Esta mañana he dado mi conferencia en la Facultad de Medicina de Rosario (Argentina), un auténtico templo del pensamiento crítico que se le presupone a la Universidad. Ha versado sobre las relaciones de la industria químico tóxica con la farmacéutica. En el país andino, sobre todo en la provincia de Santa Fe, donde se enclava Rosario, tienen un problema enorme con la agricultura industrial y su sistema de producción de monocultivos a base de insumos tóxicos.

He comentado el auge de nuevas enfermedades como el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, conocido en la comarca pero en el que no se ha avanzado en el reconocimiento como en Europa (donde la Organización Mundial de la Salud estudia su inclusión en la Clasificación Mundial de Enfermedades).

Aquí (y allí donde lo cuento) llama la atención que empresas comerciantes de agrotóxicos y/o semillas transgénicas como Bayer, Aventis, Novartis o Monsanto tengan o hayan tenido un área de medicamentos y productos sanitarios; por un lado producen tóxicos que enferman a las personas y por otra se postulan como adalides de la medicina moderna (algunas de ellas como con muertes provocadas por sus medicamentos a sus espaldas).

De hecho, he aprovechado la visita de Flavio Rein, mi amigo de Buenos Aires que tras 14 años de lucha consiguió una sentencia judicial favorable contra Bayer por haberle roto los músculos con su medicamento Lipobay, para contar su caso. Por su parte Aventis, en su modelo Sanofi Aventis es la productora del fármaco Agreal. Un grupo de afectadas del mismo acaba de contratar los servicios del Bufete Almodóvar & Jara para, ocho años después de su retirada, que intentemos conseguirles Justicia.

Hemos hablado de Reacciones Adversas a los Medicamentos (RAM); del auténtico precio de los fármacos y del caso de un catedrático argentino, Eduardo Cocca, que lo descubrió y fue echado de su cátedra y censurado; de algunas vicisitudes que rodean a la vida de los medicamentos; de cómo se manipulan los ensayos clínicos; de conflictos de intereses y lobby; de invención de enfermedades; de corrupción en la promo de los medicamentos; de fraude científico; de marketing del miedo, etc.

Ya veis a qué dedica el tiempo libre, como la canción de Perales.

También hemos tratado sobre qué hacer ante esta situación:

-Estar bien informados, cómo y dónde.

Coordinar a los diferentes colectivos críticos con estas situaciones.

-Apostar por la transparencia.

-Explorar el plano jurídico legal.

-Trabajar por un modelo sanitario auténticamente preventivo, fomentando hábitos de vida saludables y huyendo de la prevención a golpe de pastilla, tan en boga hoy.

-Hacer ver a las autoridades sanitarias que la medicalización sale cara.

-La clave está en la alimentación, que esta sea ecológica y qué alternativas existen en esta línea.

Bueno, una grata experiencia, con un salón de plenos de la Facultad lleno; unas ventas de libros estupendas (se han vendido todos los que ofrecimos); nuevos proyectos que con seguridad van a surgir por estos lares; muchos contactos interesantes. En fin, el Congreso continúa dos días más (las inscripciones no ha parado de aumentar, al menos hasta 600). Seguiremos informando.

Leer más...

Como ya saben, Eduardo Marcelo Cocca, ejemplar y censurado catedrático argentino descubrió, junto con sus 50 alumnos de la Universidad Kennedy de Buenos Aires, que el medicamento Dazolin (de la casa Roux-Ocefa), un descongestionante nasal, presenta una diferencia del 37.500% entre el precio al que compra el principio activo el laboratorio productor y al que lo vende.
Este fármaco, a base de nafazolina, actúa como descongestivo nasal, nos cuenta Cocca, que afirma que «produce adicción y dependencia y según el artículo 77 del Código Penal Argentino, se consideran estupefacientes toda sustancia susceptible de producir dependencia o adicción, razón por la cual debería ser considerado un estupefaciente y venderse únicamente bajo receta archivada y no alegremente y sin receta a pesar del rótulo de venta bajo receta».
Y es que en Argentina hay varias maneras de dispensar medicamentos. Venta libre; venta bajo receta, el modo más común; venta bajo receta archivada, para psicotrópicos; y venta legalmente restringida, para estupefacientes con recetas provistas por salud pública y archivadas por la farmacia.

Dazolin no es ni mucho menos el único medicamento con el que se obtienen tan fantásticos beneficios. La investigación de Cocca y sus alumnos deparó otras «sorpresas» o no tanto. Así, el omeprazol, Losec, del laboratorio Astra, en un país recién salido como el que dice de una fortísima crisis, presenta un 33.130% de diferencia entre el precio al que compra el principio activo el fabricante y el precio al que lo vende en las farmacias.

El conocido Voltaren, de Novartis, ofrece un 27.223% de diferencia; el Valium de Roche, un 20.141%; Feldene de Pfizer, un 12.860%; o Adalat, de Bayer, un 6.671%. Cipro, el famoso medicamento con el que Bayer chantajeó al mismísimo gobierno de Estados Unidos en los meses posteriores al 11-S (era el preparado supuestamente ideal para combatir con éxito el anthrax) en Argentina ofrece un 1.560 entre lo que cuesta y a lo que se vende, datos siempre según los estudios del profesor Cocca.

Leer más...

Tras publicar ayer en este blog sobre las presiones y censura que un catedrático, doctor y profesor argentino, Eduardo M. Cocca, ha denunciado, recibí un correo del decano de la Universidad Kennedy de Buenos Aires (Argentina), el doctor Rodolfo Capón Filas.
Esta persona asegura que el señor Cocca «ha iniciado una fuerte campaña en contra de la directora de la Escuela de Farmacia de la Kennedy y en mi contra como decano del Departamento de Derecho Público y Social». Capón indica que Cocca olvida algunos detalles en sus explicaciones de lo ocurrido durante una conferencia en la que denunció el alto precio de los medicamentos en Argentina (http://amorhumoraccion.blogspot.com/2007/12/el-precio-de-los-medicamentos.html).

