¿Os acordáis de la «epidemia» de pepinos contaminados con la bacteria Escherichia coli que hubo hace unos años? Durante la citada epidemia apareció en escena un medicamento que atrajo las miradas de la comunidad científica: Soliris, cuyo principio activo es el citado, eculizumab. El fármaco fue el más caro del mundo el año anterior, según la revista Forbes. Ahora sanidad le amplía indicación y financia con dinero público.

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Hace un año el Gobierno español aprobó un nuevo medicamento, Kymriah, un novedoso procedimiento terapéutico, destinado a tratar la leucemia linfoblástica aguda (LLA), un tipo de cáncer de la médula ósea y de la sangre que afecta especialmente a niños y jóvenes. El fármaco tiene un altísimo precio y resulta que el fabricante va a litigar para ocultar los criterios por los que se ha comprado.

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Leo en Redacción Médica que el ritmo de aprobaciones de nuevos medicamentos «parece estar recuperando el brío de antaño». Pasada la época de los blockbusters -aquellos fármacos cuya factura sobrepasa los 1.000 millones de dólares anuales-, la industria farmacéutica ha atravesado un periodo de transición en el que diversos fracasos en la I+D lanzaron un jarro de agua fría a las aspiraciones de los laboratorios. Desde el punto de vista económico esto es una buena noticia para los fabricantes pero ¿y desde el punto de vista de la salud?

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Publica el diario El País una noticia titulada La justicia obliga a Galicia a pagar el tratamiento de una dolencia rara. ¿Os acordáis de la «epidemia» pepinos contaminados con la bacteria Escherichia coli que hubo hace un par de años? Aunque no os lo parezca el asunto tiene relación. Como narra El País: «El Servicio Gallego de Salud (Sergas) ha sido obligado a financiar, por sentencia judicial, un costoso fármaco cuyo principio activo es el eculizumab y que mitiga los duros síntomas que sufre desde hace seis años Patricio Losada, un conductor de camiones de 30 años enfermo de Hemoglobinuria Paroxística Nocturna (HPN) que decidió proseguir su pelea en los juzgados cuando la Xunta se negó reiteradamente a costearle la medicina pese a haberle sido prescrita por su médico».

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Al hilo de lo que publiqué ayer bajo el título La verdad sobre lo que cuesta producir un medicamento ¿sabéis cual es el fármaco más caro del mundo? Soliris, cuyo principio activo es eculizumab. ¿Que cuánto cuesta? Pues entre 500.000 y 600.000 euros. ¿No os suena nada el nombre del medicamento en cuestión? Publiqué sobre él bastante hace casi dos años cuando hubo una epidemia de bacteria E. coli ¿recordáis?

El medicamento y quien lo fabrica, Alexion Pharmaceuticals, han vuelto a estar en el punto de mira. Viktor Almeys un niño belga de siete años de edad que, junto con otros 20 personas sufren Síndrome Hemolítico Urémico atípico (aSHU), una «enfermedad rara» (su incidencia anual de menos de seis casos por cada 10 millones de habitantes) para la que está aprobado Soliris, dependen de él. Pero cuesta demasiado para la Administración sanitaria de Bélgica.

En tal situación o el Estado financia o la farmacéutica baja el precio (aunque se me ocurre alguna otra idea). Bueno, pues la seguridad social decidió entonces solicitar al fabricante que redujera sus precios porque no estaba claro el coste en el que incurrió Alexion en el desarrollo de Soliris (insisto, releed el post de ayer para ver cómo se manipula el precio real de los fármacos).

Soliris fue probado inicialmente para la artritis reumatoide pero no fue eficaz en esta condición. De haberlo sido, su precio hubiera sido probablemente menor ya que habría tenido que competir con medicamentos que cuestan cerca de 15.000 euros. Las ventas de Soliris en 2010 fueron de cerca de 227 millones de euros y Alexion Pharmaceuticals obtuvo cerca de 194 millones de euros en beneficios netos en 2012.

Alexion se negó a reducir el precio del medicamento y emitió un comunicado en el que afirmaba que la ministra de la salud estaba poniendo en juego la vida de los enfermos al demorar la decisión de reembolso de Soliris.

El comunicado fue acompañado de un escándalo mediático orquestado por el laboratorio farmacéutico quien contrató la firma de comunicación y lobby G+ Europa para incitar a las familias a contar en los medios el caso de Viktor y de los otros niños enfermos de aSHU. El objetivo era obligar al Ministerio de Salud Belga a aceptar el precio impuesto so pena de aparentar negar un tratamiento vital a estos niños.

Sin embargo, el padre de Viktor afirmó que en ningún momento fue informado de la fuente de financiación de G+ Europa y declaró sentirse “asqueado” de haber sido usado para esta campaña.

El Ministerio de Salud Belga logró finalmente un “acuerdo” con el laboratorio (cuyos términos permanecen ocultos) y decidió financiar Soliris para el tratamiendo del aSHU y de la hemonoglobinuria paroxística nocturna, otra enfermedad rara para la que el medicamento está indicado. Hasta la Asociación de Industrias Farmacéuticas Belgas Pharma.be ha cuestionado los métodos de Alexion.

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