No hace mucho la organización Amigos de la Tierra publicaba un informe sobre alimentos transgénicos haciéndolo coincidir con el lanzamiento de otro “contrainforme” que anualmente publica el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Biotecnológicas en Agricultura (ISAAA, por su sigla en inglés), una organización financiada por multinacionales como Monsanto, Bayer o Syngenta.
 El informe de la organización ecologista venía a desmentir algunas de las afirmaciones de las mencionadas compañías de la comida de laboratorio. Estas suelen predicar que los alimentos transgénicos acabarán con el hambre y la pobreza en el mundo. El argumento no es nuevo pues ya se utilizó con profusión por las mismas o similares empresas durante la llamada Revolución verde de mediados del siglo pasado; los resultados están a la vista de todos.
 
Pero no es esto lo que quiero tratar en este post. Ya he publicado en alguna ocasión el asunto de cómo aprueba la Unión Europea el cultivo de transgénicos en nuestros países. Lo cierto es que el maíz MON 810 (de Monsanto) se cultiva en España desde hace tiempo pero resulta que Francia prohibió que se plantase en su territorio. Paradojas de la vida o del modelo económico imperante: la compañía Pioneer España ha solicitado la “liberación intencional” (¿el cultivo?) de variedades de este maíz modificado genéticamente para el periodo abril-diciembre de 2008 en numerosas localidades de la Península Ibérica.
 

¿Quieren saber cuales?:
• Andalucía: Dos Hermanas (Sevilla), Los Palacios-Villafranca (Sevilla), Marchena (Sevilla) y Huétor Tájar (Granada).
• Aragón: Gurrea de Gállego (Huesca), Garrapinillos (Zaragoza), Tauste (Zaragoza), Puebla de Alfindén (Zaragoza), Villafranca de Ebro (Zaragoza) y Nuez de Ebro (Zaragoza).
• Castilla-La Mancha: Tarazona de la Mancha (Albacete), Alpera (Albacete) y La Gineta (Albacete).
• Castilla y León: Rebollar de los Oteros (León), Llamas de la Ribera (León), Toral de los Guzmanes (León), Ataquines (Valladolid), Pelabravo (Salamanca), Villarrabé (Palencia) y Olmos de Ojeda (Palencia).
• Cataluña: Alcarrás (Lleida).
• Extremadura: Villanueva de la Serena (Badajoz)
• Madrid: San Martín de la Vega (Madrid).

y Galicia: Santa Uxía de Ribeira (La Coruña), Mesía (La Coruña), Villalba (Lugo) y Chantada (Lugo).
 
Ganas de complicarnos la vida y la tierra y la salud en beneficio de unos pocos. En cada lugar de liberación se podrá sembrar hasta 1000 m² de las plantas de maíz MON 810. “Para limitar la dispersión del polen de las plantas modificadas genéticamente, se mantendrá una distancia de aislamiento de 200 metros con otro cultivo de maíz non experimental. Además, como se hace en los ensayos de maíz convencional, el lugar del ensayo se rodeará con filas de bordura agronómica de maíz convencional de una madurez similar. Estas filas de bordura agronómica también se destruirán al final de la liberación”, explica la compañía “liberadora”.
 

Pero resulta que “el maíz MON 810 puede contaminar genéticamente a otras especies de plantas, la dispersión del polen puede incidir en otros cultivos destinados a la alimentación humana, además, puede provocar diversos efectos tóxicos en algunas especies de insectos, algo que no debería ocurrir, ya que inicialmente, el Mon 810 se desarrolló para ser capaz de superar los ataques de dos insectos a los que llaman taladro y que son responsables de ser la mayor plaga que ataca al maíz en todo el mundo”, según explica el blog Gastronomía&Cía.

 
El caso es que el Gobierno francés tiene sospechas fundadas para prohibir el cultivo del maíz y por ello ha formalizado esta prohibición mediante un decreto del Ministerio de Agricultura galo. ¿Para cuandaplicarán nuestras autoridades el denominado Principio de precaución?

