Esta semana se ha producido en la Comisión Europea, el órgano de gobierno central de Europa, una votación muy importante para el futuro de los alimentos transgénicos en el continente. Estaba en juego si se aprobaba el cultivo de dos nuevos tipos de maíz que llevan insertado un pesticida, como los que ya se cultivan en España. Pueden parecer anecdóticas estas decisiones y debates pero la industria biotecnológica (la que fabrica estas semillas y cultivos de laboratorio destinados a nuestra alimentación) va “colando” en los supermercados poquito a poco estos productos tan cuestionados.
 La Comisión también decidía sobre si cultivar en Europa una patata transgénica (que en este caso contiene genes de resistencia a antibióticos). La Comisión Europea, a iniciativa del presidente Barroso, está forzando el debate presionado por los potentes lobbies -o grupos de presión industrial- de la biotecnología. Políticos (muchos políticos europeos apuestan por la basura comida en la Unión Europea), de la mano de ciertas empresas, desean encarar la definitiva aprobación de cultivos y alimentos transgénicos en la UE.
 
Por ahora, esta Frankensalada tendrá que esperar: tanto los maíces como la patata de laboratorio “se han mandado de vuelta a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) lo que nosotros interpretamos como una desautorización a esta Agencia”, indican los portavoces de Amigos de la Tierra, organización que ha elaborado un excelente informe sobre la presión que las compañías pro alimentos transgénicos están llevando a cabo sobre los políticos europeos para que impulsen la alimentación de laboratorio.

Conviene explicar que la institución europea encargada de velar por la calidad y seguridad de lo que nos llevamos a la boca los ciudadanos, según las normas de funcionamiento de la Administración europea, a la hora de autorizar un cultivo o un alimento se limita a revisar los informes de la compañía interesada en comercializarlo. No realiza análisis independientes. Así se explica que la EFSA, a petición de la Comisión, y gracias a que el actual Comisario de Medio ambiente europeo no parece estar por la labor de impulsar la alimentación trasngénica, haya recibido de nuevo los informes sobre estas variedades de laboratorio para su revisión (que volverá a no ser independiente).

Este funcionamiento -legal, repito- de la EFSA es idéntico al de la EMEA, la Agencia Europea de Medicamentos, que tampoco realiza estudios independientes cuando una farmacéutica solicita licencia para comercializar un fármaco en Europa. La EFSA, además está conformada sobre todo por biólogos moleculares. Haría falta otros especialistas para juzgar otros aspectos del cultivo y comercialización de alimentos transgénicos, como los ecólogos. Amigos de la Tierra advierte que muchos empleados de la EFSA tienen conflictos de interés con las compañías biotecnológicas. ¿Quién está gobernando Europa?

En este documento se denuncia la proximidad entre el órgano ejecutivo de la UE, la Comisión Europea, y el lobby biotecnológico, capitaneado por EuropaBio. Desayunos “de trabajo”, encuentros o jornadas de la industria cuentan con altos cargos de la Comisión. La presencia de la industria en órganos asesores clave y el acceso privilegiado a la información señalan también la preocupante cercanía entre los grupos de presión de la industria y la Comisión.

El resultado: un marco político favorable, intentos de rebajar los controles sobre los cultivos y alimentos transgénicos, apuesta firme de la UE por la comida biotecnológica y millones de euros de fondos públicos dedicados a financiar las investigaciones de la industria.

EuropaBio es uno de los principales grupos de presión sobre alimentos y cultivos con organismos modificados genéticamente en la UE, y presume de su trato directo con miembros de la Comisión Europea. Las campañas de este lobby de la agricultura biotecnológica están lideradas por las empresas Bayer Cropscience, DuPont/Pioneer, Monsanto y Syngenta.

EuropaBio también ha presionado a políticos europeos para conseguir que la biotecnología aplicada a la agricultura se haya convertido en un tema estrella en el programa de investigación de la UE con una inversión de 53 mil millones de euros provenientes de las arcas públicas.

La Comisión Europea promueve estas conexiones entre lo público y lo privado a través de plataformas tecnológicas específicas sobre alimentación y cultivos transgénicos, y sobre biocombustibles y productos alimentarios, en plena crisis mundial de subida de precios de los alimentos básicos (entre otras razones por los cultivos para biocarburantes).

Se trata de la trasvase de dinero público hacia intereses económicos privados. EuropaBio es, en sus propias palabras, “la voz de la industria biotecnológica en Europa”. Hoy aún más poderosa con el dinero de los ciudadanos europeos.

