Porqué la comida muy procesada o “basura” puede ser adictiva

La comida industrializada o ultraprocesada es adictiva y no por casualidad. Si las compañías tabaqueras han conseguido millones de clientes adictos a sus productos gracias a la nicotina y otros aditivos que llevan los cigarrillos, las alimentarias han hecho lo mismo con la grasa, la sal y el azúcar.

La relación entre tabacaleras y alimentarias nació en 1985 cuando R. J. Reynolds adquirió Nabisco y alcanzó niveles épicos unos años más tarde, cuando el mayor fabricante de cigarros, Philip Morris, se convirtió en la primera empresa de comida al adquirir a su vez a dos de las más grandes de la alimentación industrial, General Foods y Kraft.

Altos representantes de Philip Morris guiaron a los gigantes de la comida industrial en sus momentos más críticos, desde el rescate de productos cuando las ventas se hundían hasta el diseño de una estrategia para lidiar con la creciente preocupación de la población por los temas relacionados con su salud.

Cuando la sociedad comenzaba a preocuparse por la epidemia de obesidad que hay en el mundo, Philip Morris desarrollaba su propia transformación estratégica sobre cómo discutir y enfocar los aspectos sanitarios de la nicotina.

Pero antes de explicarlo quiero que quede claro a qué me refiero con que hay premeditación en la manipulación de la manera que hoy se alimenta la población en los países de nuestro entorno (y ya de casi todo el planeta).

Lo que ingerimos nos gobierna, dirige en buena medida nuestra conducta. En un genial artículo en el que equipara la adicción a las drogas con el consumo compulsivo de comida, el psiquiatra Richard A. Friedman se plantea:

¿Por qué alguien continúa consumiendo drogas a pesar de las consecuencias médicas y la condena social? ¿Qué hace que alguien coma cada vez más aunque corra el riesgo de afectar su salud? Existe una clara relación entre el estrés y la adicción:

Los neurocientíficos han descubierto que la comida y las drogas tienen por objetivo común el “circuito de recompensa” del cerebro y que el cerebro de los humanos y otros animales estresados sufren cambios biológicos que pueden tornarlos más susceptibles a las adicciones”.

Cita un estudio dirigido en 2010 por Diana Martínez y sus colaboradores en el que escanearon los cerebros de un grupo de sujetos de referencia sanos y descubrieron que un bajo estatus social y el menor grado de apoyo social percibido -ambos considerados factores de estrés– estaban correlacionados con menos receptores dopaminérgicos D2 [uno de los que regulan el comportamiento alimentario] en el circuito de recompensa del cerebro.

Todas las recompensas -el sexo, la comida, el dinero y las drogas- causan una liberación de dopamina, lo que genera una sensación de placer y le dice al cerebro algo como:

Esta es una experiencia importante. ¡No la olvides!”.

Según este profesional de la mente:

El circuito de recompensa evolucionó para ayudarnos a sobrevivir empujándonos a ubicar comida o sexo en nuestro entorno -continúa Friedman-. Hoy en día, cuantos más receptores D2 tengas, mayor será tu nivel natural de estimulación y placer y menor la probabilidad de que busques drogas o comida reconfortante para compensarlos”.

La misma neurociencia nos ayuda a entender porqué se come de manera compulsiva. La comida, como las drogas, estimula el circuito de recompensa del cerebro. La exposición crónica a alimentos ricos en grasas y azúcar se asocia igualmente con niveles más bajos de D2 como ya he contado y también es más probable que a quienes tienen los niveles bajos de D2 se les antoje este tipo de alimentos.

Se trata de un círculo vicioso en el que una mayor exposición da pie a más antojo. Y eso la industria lo sabe y buena parte de la misma lo aprovecha para hacer nuevos clientes y fidelizar los que ya tiene.

Todos estos procesos químico-cerebrales tienen un componente en buena medida genético y no podemos cambiar nuestra genética pero sí podemos modificar nuestro ambiente, el entorno “natural” en el que se desenvuelve nuestra vida y nuestra conciencia. La vida es una continua elección. La industria de los alimentos procesados ha transformado nuestra comida en una especie de droga, mientras que la industria farmacéutica ha sintetizado drogas cada vez más potentes que se han desviado hacia un uso recreativo.

La comida hoy tiene un componente recreativo para muchas personas. El consumo excesivo de azúcares, grasas insalubres y sal mediante los alimentos procesados, es la principal causa de esta alimentación insana.

Es lo que nos cuenta el periodista Michael Moss en su libro Adictos a la comida basura, que no sólo son malos los productos que llevan gran cantidad de sal, grasa y/o azúcar sino que su añadido se hace de manera premeditada para azuzar nuestros instintos básicos y que deseemos comida basura. Alimentan nuestros deseos y todos contentos; población satisfecha, industria rentable.

Un Comentario a “Porqué la comida muy procesada o “basura” puede ser adictiva”
  1. Jose Manuel

    El plan blanco es una droga, personalmente he podido comprobar como los peces en el mar se vuelven adictos si se les habitua y solo quieren pan. Desdeñan jugosos trozos de sardina y se enfrascan en un frenesí devorador de pan blanco.

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