De una entrevista que le realizaron hace no mucho al profesor Maximo Sandín en el blog de original nombre e intenciones Zeteticismo (vale la pena leer la definición del concepto en el propio blog) rescato parte de la última respuesta de este profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. El enunciado que precedió a su contestación es: «Algún comentario o reflexión final sobre el Año de Darwin». Como saben lo lectores asiduos de este blog, Sandín es un conocido analista crítico de las enseñanzas de Darwin que, según él, son utilizadas por los poderosos contemporáneos para mantener el control social. El contenido de la respuesta es de la máxima actualidad pues por estos párrafos desfilan virus, enfermedades, genes e incluso el autor propone interrogantes sobre el transcurrir del protagonista de la gripe A, el virus H1N1. Se lo resumo a continuación.

Africa cerdo

Comienza Sandín contestando al enunciado propuesto:

Sólo quisiera pedir a los que tengan la paciencia de leer esto que reflexionen sobre lo que realmente ha significado el darwinismo que, insisto, no es una creación de Darwin, para la Biología y para la Humanidad. Una concepción distorsionada de la Naturaleza y de las relaciones de los hombres entre sí. ¿Cómo se puede interpretar la enorme complejidad de las relaciones ecológicas, en la que todos los elementos bióticos y abióticos están interrelacionados y en la que todos son absolutamente imprescindibles, en términos empresariales regidos por la competencia? ¿Cómo se puede extrapolar la competencia a los más recónditos niveles de la vida? Compiten las células, las moléculas, el ADN es “egoísta” y lo que no se entiende es “basura”…

Esta forma de ver la Naturaleza lleva a los especialistas más brillantes y prestigiosos a interpretar todos los fenómenos biológicos al revés de la realidad, en función de lo que les han enseñado. Intentaré explicarlo simplemente, aunque no sé si seré capaz: Los conocimientos actuales están mostrando que las relaciones entre los organismos entre sí y con el entorno están regidas, no por la competencia, sino por el equilibrio en forma de redes complejas de interacciones que comunican los organismos entre sí y con el ambiente».

Si me permiten un inciso ¿acaso esta no es la mejor definición de lo mejor de Internet? Continúa el profesor.

Que la información genética, también fruto de una compleja red de interacciones moleculares, también tiene una gran capacidad de respuesta al ambiente (un concepto odiado por los “deterministas”), mediante distintos procesos genéticos y epigenéticos. Que vivimos literalmente inmersos en una inconcebible cantidad de bacterias y virus que tienen unas funciones esenciales para la vida en el Planeta y en el interior y el exterior de los organismos, y que su aspecto patológico (extremadamente minoritario), es el resultado de algún tipo de desestabilización de sus funciones, de algún desequilibrio de sus relaciones naturales».

Pero, es que hemos hecho -los seres humanos, se entiende-, algo mal, para enfadar a la naturaleza?

Si tenemos en cuenta estos datos reales, te produce una sensación angustiosa cuando lees que se están invirtiendo cifras fabulosas para “secuenciar los cánceres” o cuando ves los descubrimientos de los, cada vez más numerosos, “genes del cáncer”. El cáncer no está en los genes (en unos “genes malos”). Es producto de agresiones ambientales, porque vivimos sometidos a infinidad de sustancias químicas sintéticas, a radiaciones electromagnéticas, a estrés inmunodepresor… los genes del cáncer son alteraciones genéticas y epigenéticas (y por eso pueden ser hereditarios) producidas por estas agresiones. Y los “virus cancerígenos” son virus endógenos activados por estas agresiones y emitidos por los tumores. Y los virus no “mutan para evadir las defensas del hospedador”, porque los virus en estado libre son absolutamente inertes. Y los virus endógenos no son “parásitos” ni “explotados por el hospedador”, y no “secuestran la maquinaria celular”, sino que es la célula la que utiliza los componentes de los virus. Podríamos llenar un tomo de buen grosor con interpretaciones de este tipo. Lo que todas tienen en común es que estos “descubrimientos” están enfocados en intentar interrumpir  estos procesos, en lugar de comprenderlos y prevenirlos y servirán para fabricar (y vender) fármacos».

