Lo que «tapa» la Covid: Fármacos retirados o cuyos daños pasan desapercibidos

La sobreinformación sobre la Covid-19 está «tapando» otros temas sobre salud o sanitarios importantes. A mí, como sabéis los asiduos a este blog, me gusta repasar el boletín información mensual que ofrece la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps). No todo va a ser publicar sobre las nuevas vacunas para la Covid o los fármacos que están investigándose para dicha enfermedad. La epidemia silenciosa de daños provocados por tratamientos médicos continúa, os cuento.

La Aemps ha decidido revocar la autorización de comercialización del medicamento Esmya (acetato de ulipristal) debido al riesgo de daño hepático grave. Es algo que viene de lejos y no habían retirado del mercado aún el producto pero apareció un nuevo caso y al fin los investigadores de la Agencia de Medicamentos ha decidido que la relación beneficio-riesgo de este medicamento se considera desfavorable para las indicaciones autorizadas, ya que:

La relación de causalidad entre la administración de Esmya y el desarrollo de fallo hepático grave se considera altamente probable. Además, se desconoce la frecuencia de aparición de esta reacción adversa grave. No se han podido identificar las pacientes que podrían ser más susceptibles de desarrollar fallo hepático tras la administración de este fármaco.

Tampoco ha sido posible determinar medidas eficaces a la hora de minimizar este riesgo. Dada la gravedad de esta reacción así como la naturaleza idiosincrática de la misma, se considera que los riesgos de la administración de este medicamento superan sus beneficios terapéuticos».

Las fluoroquinolonas son antibióticos sintéticos que incluyen los siguientes principios activos comercializados en España: ciprofloxacino, levofloxacino, moxifloxacino, norfloxacino y ofloxacino.

La seguridad de este tipo de antibióticos ha sido objeto de evaluación en varias ocasiones a lo largo de los últimos años, por lo que se restringieron sus indicaciones terapéuticas y se incluyeron en los prospectos de estos antibióticos, el riesgo de disección y aneurisma de aorta.

Una nueva revisión de este grupo terapéutico -según la Aemps-, pone ahora de manifiesto la posible aparición de insuficiencia valvular y regurgitación cardíaca (que las válvulas del corazón no cierran bien) durante el tratamiento. Los datos analizados en esta ocasión son procedentes de las notificaciones de sospechas de reacciones adversas y de los resultados de dos estudios.

Se debe informar a los pacientes de que soliciten atención médica de inmediato en caso de que presenten síntomas como disnea aguda, palpitaciones o edema abdominal o de las extremidades inferiores. Eso sí, en esta ocasión no retiran estos medicamentos del mercado.

También sabemos por la Agencia que datos de ensayos clínicos indican un aumento de riesgo de Leucoencefalopatía multifocal progresiva (LMP) en personas tratadas con bendamustina, principalmente en combinación con rituximab u obinutuzumab. Esto es quimioterapia… y su nombre comercial es Treanda. Algunos casos identificados tuvieron desenlace mortal. No sólo eso, este fármaco también puede causar cáncer de piel.

La Aemps también avisa sobre «ideación suicida, intento de suicidio» (particularmente en pacientes con antecedentes de depresión o enfermedad psiquiátrica preexistentes), provocada por el medicamento, Biktarvy, utilizado para el VIH/Sida. Es ahora una de las posibles reacciones adversas a padecer.

Más noticias. Se han notificado reacciones adversas sistémicas graves en niños menores de doce años, asociadas al uso de productos oftálmicos que contienen fenilefrina, por lo que se contraindica su uso. En niños de doce a 18 años, no hay datos del uso de fenilefrina 100 mg/ml por lo que no está recomendado su uso en estos pacientes.

Y se han notificado graves daños en la piel, como síndrome de Stevens-Johnson, necrólisis epidérmica tóxica (síndrome de Lyell o NET) y pustulosis, que pueden llegar a ser mortales, en pacientes a los que se les administró iopamidol en solución inyectable. Se debe advertir a los pacientes de los signos y síntomas de reacciones cutáneas graves y hacer un seguimiento estrecho para detectarlas.

Sabemos ahora que Lenvima (lenvatinib), un tratamiento contra el cáncer de tiroides, puede provocar osteonecrosis mandibular, «muerte» de los huesos de la mandíbula.

Hay más, lo mejor es que leáis bien el boletín que os enlazo al principio de este post.

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