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Para cuando lean estas palabras ya se habrá constituido en Barcelona la Asociación ciudadana para la defensa de la salud ambiental, Domosalud. Esta organización nace como consecuencia, sobre todo, del desarrollo de casos de lipoatrofia que se han producido durante los últimos años en los empleados de edificios “modernos”. Esta dolencia está muy relacionada con el Síndrome del Edificio Enfermo que manifiestan trabajadores que realizan su labor en oficinas sin ventilación ni luz natural, con una gran carga electromagnética debida a la enorme concentración de aparatos eléctricos y con una alta presencia de productos químicos tóxicos en paredes, suelos y enseres, entre otros factores.
 
Esta nueva organización trata de impulsar todas aquellas actuaciones que favorezcan la defensa de la salud de las personas y su relación con el medio ambiente. Por ello, se dedicará al estudio de las interacciones entre el entorno y la salud humana, en particular en el hábitat urbano, tanto en el entorno laboral (empresas), como educativo (institutos, escuelas o guarderías) y residencial (viviendas).
 
Domosalud ya está promoviendo la constitución de grupos de trabajo multidisciplinares a cargo de expertos, médicos, biólogos, farmacéuticos, físicos, ingenieros, arquitectos, y de todos aquellos que estén relacionados con la salud ambiental, a fin de evaluar los riesgos ambientales, residenciales y laborales.
Esta asociación nace con un espíritu crítico e independiente de poderes económicos y por ello impulsará investigaciones autónomas acerca de los riesgos para la salud existentes en el medio ambiente, y en especial la “hiper-sensibilidad ambiental” y otras patologías emergentes. Para ello mantiene contactos con otras organizaciones que trabajan, por ejemplo, el asunto de los impactos en la salud del mercurio que se encuentra en vacunas o amalgamas dentales o con asociaciones de afectados por fibromialgia, Síndrome Químico Múltiple o Síndrome de Fatiga Crónica.
 
Domosalud propondrá a los legisladores medidas a favor de la regulación y protección de la salud de los ciudadanos. También preventivas ante los riesgos derivados de la polución ambiental sea química, biológica, sónica, electromagnética, radiactiva, o de otras fuentes.
 
Esta organización divulgará información a la sociedad especialmente en el ámbito de la investigación de los posibles efectos nocivos de campos electromagnéticos, calidad del aire, materiales de construcción, y nuevas tecnologías empleadas en edificios, destinados a centros de trabajo, escuelas o viviendas.
 
Domosalud es, en definitiva, la primera asociación de ámbito estatal que se centra en la salud ambiental; en el impacto que tiene sobre nuestra salud un estilo de vida como el actual, alejado de los valores ecológicos. Estamos pagando el peaje por vivir en un mundo sintético y es de agradecer que comiencen a surgir plataformas que apuesten por advertirlo a la población y por buscar otros modos de vida no nocivos.

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Pese al enorme desarrollo que está teniendo en el mundo sanitario la tecnología de seguimiento de objetos y personas mediante radiofrecuencias, RFID (por sus siglas en inglés), las patronales farmacéuticas parece que no tienen tan claro que ésta sea la fórmula elegida para la “trazabilidad” de sus fármacos.
 El Ministerio de Sanidad apuesta por el conocido sistema Data Matrix, de códigos bidimensionales antes que por la RFID. La industria farmacéutica tiene ciertas prisas por controlar lo antes posible sus medicamentos a lo largo de toda la cadena de producción y venta de los mismos. Normal, su intención es racionalizar al máximo la comercialización de fármacos para obtener los mayores beneficios posibles.
Lector manual de etiquetas RFID
Las prisas vienen por la crisis en la que está envuelta desde hace algunos años y que no tiene visos de solucionarse de manera rápida. Por ello, los laboratorios farmacéuticos quieren que se implanten cuanto antes sistemas de eso que llaman trazabilidad, que no es otra cosa que conocer dónde está cada caja de medicamentos desde que se produce hasta que llega al ciudadano.
 