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Pues sí, muchos días ya sin actualizar el blog. Un viaje por Caracas (Venezuela) y Bogotá (Colombia) me ha tenido ocupado durante la última semana. El motivo ha sido una invitación del Ministerio de Salud vanezolano y del departamento de Salud de PVDSA, la empresa más grande de Venezuela para participar en un evento, el I Simposio Internacional Medicamentos y Salud Pública que estas dos instituciones han organizado en Caracas.
 
Un éxito total, desde mi punto de vista. El salón de actos de la citada compañía, que acogió el evento, de una jornada de duración, estaba llena, unas 450 personas contando por lo bajo, la mayoría médicos, farmacéuticas, profesionales sanitarios o altos responsables del sistema de salud. Me llamó la atención el enorme interés del público asistente.
 
Estoy acostumbrado a que en los eventos públicos que participo haya un buen nivel de conocimiento de los temas que se tratan pero en Venezuela el calor de las personas que se acercaron a escuchar las conferencias, su interés por los temas, la participiación en el acto, fue especial.
 
El Gobierno venezolano está haciendo un esfuerzo muy importante por impulsar el sistema público de salud y la calidad del mismo, y este encuentro fue buena muestra de ello. Me tocó ser quien abriera el simposium hablando sobre la fabricación de enfermedades. Los participantes invitados fueron de lujo. Tras de mí intervino por videoconferencia el periodista australiano Ray Moynihan, aunténtico pionero y experto en la divulgación del fenómeno de la invención de enfermedades. Continuaron Nuria Homedes (directora del imprescindible Boletín Fármacos, sin cuya existencia no podría haber escrito mi libro Traficantes de salud, dicho sea de paso); Teresa Alves activista de Health Action International (HAI) y muy buena oradora; Perla Buschiazzo, especialista argentina en prescripción racional de medicamentos y accesibilidad a los mismos; y Claudia Vacca, investigadora de la organización civil colombiana Ifarma y profesora de Farmacia de la Universidad Nacional de Colombia.
 
La prensa venzolana también ha mostrado un gran interés por los temas desarrollados, destacaría, entre otras, una entrevista que me hizo Venezolana de Televisión en horario de máxima audiencia.

Un viaje pues breve pero muy muy intenso en el que hay que agradecer a la organización el esfuerzo realizado, su claridad de ideas y el despliegue de medios hecho para concretar en una jornada tantas voces hablando de asuntos tan necesarios para la ciudadanía, y que esta supo aprovechar.

Y aprovechando, valga la redundancia, que estaba en Venezuela y que en Colombia se había organizado un evento similar por las mismas fechas, Ifarma y la Universidad Nacional de Colombia me invitaron a dirigirme a Bogotá. En dicho espacio participamos Teresa Alves y yo, ella habló sobre agencias regulatorias y yo titulé mi intervención Morir en busca de salud, sobre la crisis de credibilidad de la industria farmacéutica, como me habían solicitado.

Nos presentó el decano de la Facultad de Económicas e intervinieron un profesor de salud pública y otro de economía. Nuevamente quedé sorprendido por el compromiso social de estos y del público, muy amplio y joven en su mayoría -a excepción de dos conocidos abogados que suelen representar a los grandes laboratorios farmacéuticos en Colombia-.
 
El día siguiente fue muy intenso; los días en Latinoamérica comienzan muy pronto. También en horario de gran audiencia me entrevistó un doctor muy conocido en Colombia, Carlos Francisco Fernández, Asesor Médico del Grupo El Tiempo, el de mayor difusión del país colombiano. La entrevista, para una tv andina, versó sobre la fabricación de enfermedades pues por la tarde, el mencionado periódico, preparó un foro con las principales cabezas del sector en el que de nuevo Teresa Alves y yo volvimos a hablar ante médicos, funcionarios de la agencia de medicamentos colombiana o portavoces de laboratorios y patronal farmacéutica de la influencia decisiva de la industria de la salud en nuestra enfermedad y bienestar.

Departimos, en público y en privado con uno de los máximos responsables de una de las patronales de laboratorios en Colombia, e incluso, tuvimos tiempo para enterarnos de que en dicho foro se encontraba presente -aunque no tomó la palabra pese a que estaba invitado a ello- alguien que, tras concluir el evento, hizo una llamada a uno de los máximos responsables de una de las multinacionales farmacéuticas que operan en Colombia. Informó sobre qué habíamos contado Teresa y yo. Sobre todo invirtió su tiempo en comentar lo que yo había explicado durante mi intervención despertando su curiosidad y la de su interlocutor la gravedad de los hechos que cité referidos a determinados laboratorios y que hablara en público de ello. También gastó su tiempo en insultos varios.

