    SHIVA, V. (2001). Biopiratería. El saqueo del conocimiento. Icaria, Barcelona.

  16. perdizblanca

    Interesante Miguel.
    En mi tierna juventud(1965),estudiando en Praga en la Escuela de cuadros de militantes comunistas tuve un profesor,que se llamaba Nikitin,ruso que me decía antes de empezar las clases.
    “”Sigue la linea roja,el hilo conductor de la lucha de clases y es dificil que te equivoques”"
    Lástima que ningún alumno lo hiciera,sobre todo los dirigentes de aquel socialismo “real”.
    Pues eso,el máximo de ganancia,el sometimiento al desválido,el aprovecharse del que no sabe,la mentira,las falsedades y contar la mitad de las cosas,que es lo mismo que mentir.
    Darwin no conoció la genética,pero gracias a que dió el puntapíe inicial,hoy sabemos de su existencia,de los genes,del ARN,del ADN.
    La gran mayoría de los grandes investigadores no tuvieron titulo universitario,simplemente porque crearon una linea de investigación.
    También hoy analizamos a Einstein y nos quedan dudas,pero la fisica cuántica está ahí.

  17. Jon Ortega

    Hola de nuevo, escribo para añadir un par de aclaraciones: Como resultará evidente tras su lectura, el Jon que escribió el comentario el día 9 de febrero y yo (que acabo de escribir hoy día 10) no somos la misma persona. Para evitar confusión a partir de ahora firmaré con mi apellido, soy Jon Ortega de la Universidad de Murcia

    También quiero dejar una referencia del trabajo de Andrés Galera (podéis ver sus credenciales aquí:
    http://investigacion.universia.net/new/verFichaINV.do?idINV=235231 ), que olvidé en el comentario:

    GALERA, A. (2002). Modelos evolutivos predarwinistas. Arbor. Nº 677 Pp. 1-16.

    Saludos,
    Jon

  18. Jon

    Hola a todos, me acaban de llegar vuestros comentarios sobre los artículos de Máximo. Llevo ya mucho años documentándome sobre este tema, y me gustaría compartir con vosotros parte de la información para aclarar algunas cosas, ya que os ha llegado en un momento un poco turbio, con el debate sobre el creacionismo recién importado de EEUU, y toda la ofensiva mediática del aniversario de Darwin. El debate serio sobre el darwinismo lleva ya en realidad muchos años existiendo (aunque en la sombra, como tantas otras cosas), así que no es ninguna “revolución” o “involución” de ahora, de este momento. Y es un debate que en realidad son dos, y bien diferenciados, aunque se encuentren estrechamente interrelacionados entre sí.

    Uno es el debate “científico”, y por científico quiero decir referente al estudio e investigación acerca de la fenomenología natural. Conviene recordarlo, porque estamos adoctrinados de tal forma que a menudo identificamos como científico sólo lo que las autoridades (es decir, las revistas de alto impacto como Science o Nature, tan prestigiosas como herméticas y poco transparentes en cuanto a sus criterios de aceptación) dictaminan que lo es.

    El otro es el sociológico, que trata principalmente del análisis de la evolución histórica del pensamiento darwinista y neodarwinista, es decir, las causas de su aparición y su papel en la sociedad moderna y en la ciencia. En este campo, si investigamos un poco, nos encontramos con sorpresas tan impactantes como en el anterior, algunas de las cuales son las que os quería comentar en este mensaje, ya que vuestros comentarios se enmarcan principalmente aquí, en el aspecto sociológico del debate. Pero antes de continuar quisiera insistir en que para informarse sobre este “debate en la sombra” en cualquiera de los campos mencionados, especialmente por la cantidad y calidad de referencias que se citan, recomiendo los artículos recopilados en las páginas de Máximo Sandín y Guillermo Agudelo:

    http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/

    http://www.iieh.com/index2.php

    Las pequeñas “columnas de opinión” que Máximo está actualmente publicando en el diario “De Verdad” están dirigidas a un público “no biólogo”, debido a la demanda de muchas personas interesadas en el tema y que no podían entender sus artículos por carecer de formación en Ciencias Biológicas, especialmente en todo lo que atañe a la biología molecular. A los que sí tengáis esa formación, os recomiendo definitivamente que comencéis con los artículos originales (especialmente a mi tocayo Jon, que ha escrito más arriba. en estas páginas podrás encontrar datos, argumentos, y razonamientos para dar y tomar).