La intención de las compañías es evitar los robos de medicamentos, las falsificaciones de los mismos y las temidas importaciones paralelas: que se compren medicamentos en los países de la Unión Europea donde son más baratos para luego, de modo legal, venderlos en los países con precios más altos.

Etiquetas RFID

 
El debate parece que deriva hacia si elegir Data Matrix o RFID, pero el asunto no es baladí y lo importante es que antes de poner en el mercado estas tecnologías de la información, que suponen una oportunidad de manipulación, sobre todo la RFID, queden bien definidos ciertos aspectos: conocer a fondo qué tipo de trazabilidad se quiere, qué información portarán estos artilugios, cómo se leerá esta, quién tendrá derecho a ello y cómo se almacenará.
 
Lo lógico es poner en claro todo esto, para qué sirve y luego ya elegir, llegado el caso, la tecnología. Hay que recordar que los medicamentos ya llevan hoy código de barras y que desde hace más de un año está en marcha un programa denominado Seguimed, auspiciado por el Ministerio de Sanidad. Éste es una aplicación informática a través de la cual se gestionan los datos relativos a las transacciones de los laboratorios, almacenes y oficinas de farmacia.
 
Representantes de Sanidad del PP y del PSOE han manifestado su preferencia por la RFID, así que en breve, toda vez que ya han pasado las elecciones generales, puede despejarse la incógnita.
 

Chips como los que se insertan en los animales de compañía comparados con el tamaño de un grano de arroz y de una moneda

¿Por qué es tan interesante la RFID y por qué tienen tanta prisa los laboratorios en impulsarla si ya hay otros métodos de control del fármaco? Eso está por ver, aunque de hecho Pfizer, por ejemplo, ya emplea este sistema para mandar sus lotes de Viagra desde su central en Francia hasta la de Estados Unidos.

Lo que no cabe duda es que la teconología RFID pone en riesgo la privacidad de los ciudadanos porque es un sistema basado en etiquetas electrónicas con chips que a diferencia del código de barras que identifica un producto pero es el mismo código para todas sus unidades, la RFID permite tener información de cada unidad de producto.

Si se instala este sistema en todos los frascos o cajas de medicamentos habría que ver si esta tecnología se desactiva tras su compra en la farmacia. De no ser así, la etiqueta se convierte en un “chivato” que puede ofrecer información sobre el consumidor del producto, información que puede ser muy valiosa precisamente para los vendedores de remedios. Es una tecnología con gran potencial “espía”, como narro en uno de los capítulos de mi libro Traficantes de salud y documenta muy bien el libro Chips espías, de Katherine Albrecht y Liz McIntyre.

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Las víctimas españolas de la Talidomida también han realizado su particular campaña electoral para advertir sobre su existencia tras 50 años de espera a que las autoridades les reconozcan. Aprovechando la reunión de José Luis Rodríguez Zapatero con intelectuales y artistas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Isabel Ramírez, miembro de la asociación que reúne a las víctimas de dicho fármaco en España, Avite, entregó al presidente del Gobierno copia de la película alemana Side effects, Ésta pone al descubierto el pasado nazi de la Talidomida en Alemania, y también todo lo que hay detrás de su laboratorio inventor y el imperio económico que representa hoy la multinacional Chemie Grünenthal.
 “También le hemos entregado en mano un calendario pormenorizado, con todas las movilizaciones que Avite (Asociación de Víctimas de la Talidomida en España) tiene previsto realizar en breves fechas, entre ellas una manifestación multitudinaria de todas las víctimas de Talidomida de Europa, a realizar el próximo 3 de abril en Londres, en la puerta de las embajadas de España y Alemania”, explica José Riquelme, presidente de Avite.
 
¿Las palabras de Zapatero?: “Voy a ver la película, y además quiero que sepáis que no me olvido de vosotros”.
 