Nos vinimos muy satisfechos de nuestra estancia en tierras colombianas y preocupados de que la agencia de medicamentos de ese país tenga en su consejo de dirección a representantes de la industria farmacéutica, conflicto de interés que altos funcionarios de la administración de salud no ven como tal, aunque muestran cierto interés por avanzar hacia la ética y la independencia.

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Pronto van cumpliéndose las peores expectativas en materia sanitaria y de medio ambiente con el nuevo Gobierno de Zapatero. La jugada de la desaparición de Cristina Narbona y el Ministerio de Medio Ambiente tal y como era en su época, o para mayor exactitud, la absorción por parte del Ministerio de Agricultura (ésta sobre todo química, industrial y con cesiones al lobby pro alimentos transgénicos) de la cartera de Medio Ambiente en el actualmente denominado Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, ha sido muy comentada. Se interpreta, y los hechos comienzan a confirmarlo, como un intento de acabar con una voz y una política crítica, la de la propia Narbona, y con un Ministerio que podía ser un obstáculo al actual modelo desarrollista, insostenible ambientalmente y por lo tanto poco saludable que practica el Gobierno.
Puestos a gestionar una segunda legislatura, ganada la primera con una política “social”, el PSOE está optando por darle un perfil más mercantilista, más proempresas al nuevo Ejecutivo. Narbona molestaba, en muchos casos estaba consiguiendo que el suyo fuera un Ministerio pro ecología, y esto es necesariamente contrario a la lógica promercado del Gobierno, cualquier gobierno europeo en la actualidad.
Narbona molestaba y como “cargarse” de raíz un Ministerio entero, el de Medio Ambiente, hubiera sido demasiado chocante, se ha asimilado a Agricultura, aunque dejando el nombre y “disimulando” la línea más mercantilista de Agricultura, que sigue dirigiendo Elena Espinosa. Pese a que ya no luce en su enunciado “Agricultura” este ministerio posee una tradición de favorecer a las grandes compañías frente a las pequeñas y medianas explotaciones; de fomentar la industrialización intensiva y con productos químicos tóxicos del campo; y que es en la actualidad el garante de los intereses de la gran industria biotecnológica, es decir, de los alimentos transgénicos (España es el país con mayor superficie de cultivos transgénicos de toda Europa).
El nuevo Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino de la ministra Elena Espinosa seguirá apoyando la inclusión en nuestros platos de productos transgénicos y por lo tanto poniendo en peligro nuestra salud y la del entorno. Y tendrá en sus manos toda la parte de Medio Ambiente que antes no gestionó y que Narbona llevaba con un aceptable resultado.
Pero el lobby pro transgénicos no sólo controlará buena parte de las decisiones de Agricultura, como viene haciéndolo durante los últimos lustros; el Gobierno ZP ha colocado a Cristina Garmendia al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación. En el libro Conspiraciones tóxicas, explicamos con numerosos ejemplos el fenómeno de las “puertas giratorias” (trasvase de ejecutivos del sector público al privado o viceversa). Este vuelve a ser un caso de manual. Garmendia era, hasta entrar en el Gobierno de Zapatero, presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), el mayor lobby pro alimentos transgénicos y fármacos biotecnológicos que hay en España (en el que están otros lobbies como la Fundación Antama o las mayores multinacionales de transgénicos del mundo: Monsanto o Pioneer), y que también congrega a buena parte de la industria farmacéutica biotecnológica (Bayer, Merck, Bristol-Myers Squibb, Roche, Schering Plough, Esteve -que dirigen Farmaindustria-, o Gilead Sciencies -creadores de Tamiflú/Gripe aviar-).
Esta empresaria hasta hace unos días, en 2000 fundó Genetrix, una compañía privada del sector de la biotecnología. Garmendia, no pierde su tiempo y también es presidenta de la Fundación Inbiomed que, financiada con dinero público, está dedicada a la investigación genética con fines farmasanitarios.
El Ministerio de Ciencia e Innovación es clave para la industria farmacéutica. Así, uno de los periódicos sanitarios que ejerce de portavoz de la misma, ha publicado que su creación “ha sido muy bien recibida por la industria”. Los grandes laboratorios ven en Garmendia a una de los suyos: “será un buen apoyo para evitar desarrollos legislativos excesivamente dañinos para el sector”, argumenta dicha publicación.
Hay que tener en cuenta que a media legislatura anterior el Ministerio de Sanidad sufrió un cambio radical. La ministra Elena Salgado, que como muchos medios especializados en temas sanitarios han publicado no gustaba nada a Farmaindustria, fue desplazada al Ministerio de Administraciones Públicas. En su lugar entró el actual ministro Bernat Soria, muy del gusto de las farmacéuticas. Como ha publicado Correo Farmacéutico: “El ministro Bernat Soria quería convertir esta legislatura en la del impulso de la industria farmacéutica española, ‘incluso abordando la posibilidad de un cambio en la legislación de patentes'”, verdadera piedra filosofal de Farmaindustria.