    Por lo general, tendemos a pecar de inocencia cuando hablamos de historia. Olvidamos casi automáticamente que la información de la que disponemos, y desde la que elaboramos nuestros juicios y conclusiones, raramente procede de fuentes originales, sino, en más de un 90%, de lo que nos han inculcado los libros de texto escolares y los ensayos seleccionados por las empresas dominantes del mercado editorial. Casos como el del trabajo de investigación de la duquesa de Medina-Sidonia (brutalmente sometido al boicot y la censura: http://www.webislam.com/?idt=2247) nos recuerdan que el contenido de estos textos tiene más que ver con intereses políticos que con la verdadera historia de nuestro pasado. Así, de la misma manera que se ha ocultado durante siglos el comercio árabe de productos americanos desde 400 años antes del viaje de Colón, igualmente se han ocultado los tres cuartos de siglo de discusión científica acerca de la evolución que precedieron a la obra de Darwin. Acerca de esto último, el trabajo de investigación más riguroso (basado en fuentes originales) que conozco es el de Andrés Galera, del departamento de Historia de la Ciencia del CSIC.

    Tras la aceptación de un fenómeno como “mito”, lo primero que deberíamos comprender es cómo se ha construido ese mito, y en qué consiste. Y en este caso, el primer mito es el de la atribución al trabajo de Darwin el mérito de la primera explicación científica, no religiosa, del origen de las especies y la evolución. El único trabajo anterior a Darwin que se menciona es el de Lammarck, y únicamente para ridiculizarlo, por lo general empleando el manido ejemplo del cuello de la jirafa (por supuesto nunca mencionando ejemplos mucho más absurdos que podemos encontrar en la obra de Darwin) y sin explicar prácticamente ni papa del resto de su obra, amén de la presentación de un debate entre las ideas de ambos que jamás existió (ni siquiera fueron coetaneos, y Darwin nunca rechazó las ideas de Lammarck). Íntimamente ligado a este mito, está la identificación, amplia y repetidamente difundida en los medios de comunicación de masas, de la Teoría de la Evolución con la Teoría de la Selección Natural. Como pude comprobar por enésima vez la semana pasada leyendo un artículo de El País, que explicaba que “todavía hay quien pone en cuestión la Teoría de la Selección Natural”, refiriendose por su puesto a los llamados “creacionistas” de forma exclusiva, y ofreciendo como única alternativa a dicha teoría, como viene siendo habitual, la del Diseño Inteligente.

    Aquí estoy dando sólo unas pequeñas pinceladas del mito de Darwin, para un cuadro mínimamente completo recomiendo el artículo “Sobre una redundancia: El darwinismo social” colgado en la página de Máximo (http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/msandin/darwinismo_social.html). Pero no quisiera pasar por alto el aspecto más importante de todo mito, que es el de los intereses que lo crearon. Por que no se crea un mito de estas características sin unos intereses, generalmente políticos, detrás. Y aquí nuevamente nos encontramos con dos lineas de investigación, la primera de las cuales nos lleva al siglo XIX, a la primera fase de elaboración del mito. En los artículos de Galera y Sandín encontramos material de sobra para probar que la principal diferencia entre el trabajo de Darwin y el de sus predecesores teóricos de la Historia Natural, no se halla en el ámbito de la innovación científica sino en el del éxito y reconocimiento social, ya que fue, y esto sí es cierto, el primero que trascendió el mundo académico y llegó al público general. De modo que si queremos averiguar qué intereses hay detrás de esta historia, una buena opción es investigar los posibles intereses de los artífices de este éxito, los apadrinadores y principales difusores del trabajo de Darwin, el denominado “X-club”. El X-club, formado por nueve hombres entre los que se encontraban Huxley o el economista Herbert Spencer, llegó a ser tan influyente durante la época victoriana que de ellos se llegó a decir que “dirigían la ciencia británica”. Su principal cometido, sustituir el antiguo paradigma cultural, la antigua cosmovisión sobre la que descansaban la Europa feudal y, posteriormente, los grandes estados de la Edad Moderna, basada en el catolicismo o el protestantismo, según la zona (el segundo en realidad vino a ser una transición entre el primero y el actual, pero no nos extendamos ahora en eso), por un nuevo paradigma basado en la ciencia, o mejor dicho, en unas tendencias y lineas de desarrollo científico basadas a su vez en una racionalidad, filosofía, y cosmovisión muy concretas, descritas a mi juicio muy brillantemente por el filósofo de las ciencias Mauricio Abdalla :

    http://www.iieh.com/sociedad/articulos_sociedad03.php

    Una racionalidad, filosofía, y cosmovisión que constituyen ni más ni menos que el pilar metafísico sobre el que descansa nuestra sociedad actual, nuestro modelo socioeconómico y nuestro modelo de convivencia. Y creo que a estas alturas empezamos a abordar el mito en su auténtica magnitud, su importancia y su significado.