Días antes, el propio Riquelme tuvo la oportunidad de charlar un rato con el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. El ministro escuchó los problemas que arrastran desde hace medio siglo estas personas. ¿Sus palabras?: Bermejo se declaró “conocedor del problema de la Talidomida perfectamente en España. Yo conozco de cerca personalmente el problema y a afectados, ¡y qué coño es eso de que no se vendió Talidomida en España, quien ha dicho eso!. Este tema por supuesto que no lo voy a dejar de las manos. Es más, en próximos días, el ministro de Sanidad viene a Murcia [donde tuvo lugar el encuentro], y le voy a proponer una entrevista personal con él, para tratar el tema. En breves días le llamo y le confirmo día y hora”.

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Con retraso, me propongo contar cómo se desarrolló la visita de los “conspiradores tóxicos”, como alguno nos llama, a Ávila el pasado sábado. Agradecer antes, una vez más, a la organización -la sección del Medio Ambiente del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.)- su dedicación, pues convirtió el evento de presentación de nuestro libro Conspiraciones tóxicas: Cómo atentan contra nuestra salud y el medio ambiente los grupos empresariales, en un éxito de público y ventas, por cierto.

Foto: Ávila digital

Nos recibió la ciudad amurallada, la de mayor altura de todas las capitales de provincia españolas, con la primavera en invierno tan característica de este tiempo “cambioclimatizado”. La sala era la iglesia del Monasterio de Santa Ana, que se utiliza como salón de actos en la sede del Gobierno de Castilla y León en Ávila. Casi llena, con un público muy interesado en conocer quienes son y cómo actúan los grupos de presión empresarial o lobbies; gobiernos paralelos en la sombra.

Comenzamos con una rueda de prensa con un montón de periodistas donde recalcamos precisamente eso, que los lobbies industriales trabajan en la sombra con la clase política -con buena parte de ella, al menos- para impulsar tecnologías y servicios que la mayor parte de la población no aceptaría si fuera consultada al respecto: energía nuclear, alimentos transgénicos, productos químicos tóxicos, refinerías petroquímicas, macrourbanizaciones con campos de golf, contaminación electromagnética proveniente de la telefonía móvil y un largo, larguísimo etcétera.

Intervinimos unos 25′ cada uno de los tres autores, Rafael Carrasco, Joaquín Vidal y yo, Miguel Jara, que aproveché que el tema era el funcionamiento de los lobbies industriales para hablar del más potente de ellos: la industria farmacéutica, como explico en Traficantes de salud. Tras comparecer ante el público con nuestra exposición llegó un extenso turno de preguntas y tengo que decir que me sorprendió -o quizá no tanto porque ha sido la tónica durante todo el año que llevo presentando este último trabajo- que la mayor parte de las preguntas versaron sobre las prácticas de la industria farmacéutica, pese a que el acto se anunció como de presentación de nuestro segundo libro.
Esto demuestra una vez más el enorme interés de los ciudadanos por conocer los intersticios del entramado farmasanitario, cómo influye en su salud y en su enfermedad y cómo se negocia con las mismas. Y también por conocer las alternativas y los movimientos de respuesta ante la corrupción imperante que en los últimos tiempos están protagonizando tantos profesionales sanitarios deseosos de cambiar muchos aspectos del modelo actual.

Volvió a aparecer en escena el caso del medicamento Agreal de Sanofi-Aventis, por dos ocasiones, y en las dos recuerdo el gesto boquiabierto de las féminas cuando se enteraron de que este fármaco, utilizado para los sofocos de la menopausia, causa gravísimos daños en la salud de las mujeres. Bocas abiertas cuando expliqué que la primera sentencia de un juzgado -existen 4.000 demandas sólo en España- concluye que Agreal incita al suicidio, pero que en América Latina multitud de países siguen comercializándolo.

En fin, volvimos a repasar un fenómeno, el de hacer lobby, que crece al tiempo que la crisis de valores en Occidente y, que de no ponerle coto en breve, amenaza con terminar con lo poco que queda de democracia: la presión empresarial sobre la política coloca en el poder a las élites económicas.

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