La narrativa estratégica para negar el cambio climático

Hace 30 años la mayoría de los científicos estaban de acuerdo en que el cambio climático provocado por el hombre esa un problema real que requería medidas. Sin embargo, un pequeño grupo sostenía que no había motivo de alarma. Esto fue porque existió un plan, subvencionado por algunas de las compañías más contaminantes del planeta, para negar la existencia de dicho problema.

La clave negacionista estuvo en difundir hasta la saciedad que no había consenso científico sobre la existencia del calentamiento global. El principal lobby «escéptico» ha sido la Coalición Global por el Clima (GCC, por sus siglas en inglés). Este congregaba a las industrias del petróleo, el carbón, el acero, el ferrocarril y los automóviles.

Muchos de estos escépticos o negacionistas han rechazado que la financiación de la GCC y de otros grupos industriales haya influido en sus opiniones. Pero los científicos y ecologistas que defendían la existencia del cambio climático se encontraron con una campaña que les resultó difícil de igualar.

La Coalición sembró la duda por todas partes y los ecologistas no sabían realmente cómo responder.

La campaña consistió en pagar a estos escépticos para que dieran discursos o escribieran artículos de opinión -unos 1.500 dólares por artículo– y en organizar giras por los medios de comunicación, para que aparecieran en las televisiones y radios defendiendo sus tesis.

Esto lo organizaron algunos gurús de las relaciones públicas que tenían en su haber una serie de campañas para algunos de los mayores contaminantes de Estados Unidos (EE.UU.).

Un supuesto experto en lobby, por ejemplo, trabajó para la industria química desacreditando las investigaciones sobre la toxicidad de los pesticidas; para la industria del tabaco y también había realizado una campaña contra el endurecimiento de las normas que buscaban limitar las emisiones contaminantes producidas por los fabricantes de automóviles.

Hasta la década de 1990 las advertencias sobre el impacto del ser humano en el clima por su estilo de vida contaminante seguían su curso lógico. Todo cambió en 1992. En junio, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (Brasil), la comunidad internacional creó un marco para la acción climática.

En las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de ese año Al Gore, más sensible a temas ecológicos ganó a la familia Bush, petrolera.

La GCC reconoció que necesitaba ayuda en materia de comunicación estratégica y sacó a concurso para contratar a una empresa de relaciones públicas que desarrolló la citada campaña.

Lo que más me interesa hoy comentaros es lo que tiene que ver con algunos relatos estratégicos modernos? Es la historia del poder (y del contrapoder) de la narración estratégica.

¿Sabéis quién fue Edward Bernays? Pues aparte de ser sobrino de Sigmund Freud, de quien copió ideas sobre el funcionamiento de la mente humana para sus fines nada humanitarios, fue el pionero mundial de las relaciones públicas.

Las bautizó así y fue el primero en publicar un libro sobre la materia en el año 1923 titulado Cristalizando la opinión pública.

Bernays fue asesor personal en materia de relaciones públicas de varios presidentes de Estados Unidos y de las empresas internacionales más importantes del mundo.

Este maestro de las relaciones públicas y el marketing o de la manipulación, según se mire, ayudó a la industria tabaquera en la década de 1920 a abrir a un nuevo y codiciado mercado convenciendo a las mujeres de que fumasen cuando estaba mal visto para ellas.

Lo interesante de todo este relato, pura estrategia narrativa para crear un nuevo mercado, es que la historia sigue repitiéndose aplicada a otros ámbitos.

Este ideólogo corporativo resumía su maestría en el arte de conseguir que las personas se comportaran de manera irracional si se lograba vincular los productos (o las políticas) con sus emociones y deseos más acendrados.

Esto me recuerda a lo que sucede con el cambio climático, pese a que llevamos décadas siendo advertidos de que va a suceder y que va a implicar drásticos cambios en nuestro modo de vida, es como si no quisiéramos aceptar, racionalizar ese enorme peligro.