Máximo Sandín explica que este es el motivo por el que no va a cambiar nada en las interpretaciones “patológicas” de la Naturaleza. Es más rentable vender medicinas (fundamentalmente para “tratar los síntomas”) que evitar las enfermedades. Y dentro de este negocio, las vacunas son el mejor negocio. La inmunidad natural es un fenómeno mediante el que el organismo mantiene el equilibrio con los innumerables microorganismos del entorno. En unas condiciones razonables (no exageradas) de higiene y condiciones adecuadas de nutrición y salud, se produce sin ningún problema. Pero Sandín continúa con su respuesta:

La introducción en el torrente circulatorio de variadas dosis de antígenos o microorganismos “atenuados” puede producir una debilitación del sistema inmune, haciendo a la población más susceptible a enfermedades y produciendo problemas alérgicos. Incluso, los aditivos de algunas vacunas derivados del mercurio o del aluminio, que son neurotóxicos, se han asociado por expertos “silenciados” a problemas neurológicos y al aumento de la incidencia de autismo. El caso de la innecesaria y peligrosa vacuna contra el papilomavirus es muy explícito. Se descubrió que dos de los miembros del tribunal que concedió el Nóbel (la mejor publicidad) a Zur Hausen estaban relacionados con la industria farmacéutica. Semejante escándalo, que se publicó en la prensa, habría sido suficiente para retirarle el Nobel y suspender las vacunaciones, ¿ha oído algo de ello?».

En este punto el especialista en antropología recuerda lo que por obvio no merece olvidarse: «Los magnates que están detrás de la industria farmacéutica, de la biotecnológica, de los transgénicos… y de la información, tienen mucho dinero y, por tanto, mucho poder». Y para ir finalizando añade:

No quiero profundizar aquí en este tema porque podría ser acusado de “conspiranoico”, un término acuñado por los “creadores de opinión” (estos mismos magnates han creado centros para “crear opinión” mediante la difusión de tópicos), para los que denuncian estas maquinaciones. Prefiero que el (hipotético) lector investigue por su cuenta. Pero sí quiero decir que mi búsqueda de información sobre estos temas me ha llevado a comprobar que el Mundo está en manos de verdaderos paranoicos (por cierto, fervientes darwinistas), que han adquirido tanto poder que se sienten autorizados para decidir el destino de la Humanidad, y quienes o cuantos les sobran. No es una “teoría conspirativa”. Lo han comentado públicamente y se les puede ver en los medios de comunicación durante reuniones en las que comparten sus preocupaciones “filantrópicas” por el aumento de la población mundial.

He leído informaciones terribles sobre vacunaciones esterilizadoras a indígenas americanas o en la India y Filipinas. Por eso, cuando leo que se han hecho estudios genéticos en poblaciones africanas “para conocer su evolución” o en indígenas mexicanas “para poder aplicarles la medicina personalizada” me produce una gran preocupación. Como la que me produce pensar qué pasará cuando el extraño virus recombinante “H1N1” se extienda por África».

Este último enlace pertenece a la página del Instituto ISIS -una creación de Edward Goldsmith, el ecólogo más impotante de la actualidad y fundador de la revista The Ecologist- y lo firma Mae-Wan-Ho, una bioquímica coreana que abandonó la investigación en «ingeniería genética» cuando comprendió de qué iba la cosa (Wan-Ho es autora de un libro de fácil acceso llamado «Ingeniería genética, sueño o pesadilla»). Lo que dice esta información es que, según algunos expertos, un virus recombinante de tres especies (como el H1N1) es poco menos que imposible en la naturaleza pero factible en un laboratorio y habla de los peligros de las vacunas en general. En fin, ya queda menos para que les podamos contar de qué va la vacuna contra la gripe A. Sigan a la escucha.

Más info: Sobre el poder de las multinacionales farmacéuticas, con capítulos monográficos dedicados a los laboratorios más importantes, pueden leer Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad. Sobre cómo se crea opinión, se controla ésta y se impone la versión de los grupos de interés privado en estos y más asuntos, Conspiraciones tóxicas: Cómo atentan contra nuestra salud y el medioambiente los grupos empresariales.

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Esta es la novena entrega de la colección de artículos que el profesor Máximo Sandín ha titulado Darwin, las ideas dominantes y los que dominan.

Como saben, este año se conmemora el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin, autor de la polémica teoría de la evolución. Por ello estoy publicando unos artículos que Sandín, profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, me ha enviado. Espero que les gusten y que contribuyan la debate.

-Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.