Si Cristina Garmendia quiere sacar adelante ese proyecto de cambio de legislación -ahora es de su competencia tras las nuevas atribuciones de su Ministerio- tendrá que contar con el Ministerio de Industria, que también posee competencias legislativas en temas de patentes. El citado periódico recuerda que “al frente de Industria estará, en los próximos años, Miguel Sebastián, amigo y protector político de Cristina Garmendia y figura en ascenso por su amistad con Rodríguez Zapatero”.

Si no he contado mal, las industrias biotecnológicas (compuestas por las pro transgénicos y farmacéuticas) tienen cuatro ministerios y cuatro ministros a su disposición: Agricultura, Sanidad, Innovación e Industria. Y además han visto mermado en sus facultades el de Medio Ambiente.

Algunas cosas, como digo, comienzan a cambiar, a peor, se entiende. Para muestra un botón. El pasado fin de semana TVE emitió un reportaje sobre alimentos transgénicos. Como cuenta en una carta dirigida al programa en que se emitió una persona que ha trabajado en el Ministerio de Agricultura y ha sido testigo del vaivén de lobbistas pro transgénicos en el mismo, se eliminó (por problemas técnicos) la intervención de la única voz crítica con el tema de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG´s) aplicados a la agricultura, la de Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace.

Además, se utilizaron imágenes de la deforestación de la Amazonia para el cultivo de soja transgénica justamente para lo contrario, para explicar las bondades de estos organismos que no son necesarios y que sólo traen beneficios a muy pocas empresas privadas. ¿Estará cambiando la línea editorial de la tv pública al ritmo de los cambios pro corporaciones en el Gobierno ZP?

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El próximo día 8 de mayo el Parlamento Europeo votará el denominado Informe Stubb sobre lobbies en la Unión Europea (al que da nombre Alexander Stubb, eurodiputado finlandés). La propuesta del conservador trata de impulsar un proyecto que “anime” a los lobbies a registrarse y les obligue a publicar cuánto y en qué gastan su dinero y de qué empresas procede. Las medidas contempladas incluyen, como es lógico, que los europarlamentarios declaren a la hora de aprobar leyes a qué lobbistas han recibido. El Informe Stubb se enmarca dentro de la Iniciativa Europea en favor de la Transparencia, impulsada por el vicepresidente de la Comisión Europea Siim Kallas.
 
Rueda de prensa con periodistas para presentar los libros
No sorprenden estas iniciativas y lo que hemos visto estos días en la sede del Parlamento en Bruselas lo corrobora. Invitados (Rafael Carrasco, Joaquín Vidal y yo, Miguel Jara) por el Grupo de Los Verdes hemos estado tres días intensos conociendo las interioridades del Gobierno europeo, presentando los libros Traficantes de salud y Conspiraciones tóxicas, y participando en un seminario con el elocuente título de ¿Qué le ocurre a la democracia?, sobre el papel de los lobbies en la falta de democracia en Europa.
 
Porque esta es la idea principal: la mera existencia de representantes de las distintas industrias que presionan a los políticos, de espaldas a los ciudadanos, para que legislen a su favor, es un atentado contra la democracia y deja a los ciudadanos vendidos ante los intereses privados. Y esto es lo que está ocurriendo en las instituciones europeas y de los distintos países.
 
A nuestra llegada el lunes por la tarde fuimos recibidos por varios europarlamentarios que nos pusieron al día con ejemplos concretos y documentos sobre las actividades de los lobbies. Pudimos ver una carta enviada por una asociación de editores españoles en la que piden a los gobernantes europeos que no legislen a favor de advertir en la publicidad de los automóviles sobre el nivel de emisiones de CO2 de cada modelo. Más claro agua: supuestamente presionados por sus anunciantes de coches un montón de responsables de medios escritos solicitan que se oculte a los ciudadanos cuánto contaminan los vehículos que anuncian, pues esa advertencia, útil para el público, “ensucia la imagen” de las compañías que pagan la publicidad.
 