Quizá porque nuestras emociones y deseos quieren que todo siga igual, que la vida relativamente acomodada que llevamos las personas en los países llamados desarrollados o ricos no cambie, que el ritmo de consumo y gasto de energía, que sucintamente es lo que ha provocado la actual emergencia climática, no paren.

Bien, han transcurrido los años, el cambio climático ha pasado de ser «algo que podía suceder» a ser una realidad mayoritariamente aceptada, pese a los intentos de retrasar las posibles soluciones al calentamiento global.

Y el relato también ha cambiado adaptándose a los tiempos. Los círculos económicos y políticos de poder que antes negaban ahora aceptan e incluso están por la labor de «pasar a la acción».

Hacer cosas para evitar el colapso ecológico que podría provocar una cadena de reacciones que condujesen a la práctica extinción de la vida sobre la Tierra.

¿Y qué nos cuenta esa narración estratégica? Pues casi lo que queremos oír.

Que aún estamos a tiempo de parar el cambio climático, que es posible si nos encaminados hacia una «economía verde», que si sustituimos las fuentes energéticas provenientes del petróleo, las energías sucias por otras renovables o «limpias» el planeta dejará de calentarse y podremos seguir viviendo tranquilos.

A todos los «expertos» y lobbies negacionistas mencionados les debemos que hoy nos achicharremos de calor mientras las medidas que van tomándose llegan tarde y son insuficientes.

5 Comentarios a “La narrativa estratégica para negar el cambio climático”
  1. Rafa

    Yo hace unos años pensaba igual que lo expresado en el artículo, sin darme cuenta de lo manipulado que estaba. Ahora me doy cuenta de que era todo lo contrario y que el cambio antropogénico, ligado supuestamente al CO2 es una nuevo camelo de la élite y que va a servir de excusa para la nueva religión del carbono, que con la creación de los créditos del carbono (nos asignarán una cantidad que podremos consumir o bien nos cobrarán lo que estimen por nuesrta huella de carbono) limitarán y reducirán nuevamente nuestras libertades. Como curiosidad, el Banco Santander ya está mandando a sus clientes su huella de carbono y el dinero que tendrían que aportar para compensarlo. Por ahora no te obligan a pagar, solo te recomiendan que lo dones a ciertas ONG que plantan árboles, pero todo se andará. La élite a encontrado una nueva forma de sangrarnos y de limitar nuestras libertades, pero lo hacen POR NUESTRO BIEN.

  2. Carlos

    Me parece un camelo, lo del cambio climático, la finalidad es robarnos mucho más, y restricciones de movimiento para unos impuestos que se supone que deben ser para solucionar el problema, y lo «solucionan» haciendo que la gente sea más pobre, en cambio el estado va aumentando sus gastos a costa de deuda para seguir empobreciendo al personal.
    FIN

  3. Jesús Cuenca

    Afirmar el cambio climático es una obviedad pues siempre ha existido, y culpar a los materiales fósiles en concreto al CO2 de nuestros calentamientos u olas de calor locales, vemos que conduce a la perdida del campo para sembrar, para llenarlos de placas solares y molinos en las montañas. El mundo no estaría verde sin CO2.
    El denominado calentamiento global, cambio climático o emergencia climática será una vez aceptado por la mayoría de mentes de este planeta, la puerta que abrirá a leyes restrictivas e impuestos, que enriquecerán a los mismos sin conseguir que este planeta cambie lo más mínimo.
    Lo que hay es una emergencia ambiental, que sería lo más fácil de solucionar, Las ciudades son auténticas islas de calor por sus dimensiones y concentración de población, y el campo ya no depende de los agricultores sino de una industria que lo va esterilizando con sus fertilizantes químicos.
    En fin, quien determina y afirma sobre el calentamiento son los otros científicos y ecologistas que son la mayoría, que también cobran sus sueldos divulgando.
    Si la ciencia es consenso no es ciencia.
    Recomiendo este artículo : https://www.fpcs.es/clima-y-co2-la-evidencia-frente-al-dogma/

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