Las cifras son astronómicas. El dinero requisado a los ciudadanos que se está empleando para “salvar a la banca” y “sanear empresas” podría haber acabado con el hambre en el Mundo no se sabe cuantas veces. Pero es la lógica “del mercado”. Si semejante latrocinio no ha provocado una rebelión popular en los llamados “países civilizados”, se podría decir, sin ánimo de dramatizar, que lo han conseguido. Han conseguido domesticar, controlar nuestras mentes. Y con sólo unas pocas frases hipnopédicas:

Siempre ha habido mercados… La libertad de mercado es el instrumento que mejor colabora a la libertad personal… Es la libertad de elegir mercancías de modo que las transacciones sean moralmente voluntarias y también que exista información perfecta y otras condiciones que garanticen la competencia perfecta

El precio de los bienes o servicios es acordado por el consentimiento mutuo de los vendedores y de los compradores mediante las leyes de la oferta y la demanda

Sólo hay un pequeño problema que enturbia la perfección del funcionamiento de esta “leyes”. Que no hay para todos:

El hombre, si no puede lograr que los padres o parientes a quienes corresponde lo mantengan, y si la sociedad no quiere su trabajo, no tiene derecho alguno ni a la menor ración de alimentos, no tiene por qué estar donde está, en ese espléndido banquete no le han puesto cubierto. La naturaleza le ordena que se vaya y no tardará en ejecutar su propia orden, si ese hombre no logra compasión de alguno de los invitados. Si estos se levantan y le dejan sitio, acudirán enseguida otros intrusos pidiendo el mismo favor y se perturbará así el orden, la armonía de la fiesta y la abundancia que antes reinaba, se convertirá en escasez”. (Tomas Malthus “Ensayo sobre el principio de población”, 1789).


Porque en “el espléndido banquete” sólo hay sitio para los que lo organizan. Quedan, como mucho, los restos para sus lacayos. Pero no existe la menor posibilidad de pensar en una alternativa algo más generosa, capaz de transformar el espléndido banquete para unos pocos en comida suficiente para todos. Se trata de una ley de la Naturaleza. Más aún, como dijo John Rockefeller  “la supervivencia del más apto /…/ es simplemente la combinación de una ley de la Naturaleza con una ley de Dios”.

Cuando el imperio económico llega a tal magnitud  y, además, se está convencido de tener de su lado semejantes poderes, resulta inquietante imaginar hasta donde se puede pretender  llegar. Por eso, resulta tan alarmante que los mismos que financian a las empresas implicadas en la supuesta “ingeniería genética”, los que financiaron e impulsaron la ambientalmente y socialmente tan catastrófica y económicamente tan rentable “revolución verde” y ahora las poderosas y tóxicas empresas de alimentos transgénicos, sean los que están creando el banco de semillas de Svalbard.La cámara del día del juicio final”.

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No quisiera alarmar sin fundamento a mi suspicaz lector, pero se me ocurre una pregunta: ¿Donde nos quieren llevar? Y supongo que es posible que a él se le ocurra otra: ¿Hay algo que ellos sepan que nosotros no sepamos?

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Para el avance de la ciencia es necesario el debate. Eso es lo que estamos haciendo también desde este blog en el «año Darwin» que nos toca. La primera publicación de una serie de artículos que el profesor Máximo Sandín me mandó ha tenido muy buena acogida por parte del público, no hay más que leer los comentarios a dicha información, abundantes y profundos. Hace unos días Sandín me hacía llegar una última entrega. Escribe el profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid: «Tengo la impresión de que en las últimas entregas he podido abusar de la capacidad de imaginación de mi amigo el lector, intentaré darle un respiro. En este caso, voy a ser yo el que de rienda suelta a la imaginación para premiar a mi amigo por su paciencia con una especie de entretenimiento. Unas disquisiciones inconexas con las que pasar el rato, pero a las que no se debe conceder demasiado crédito».

La ciencia es peligrosa; hemos de tenerla cuidadosamente encadenada y amordazada», Aldous Huxley, Un mundo feliz.

Primera disquisición: Algunas características del “Mundo feliz” en el año 700 depués de Ford: Los miembros de esa sociedad se hacen “in Vitro”, por manipulación genética, fabricados en serie. La sociedad está dividida en castas, en orden de categoría (que implica inteligencia, habilidades, capacidad emocional, atractivo físico, etc.). Esas castas son: Los Alfa, que son los individuos más inteligentes, y su papel consiste en ocupar cargos de dirección en la “tecnópolis”. La casta siguiente son los Beta, que también cuentan con una inteligencia avanzada, pero menos que la de los Alfa. Su trabajo consiste en hacer tareas complicadas, pero que no requieren tanta agudeza como las de los Alfa. Los siguientes, los Gammas, no son muy inteligentes, y su misión es normalmente realizar trabajos cualificados de un nivel medio. En cuarto lugar se encuentran los Deltas, individuos de escasa inteligencia que son mano de obra en fábricas y apenas se interesan por ningún asunto. Por último, se encuentran los Epsilones, humanos estúpidos con inteligencia casi animal y sin capacidad alguna de razonar que realizan las tareas más sencillas en la comunidad: servir a las demás castas y los trabajos más degradantes.