Un momento de la intervención del profesor Cocca en la que denunció que en Argentina hay fármacos cuya diferencia entre lo que cuestan a los laboratorios y el precio de venta es de un 37.500%

«En ningún momento de la conversación mantenida entre los tres, el señor Cocca se refirió al laboratorio protagonista de los hechos, cuyo nombre curiosamente oculta. Si no se sabe qué laboratorio es, la denuncia de sobreprecio queda sin sentido porque se desconoce el autor de la maniobra especulativa. Por ello, ese tema fue ajeno a mi decisión. Además, la directora le imputó serias irregularidades docentes respecto de las cuales nada respondió, por lo que como responsable académico del área debí prescindir de sus tareas. Dado que la Universidad Kennedy es privada y las relaciones con los trabajadores docentes se rigen por la Ley de Contrato de Trabajo, se puede prescindir de ellos, tema que se decidirá en la demanda laboral que el sr. Cocca ha iniciado contra la Universidad, en la que se ha considerado despedido», argumenta Capón.
 
El decano cree que las palabras de Cocca en el Congreso argentino no tienen nada que ver con su expulsión de las cátedras que impartía. «En absoluto, no hablamos ni del laboratorio y ni de la conversación en el Congreso», matiza. Capón ha dejado claro que no mantiene ningún conflicto de interés con la industria farmacéutica: «Solamente quien me desconozca puede afirmar que yo sea empleado o vinculado a un laboratorio, incluso ‘fantasma’. Lo mismo puedo afirmar de la Directora de la Escuela», concluye.
 
El doctor Cocca manifestó sus inquietantes averiguaciones ante los responsables de las patronales farmacéuticas
 
Eduardo M. Cocca ha manifestado que el laboratorio del que habló es Roux-Ocefa y el medicamento Dazolin, del que averiguaron, entre él y sus alumnos que hay una diferencia del 37.500% entre el precio al que compra el principio activo la empresa y al que lo vende.
 
«No lo cito porque a quien me dirijí en la conferencia es a las cámaras farmacéuticas, que son las que hablan por los laboratorios», explica. Cocca asegura que no fue despedido por motivos profesionales, «ya que estuve tres años al frente de las cátedras y jamás, nunca, vino nadie a verme».

Leer más...

Una de las estrategias que utilizan los lobbies industriales es la presión sobre científicos y académicos que realizan averiguaciones que no convienen a los intereses del sector. Esto ocurre, por ejemplo, con el lobby de la telefonía móvil y la contaminación electromagnética o el del sector químico, ciertos científicos españoles como Nicolás Olea, de la Universidad de Granada o Julio Gómez-Perretta y Manuel Portolés, del Hospital La Fe de Valencia, lo han sufrido en sus carnes. Como profesor de la Universidad Kennedy de Buenos Aires (Argentina), Eduardo M. Cocca enseñaba cinco asignaturas, entre ellas Ejercicio y Administración Farmacéutica. Como él mismo explica: «tenía más de 50 excelentes alumnos, inquisitivos, ávidos de adquirir conocimientos. Mi misión, además de enseñar Legislación Farmacéutica, era explicarles cómo es esta actividad comercialmente».
 
Tal es así, que como trabajo práctico averiguaron al azar el costo de un preparado que se utiliza como descongestivo nasal en gotas, droga a base de nafazolina que lleva más de 40 años en el mercado. Consultado el proveedor más importante para la industria farmacéutica, contestó que el costo por frasco era de 0,03 centavos y que se vende por 11,25 pesos. «Esto significa un beneficio por unidad del 37.500%, algo que no tiene parangón con ninguna actividad lícita», indica el maestro.
 
El 5 de junio de 2007, el profesor Cocca fue invitado a una conferencia en la Cámara de Diputados de la Nación, donde se realizaron unas Jornadas sobre “Ética y Medicamentos». Al evento, asistieron legisladores, funcionarios de los gremios profesionales, representantes de las patronales farmacéuticas, farmacéuticos y otros profesionales sanitarios. Finalizada la jornada podían exponerse posiciones de cada uno que quisiera hablar: «Yo fui uno de ellos -narra el catedrático- y en particular me dirigí a las Cámaras de la Industria, a los que tenía a pocos metros. El drama, expliqué, es la accesibilidad de nuestro pueblo a los fármacos, se nos mueren compatriotas, en particular niños, muchos de ellos muy pequeños y esta gente sin ninguna culpa gana el 37.500%. Esto es un escándalo de proporciones y el Estado debe y puede solucionarlo, no puede hacerse el distraído».

Altos funcionarios censuran para proteger los intereses de determinados laboratorios farmacéuticos

La respuesta a las palabras de Cocca no se hizo esperar, no para intentar solucionar el tema sino para quitárselo de enmedio. «Me citó mi Decano, el doctor Capón Filas y la directora de Farmacia, farmacéutica Magariños, y con un discurso Kafkiano e hiriente, me quitaron la cátedra de Farmacia. Días después todas las demás. No estoy arrepentido, no puedo ser cómplice de tamaño despropósito», concluye este profesional, que no ha tenido inconveniente en publicar su último sueldo: 231 pesos, aguinaldo incluido.

 
Esto demuestra una vez más que en cualquier país puede existir democracia de hecho al mismo tiempo que la censura sobre quienes cuestionan el orden establecido intenta borrar del mapa las voces honestas que denuncian las injusticias.

Leer más...