Ejemplificante fue contemplar un informe de Los Verdes en el que se demuestra que grandes compañías, conocidas por todos nosotros, consiguen que políticos europeos redacten normas prácticamente al pié de la letra de los informes y sugerencias que les mandan los lobbistas de las primeras.

 
Así, con el cerebro rebosante de información y la tripa vacía nos dió la hora de la cena, que hicimos en un coqueto restaurante del centro histórico de Bruselas. El martes, pronto, tuvimos un encuentro con la prensa española al que asistieron numerosos medios de lo más granado del panorama patrio. Explicamos, sobre todo David Hammerstein, nuestro anfitrión portavoz de Los Verdes en Europa, en qué consiste y por qué es buena y necesaria la Iniciativa por la Transparencia. Yo me permití comentarles a los compañeros periodistas que sí, que me parece imprescindible hincarle el diente al problema de los lobbies, pero que mucho me temo que no sólo habrá que regular su actividad y conseguir hacerla pública sino que habrá que ilegalizar muchas prácticas actuales.
Incluso dudé de la ilegalización pues como puse por ejemplo, hoy es ilegal comprar médicos (ya sea con regalos o con dinero) a través de la visita médica y muchos laboratorios farmacéuticos lo hacen (práctica similar a la que realzian los lobbistas). Y en Estados Unidos, los ciudadanos tiene una Ley de Libertad de Información que obliga a los políticos a hacer público cuánto dinero reciben para sus campañas electorales y de qué empresas proviene y en la práctica aquella democracia está incluso peor que la europea o europeas.
 

No había concluído la rueda de prensa cuando me sacaron de la misma para incorporarme al seminario sobre ¿qué le ocurre a la democracia? y las actividades de los lobbies. Una gran sala del Parlamento Europeo nos recibió llena. Europarlamentarios, periodistas, investigadores o activistas componían el aforo. Allí desgrané las actuaciones recientes y actuales de muchas compañías farmacéuticas, así como de las químicas, de la telefonía móvil y la contaminación electromagnética, de las cerámicas y azulejeras o de la energía nuclear. La cara de alguno era todo un poema.

Un comentario de un europarlamentario, cuyo nombre no recuerdo, cerró el debate. Esta persona aludía a que hoy periodistas y científicos son el quinto y sexto poder. Yo le respondí con un ejemplo que aúna los dos ámbitos, el de las revistas médicas. En ellas confluyen, bajo el control de la industria farmacéutica, científicos y redactores médicos, y no siempre ha sido, ni mucho menos, en beneficio de la calidad e independencia de la información.

El resto del día se fue en la participación en un seminario sobre periodismo ambiental para el que una quincena de periodistas se había desplazado desde España, evento muy útil para conocer a otros compañeros, sus puntos de vista y debatir sobre los problemas ecológicos de nuestro ámbito y cómo influyen en la salud de los ecosistemas y de la ciudadanía.
 Una cena exquisita en un restaurante “todo bio” -ecológico- cerró la noche, que algunos alargamos con unas imprescindibles cervezas belgas (no hay una mala) en la Grand Place, la Plaza Mayor de Bruselas.
En cuanto tengamos el video del seminario sobre lobbies lo publicaremos.

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Muchos días ya sin escribir en estas páginas virtuales. Así que para compensar hoy irán dos entradas nuevas. El fin de semana estuve participando en un “testing”, una especie de maratón fotográfico, en Los Monegros. Se trata de un proyecto en el que varias decenas de fotógrafos de naturaleza amantes de los insectos fotografían especímenes de los mismos para que luego unos expertos en la materia los analicen y clasifiquen.
La elección de Los Monegros no fue casual pues en estos maravillosos paisajes llenos de vida (uno de los ecosistemas con mayor cantidad de endemismos entomológicos del mundo) los especuladores junto con el Gobierno de Aragón que los jalea quieren construir Gran Scala. Este es un proyecto faraónico, tanto como edificar una ciudad de juegos de azar (sic) a lo viva Las Vegas, hoteles, “chaletes”, centros comerciales y campos de golf.
 
El proyecto trata de conseguir llamar un mapa de la Península en el que estén representados todos los endemismos posibles de “bichos” para demostrar así su riqueza biológica y ofrecer argumentos para la conservación de los ecosistemas habitados por los mismos.
La iniciativa parte de la organización Insectarium virtual y podéis ver más en: http://www.insectariumvirtual.com/blog-iv/

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