La diversión y el tiempo de ocio de los ciudadanos están controlados, así como las creencias por medio del «control hipnopédico», para el que hay especialistas en «frases hipnopédicas»: «Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones hacen una verdad».

Segunda disquisición: Algunos datos históricos: Thomas Henry Huxley y Sir Joseph Dalton Hooker, los protectores de Darwin y principales responsables de la consagración científica de este, eran, al igual que el propio Darwin y Sir Francis Galton, primo de este, eugenistas. Galton, convencido, al igual que Darwin, de la herencia tanto de las virtudes como de los vicios, promueve una eugenesia «positiva», es decir, a través de matrimonios selectivos privilegiando aquellos entre los elementos más inteligentes de la sociedad. El paso de la eugenesia «positiva» a la «negativa», es decir, la prohibición de reproducirse de los débiles y los imperfectos, es postulado por Leonard Darwin (1850-1943), hijo de Charles y sucesor de Galton en la dirección de la Sociedad Eugenésica, que el mismo Galton había fundado en 1907. Estas tesis del uso de la fuerza para impedir la reproducción de los genes «inadecuados», tienen su aplicación hasta fechas muy recientes en distintos momentos y diferentes países de los que hablaremos más adelante.

Pero siguiendo con nuestra historia, Huxley y Hooker, junto con algunos personajes poderosos del mundo de la ciencia, fundan el X-Club, que fue criticado por ejercer un excesivo control sobre la ciencia de su época (Huxley y Hooker fueron los fundadores de la revista Nature). El X-Club se desvaneció en la sombra, al menos aparentemente, a la muerte de los fundadores, pero las sociedades eugenésicas y sus intenciones han seguido en pié, a veces bajo nombres que no se asocian a sus actividades y apoyadas por fundaciones cuyas denominaciones suenan a dinero. El de los apellidos representantes de las grandes fortunas mundiales.

Tercera disquisición: Los proyectos para el futuro: Una de estas fundaciones (quizá la de nombre más sonoro) creó la disciplina de la “ingeniería genética” en un intento de reducir la vida humana a «secuencias de genes definidoras» con la intención de poder ser modificadas para cambiar a voluntad las características humanas. También fue promotora de “la revolución verde” y de los cultivos transgénicos, los “agronegocios” del monocultivo industrializado que pretenden el control, por unas pocas multinacionales, de la alimentación mundial. El último proyecto, también en las mismas manos, es el proyecto Svalbard. La creación del banco subterráneo de semillas en Noruega, bajo unas condiciones de seguridad propias de la ciencia ficción. “La cámara del día del juicio final” de Svalbard tendrá capacidad para albergar cuatro millones y medio semillas diferentes.

Y aquí vienen las preguntas, en este caso unas “autopreguntas” de las que libero al lector. Cuando los científicos más prestigiosos hablan de que “cambiando los genes se conseguirá gente más inteligente”, o “vivir doscientos años”, o que “se conseguirá clonar personas”… ¿han pensado a qué personas se refieren? ¿a toda la Humanidad? Cuando aseguran que los cultivos transgénicos se utilizan para luchar contra el hambre en el Mundo, cuando repiten machaconamente “frases hipnopédicas” ¿es por simple rutina o desconocimiento, o saben lo que están haciendo? Y, finalmente, ¿se inventó realmente Aldous Huxley, nieto de Thomas Huxley la novela “Un mundo feliz”? Absurdo. Demasiado fantasioso.

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Este año se conmemora el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin, autor de la polémica teoría de la evolución. Por ello, de aquí al mes de noviembre voy a publicar unos artículos que Máximo Sandín, profesor de Antropología Biológica en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, me ha enviado. Antes una declaración de intenciones del autor de estos textos:

no es mi intención convertir esta supuesta serie de escritos en sesudas demostraciones de erudición y menos predicar verdades incuestionables (eso lo hacen los predicadores). Mi intención es compartir con los lectores, en la medida de mis posibilidades, o de mis capacidades, el aspecto fundamental del verdadero trabajo de los científicos: la duda metódica, es decir, “someter las teorías vigentes a un constante análisis crítico”.

