Cómo se ha usado el lenguaje para intentar anular la crítica durante la pandemia de Covid

No es ningún secreto ni por más obvio que sea podemos olvidar las consecuencias. La pandemia de Covid-19 ha ofrecido, a las grandes compañías farmacéuticas, una oportunidad comercial única en la historia. Por su naturaleza global, la citada emergencia sanitaria y el actual modelo económico hegemónico han convertido -al menos en teoría- a toda la humanidad en una masa de consumidores potenciales de sus productos.

En una economía de mercado es natural que la aspiración de las empresas sea maximizar sus beneficios. Según esta lógica empresarial, lo ideal sería que las vacunas se apliquen a todos los seres humanos del planeta.

También que los esquemas vacunales incorporen más y más dosis, que no se atribuyan méritos a la inmunidad natural y que no vacunarse suponga insoportables im-pedimentos para la vida diaria o, incluso, que la vacunación intente hacerse obligatoria (no voluntaria como en la actualidad).

Teniendo en cuenta el largo historial de artimañas desplegadas por las llamadas !multinacionales farmacéuticas» (big pharma), existe un riesgo real de que los promotores de las vacunas desarrollen maniobras mediáticas para acercarse a aquel ideal.

La experiencia ya acumulada permite valorar si se han producido silenciamientos, tergiversaciones o manipulaciones en la elaboración de un relato que resulte impugnable.

Es lo que hacen Luis Carlos Silva, de la Escuela Nacional de Salud Pública de Cuba y Andrés, sociólogo de la Universidad Nacional de San Juan en Argentina.

Lo publican en un artículo muy bueno que han titulado Reflexiones acerca de las cambiantes narrativas sobre las vacunas contra la Covid-19.

En él cuentan lo que estoy contándoos y algunas cosas como que también han habido «no pocas ‘teorías conspirativas’ han circulado con intermitencia en los últimos años y muchas han dimanado de individuos o grupos paranoicos, buscadores de prominencia o cultores del esoterismo«, comentan.

Hay quienes se sienten fascinados por tales explicaciones. Ahora bien -continúan- «algunas conspiraciones, de todo tipo, son reales«.

Una conspiración es el entendimiento encubierto de varios sujetos o grupos para trastocar o dañar el funcionamiento normal de otros o el desempeño legal de un mecanismo establecido.

Decenas de ejemplos ilustran que las denuncias sobre conductas conspirativas pueden tener un fundamento objetivo y corroborable. Cuentan estos autores del ámbito sanitario que ciñéndonos al marco de la salud,

basta recordar que todas las megaempresas de medicamentos tienen una copiosa y documentada historia de conspiraciones, en las que se han articulado mentiras, intimidaciones, contratos de autores fantasmas, ocultamientos y sobornos, entre otras conductas análogamente reprobables».

Y llevan razón, en este blog lo tenemos hiperdocumentado. Esta misma semana: De nuevo la corrupción salpica a la farmacéutica Bayer, multada en Estados Unidos por sobornos.

Por ello, un análisis objetivo como el que proponen en su escrito, exige alejarse de especulaciones y apreciaciones que pudiesen dar lugar a encasilla-mientos facilistas: «negacionista«, «antivacunas» o «conspiranoico«.

Lo explicamos así de claro y seguro que alguien habrá que lea este post y no lo entienda y prejuzgue.

Todos esos «argumentos» han sido y siguen siendo empleados para anular los argumentos críticos o neutralizar a quienes los desarrollen. Las etiquetas no convencen por sí mismas; persuaden (o no) los hechos, los argumentos y los datos corroborables, y silenciando los disensos con adjetivos peyorativos se cierra la puerta a cualquier posibilidad de diálogo.

Esta es una de las muchas facetas que hemos vivido durante la pandemia de Covid-19. Nunca antes se había desarrollado, de manera intencionada en muchos casos o como una corriente que se sigue sin mucho pensar, el uso del lenguaje para acallar las críticas.

Ahora que el foco informativo y mediático está a otras cosas, debemos aprovechar para hacer las críticas que no pudimos hacer con total libertad en los tiempos más duros de la pandemia.

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