    La segunda linea de investigación nos lleva al origen del paradigma neodarwinista y el psitoletazo de salida del boom de la investigación molecular basada en el reduccionismo genético, impulsada principalmente, al menos en sus primeros tiempos, por la fundación Rockefeller. Para acortar me remitiré a otra obra abundante en referencias y que se adentra, en detalle y perspectiva, ampliamente en este nuevo episodio. Se trata del libro “Biopiratería” (editorial Icaria) de Vandana Shiva. En esta fase podemos apreciar que los intereses que hay detrás del mito cobran una forma muy tangible: Es un hecho que dos de los sectores industriales más poderosos y lucrativos del mundo, y con más importancia en la Bolsa, a saber, el farmaceútico y el de las nuevas tecnologías de la agroindustria, se desarrollan desde una metodología científica enteramente basada en los principios del neodarwinismo; a saber, que las características o “rasgos fenotípicos” de los seres vivos están codificadas en unas secuencias individuales de nucleótidos denominadas “genes”, que se modifican (evolucionan) de forma completamente azarosa, siendo seleccionados de forma natural (o bien de forma “artificial” por la mano del hombre) en función de su “fitness” o eficacia biológica (o económica en el caso de las “nuevas tecnologías”).

    Comprendo que resulta difícil de asumir que verdades tan universalmente aceptadas como las que figuran en los libros de texto de historia y biología resulten no ser tales. Es algo así como cuando nos cuentan que los reyes son los padres. Aquí es ya opción de cada uno el vencer las resistencias e investigar, ir a las fuentes, tratar de corroborar unas ideas u otras, de discernir qué es lo más verosímil, que explicación cobra más sentido a medida que ahondamos en la perspectiva y el detalle.

    Y aún queda otro aspecto de crucial importancia, el de los mecanismos que hacen posible que la verdad acerca de un mito establecido no vea la luz. Existen muchos medios, que son puestos en práctica en primer lugar por el lobbismo científico, impulsado en última instancia por intereses privados: http://www.slingshotpublications.com/dwarfs01.pdf

    El más elemental de ellos exactamente análogo al que practican los mass media a la hora de “informarnos”, es decir, en primer lugar, seleccionar lo que es noticia y lo que no. Así, en los relatos históricos, se seleccionan unas anécdotas y se omiten otras, generando como consecuencia una historia completamente artificial. En el aspecto científico, de capital importancia es la aplicación rutinaria de desiguales “standards de aceptación” acerca de hallazgos y resultados experimentales por parte de la élite dirigente de la comunidad científica (equivalente y análoga en funciones a la “jerarquía eclesiástica”, en cuyo eslabón más alto se encuentran los círculos de influencia de las denominadas “revistas de alto impacto”). Para todo resultado que corrobore la teoría hegemónica en un campo dado, especialmente en aquellos más significativos a los intereses de dichos “círculos de influencia”, se aplican unos standards de aceptación muy bajos, casi nulos. Se trata del “todo vale”, y como resultado de ello son las innumerables barbaridades con las que nos sorprenden habitualmente las grandes revistas (como por ejemplo, esta: http://www.elpais.com/articulo/futuro/origen/Revolucion/Industrial/elpepusocfut/20070912elpepifut_1/Tes) y las tremebundas chapuzas científicas aceptadas con la máxima seriedad, como la teoría de la “Eva mitocondrial”, por poner el primer ejemplo que se me viene a la cabeza.

    Por otro lado, los resultados y hallazgos que refutan dichas teorías hegemónicas son sometidos a unos standardas de aceptación altísimos, casi insalvables, cuando no se rechazan directamente sin dar la menor explicación al respecto, como es la costumbre de Nature. Haciendo un sólo pequeño esfuerzo de imaginación, podemos hacernos a la idea del profundo alcance, en lo que a sesgo intelectual se refiere, que tiene, por acción acumulativa, año tras año y década tras década, la aplicación universal y rutinaria de estas prácticas.