No conozco en profundidad la obra de Darwin pero lo que escribe Sandín sobre ella y sobre las repercusiones sociales que ha tenido sí que me parece digno de divulgar pues, como escribe el autor los párrafos que vienen a continuación, durante este año será mayoritario el apoyo a los conceptos darwinianos. Hagamos que la otra versión de la historia circule:


Los maestros calumnian a la Naturaleza: La injusticia, dicen, es Ley Natural… Por Ley Natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la Naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del Mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus obras para anunciarles la gloria.» (Eduardo Galeano, Escuela del Mundo al revés 1998).

El 24 de Noviembre de 2009 se cumplirán ciento cincuenta años de lo que algún día que, lamentablemente, no parece próximo, se calificará como el nacimiento del mayor y más nefasto fraude, la más hipócrita manipulación que ningún poder haya cometido en la historia: convertir los intereses de los poderosos en “leyes científicas”.

Este año nos vamos a cansar de leer en las principales revistas científicas y en los grandes medios de comunicación narraciones como ésta:

Se cumplen doscientos años del nacimiento de Charles Darwin, el gran científico al que su estancia en las Islas Galápagos durante su viaje alrededor del Mundo como naturalista a bordo del Beagle le dio la clave de su gran creación: La teoría de la evolución mediante la selección natural«.

Quizás les sorprenda saber que si nos molestamos en documentarnos descubriremos que, a excepción de la fecha, ni una sola de las palabras de esta narración es verdadera. Pero los datos históricos siempre han resultado muy molestos para las religiones; por cierto, ¿se han detenido a pensar a qué se parece una fuerza abstracta capaz de crear la vida, premiar y castigar y dirigir los destinos de todos los seres vivos, especialmente del Hombre? Les daré una pista con las palabras que figuran en las últimas páginas de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia:

Y como la selección natural actúa por y para el bien de cada ser, todos los atributos corpóreos y metales tenderán a progresar hacia la perfección».


Pero la conversión de la selección natural en poder omnímodo capaz de explicar la increíble complejidad de la Naturaleza, no fue una “creación” de Darwin. Era un rico victoriano cuyos estudios se limitaron a la titulación de “subgraduado en teología”, y al que su desocupada vida (su única actividad “laboral” era la de prestamista) le llevó, mediante la observación de ganaderos y criadores de palomas de su entorno, a la “genial idea” de que, al igual que los ganaderos seleccionan características generalmente anormales, producidas “al azar” en sus animales, en función de sus intereses, la Naturaleza seleccionaría a los seres vivos “más adecuados”. Él sólo pretendía explicarse, de una manera bastante simple, cómo una especie se podría convertir en otra. La clave de la coronación de semejante simpleza en poder universal, del “azar” y la competencia como entes rectores de la Naturaleza, está en los textos de dos de los padres de la economía liberal clásica, Herbert Spencer y Robert Malthus, cuyas respectivas máximas supervivencia del más “adecuado” y lucha por la existencia aplicadas a “sus” conceptos de la sociedad, constituyen  los fundamentos “científicos” de la obra de Darwin. Tal como él mismo explica sobre su “teoría”: Es la doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza al conjunto de los reinos animal y vegetal.

No es extraño que el libro de Darwin se haya convertido en la Biblia de los poderosos. Disculpen la “espesura” de la cita textual que sigue para justificar este argumento, pero tengo que decir que la totalidad de su libro es así, “brillante”:

No puede nombrarse un país en el cual todos los habitantes naturales estén ahora tan perfectamente adaptados entre sí y a las condiciones físicas en que viven, que no pudiesen todavía, algunos de ellos, estar mejor adaptados o mejorar; porque en todos los países los naturales han sido conquistados hasta tal punto por los que han tomado carta de naturaleza, que han permitido a los extranjeros tomar firme posesión de la tierra. (Capítulo IV, Selección natural, o supervivencia de los más aptos, Pág. 96).

Y esto es lo que en realidad importa. No importa el lastre científico que supone dar por explicado cualquier proceso, por complejo que sea, mediante la omnipotente selección natural. No importan las peligrosas manipulaciones (los peligrosos negocios) de los procesos biológicos con la coartada tan poco científica de que se han producido “al azar” y, por tanto, se pueden interferir también “al azar”. Lo importante es que ya no es necesaria una religión para controlar, al menos con un triste y “aplazado” consuelo, a los pueblos. Ya ni siquiera eso; el objetivo es convencer a los desheredados de la Tierra de que la Naturaleza, la vida es un infierno, y que el Mundo es para “los más aptos”. Lasciate ogne speranza.

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