  19. valenastur

    Personalmente sólo me he leído “el origen de las especies”. Y es un libro cojonudo. Si uno se atiene a lo que el libro dice es muy dificil meter a Darwin en el saco del pensamiento (neo?)liberal. Se cuida mucho de hacer cualquier tipo de extrapolacion a lo social del mecanismo biologico que identifica. Y tampoco mantiene, dentro del ambito de la bilogia, posiciones teleologicas del tipo “perfeccionamiento la raza/especie” ni nada remotamente parecido. Es evidente que Darwin participaba de su medio social y que la metáfora liberal estaba a la orden den día en la explicacion de los fenomenos sociales y naturales. Pero de ahí a identificar la teoria de darwin como parte de un conglomerado ideologico destinado a justificar el orden social va un trecho. Aunque solo sea porque ni en su época ni ahora (creacionismo, diseño inteligente..) el pensamiento conservador ha asumido nada bien las implicaciones “materialistas” y “ateas” de dicho pensamiento. Sinceramente recomiendo la lectura del libro (“el origen de las especies”); es ameno, interesante, y despeja muchas dudas porque darwin debate muchos argumentos de sus criticos, perfilando claramente el alcance de su propuesta.

  20. ccc

    Efectivamente, llamar subgraduado en teleología, que es la verdad, tiene un sesgo claro: oponer los argumentos de “divinizar” a Darwin (“el gran científico” y mil otras maravillas con el sesgo opuesto). Por ahora Máximo se limita a arrojar dudas con tono irónico. Pero él sí se ha leído a Darwin y conoce muy bien sus escritos, algunos de los que criticáis a Máximo, reconocéis que no o no lo suficiente. Entonces, ¿por qué aseguráis cosas como: “abiertamente falsa (la apelación a las máximas de Spencer y Malthus)? Cuando resulta que el propio Darwin lo reconoció en su autobiografía.
    Lo mismo con lo del Darwinismo social y pensar que no tenía nada que ver con Darwin. En fin, leeros a Darwin, y no sólo el Origen.
    Y sed pacientes, que llegarán más entregas.

  21. Andrea

    Quería invitarlos a ver “Battle at Kruger” a través del youtube. Lo encontré el otro día y me emocionó mucho.
    Cuando uno lo ve se pregunta cuan frecuentes serán estas batallas en la Naturaleza…y a la vez pensamos si alguna vez vimos alguna de esas “maravillosas” batallas en la televisión…
    Es que me da que pensar que no conviene al sistema que nos reforcemos, o que nos demos que las cosas no son tan simples. Siempre inducen con la educación a pisarle la cabeza al otro – ¡¡por ley natural!!, porq sobrevive el mas fuerte-o apto, da igual-. Que cansancio. Eso me desgasta

  22. Jon

    Supongo que será en alguno de los siguientes artículos donde el profesor Máximo Sandín, comience a desplegar el “análisis crítico” que según dice guía su “duda metódica”.
    Por el momento no nos ha proporcionado ni un sólo razonamiento, argumento o dato que oponer a … ninguna hipótesis, planteamiento o tesis concreta y específica de Darwin.

    Eso sí, un poco de desprecio profesoral (“…cuyos estudios se limitaron a la titulación de “subgraduado en teología””) que suena más bien al antiguo argumento de autoridad; bastante intento de sarcasmo (“genial idea” , simpleza, “brillante”) de cuya calidad no opinaré; y mucho calificativo rotundo como alzando la voz (“nefasto fraude”, “la más hipócrita manipulación”). Todo ello con una constante atribución de intenciones (a Darwin) que en el mejor de los casos es sólo infundada, puesto que no hay una sóla justificación o argumento al respecto, cuando no abiertamente falsa (la apelación a las máximas de Spencer y Malthus como “fundamentos” ).

    Enfin, Miguel, si es así como vas a intentar que “la otra versión de la historia circule” no parece que vaya a resultar en una gran contribución a la divulgación ni, mucho menos, al contraste de ideas.
    Me parece que el espíritu crítico eleva menos la voz y contraargumenta más, sea con alternativas de mejores explicaciones a los fenónemos, sea con demostraciones de los errores, insuficiencias o contradicciones del planteamiento a criticar.

    Y, como dice Jose A. G. Charton, hay mucho que criticar en las presentaciones simplistas de los planteamientos darwinianos (y subsiguientes planteamientos evolucionistas) que ultimamente se utilizan mucho en popularizaciones de la biología y más allá de la biología (ciencias sociales, psicología, filsofía, ética, etc.).

    Saludos,
    Jon

  23. Anibal

    Coincido con el comentario anterior. Yo no soy biólogo, son antropólogo y conozco menos de Darwin de lo que debería, pero aún así lo suficiente de la teoría de la evolución como para diferenciar los planteamientos teóricos y la investigación de los usos políticos de los vivillos de siempre.

    Veamos, hay mucho chanta suelo hablando de cosas cuánticas sin siquiera haber leído un libro serio de física cuántica y menos haber estudiado física (y aún menos cuántica). Sin embargo nadie achaca a ningún investigador en física cuántica las tonterías que se dicen sobre su área de estudio.

    Esto es igual, ¿que culpa tiene darwin, y mucho menos cantidad de investigadores serios que vieneron después de que unos vivos anden malinterpretando la selección natural y diciendo estupideces para justificar sus animaladas? Ninguna.

    La selección natural no es la selección de más fuerte, ni del mejor, sólo del más apto, que lo es por una cuestión coyuntural, no de diseño (esos son otros).

    La evolución no camina hacia la perfección, sino que se mueve ciegamente por azar.

    La selección natural no es el único mecanismo de la evolución, otros como la deriva génica son también muy importantes.

    En el caso de hombre la evolución cultural y sus procesos, así como las características culturales de cada pueblo juegan un papel tan importante que la explicación por la biología unicamente es una perogrullada de tamaño colosal.

    Y creer que el “darwinismo social” tiene realmente algo que ver con Darwin mismo es también un error garrafal. Coincido con José, y sospecho un movimiento hacia ideas místicas en toda esta “crítica” a Darwin y la teoría de la evolución.

    Saludos,
    Anibal

  24. Jose A. G. Charton

    Buenos días,

    Yo tampoco, paradójicamente (lo digo por mi profesión de biólogo) conozco en profundidad la obra de Darwin, aunque mejor debería decir “el estado actual de la teoría de la evolución”, pues a Darwin se le admira (o venera) por ser el primero en plantear argumentos irrefutables en contra del origen divino de la vida (y del ser humano), en un tiempo (hace 150 años, más o menos) en que hacer tal cosa era objeto, como mínimo, de repulsa social, pero desde entonces se ha escrito demasiado como para seguir poniendo a Darwin en la picota. Por favor, dejemos a Darwin en su peana, y hablemos de la teoría de la evolución hoy…

    Entonces veremos que nada hay más lejos de la idea actual que el pensar que la competencia es el único (ni siquiera que sea uno) de los motores de la evolución. Parecen tener más peso las relaciones indirectas (el enemigo de mi enemigo es mi amigo), la cooperación y el altruismo (en definitiva, la coevolución), al igual que la estrategia más provechosa (es decir, la que le permite acrecentar su probabilidad de supervivencia) para una especie no es competir, sino precisamente evitar la competencia (divergencia de nicho) y cooperar. La biología hoy va más en contra que nunca de la idea de dominación del más fuerte, bien al contrario, de ella se puede desprender la idea de que lo interesante es la cooperación, la diversidad, la ayuda mutua, el altruismo…

    Mezclar biología y sociología es muy interesante, pero creo que a quien hay que combatir es a los sociólogos que hacen (torticeramente) una interpretación simplista o ingenua de la teoría de la evolución, y no a los biólogos que trabajan en ella (y aún menos a Darwin, que bastante hizo él en su día para que andemos ahora poniéndolo a parir).

    Máximo Sandín hace muy bien en divulgar, desde la antropología biológica, nuevas ideas sobre los mecanismos evolutivos, pero ese combate debe dirimirse hoy en día en las revistas científicas, y no tanto en los blogs…

    ¿Por qué será que me da que detrás de todo este movimiento hay más involución que revolución?

    Un saludo,

    Jose

  25. Gabriel

    Es una de tantas mentiras en la que esta sociedad esta sumergida, hoy en dia es inconcebible que esta “teoria” se este enseñando o mejor dicho “adoctrinando” en colegios y universidades
    Habria que preguntarse por que quieren que pensemos que la vida es luchar o morir por que es afan de convencernos de que la vida es asi, el mas fuerte sobrevive el inadaptado sobra y merece morir.
    Gracias por tu trabajo.
    Un saludo.

  26. Miguel Jara

    Muchasgracias a todos los que estáis participando, con tanta calidad en vuestros comentarios, en este debate. En breve volveré a publicar sobre ello. Sí me gustaría pediros que tengáis en cuenta que muchas de las personas interesadas en el mismo no tienen/tenemos los conocimientos científicos que hay que tener para comprender en su totalidad algunos de vuestros presupuestos, intentad describirlos de la manera más sencilla posible. Un saludo cordial a todos.

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