Los ríos cargados de fármacos antidepresivos evidencian la sociedad sedada

El río Manzanares atraviesa Madrid con una medalla de oro, la de «más contaminado por fármacos de Europa». Va cargadito de antidepresivos y anticonceptivos. Así lo revela el mayor estudio de la historia, un análisis del agua de 258 ríos del mundo, alerta de «una amenaza global para el medio ambiente y para la salud humana». Y las muestras se recogieron antes de la pandemia. Ahora la cosa ha empeorado pues la misma ha disparado el consumo de psicofármacos.

En el Manzanares se ha detectado un promedio de 17 microgramos de fármacos por litro, con picos de casi 60 microgramos cuando se va acercando al municipio de Rivas Vaciamadrid.

Cinco de los fármacos encontrados en el río madrileño aparecen en unas concentraciones que suponen «un riesgo potencial para el medio ambiente», opina uno de los investigadores del proyecto.

Dos sustancias contra la hipertensión (propranolol y verapamilo) y el antidepresivo citalopram son una amenaza para los organismos acuáticos-

Los antibióticos metronidazol y sulfametoxazol pueden favorecer la aparición de superbacterias resistentes a estos medicamentos.

Los niveles de medicamentos en el agua de los ríos surgen sobre todo en ciudades de climas secos porque cuanto menos caudal menos se descontaminan al ser más difícil la dilución de los principios activos.

Cabe esperar que el cambio climático al que asistimos agrave estos posibles daños. Y no es broma, los fármacos pueden cambiar el comportamiento de los peces y de los animales invertebrados. Si los antidepresivos lo hacen con los humanos (medicamentos muy peligrosos además)…

Y otro ejemplo estudiado hace ya tiempo: los peces expuestos a anticonceptivos orales pueden sufrir cambios fisiológicos tan importantes como el cambio de sexo.

Pese al aumento de la venta de psicofármacos en las últimas décadas, la crisis de salud mental que sufre una parte considerable de la población mundial, lejos de mejorar, se ha agravado con la llegada de la pandemia.

A mediados de este mes (el 14 de marzo) va a publicarse en España el libro Sedados. Según el autor, James Davis, las razones de este problema no son tanto biomédicas, como sociales y económicas, es decir, resultado de las condiciones de vida.

En Gran Bretaña, casi una cuarta parte de la población adulta toma un medicamento psiquiátrico al año, un aumento de más del 500% desde 1980.

No obstante, pese a esta «epidemia de prescripción», los niveles de enfermedades mentales han aumentado en número y gravedad.

Esto lleva a Davis a defender una importante reforma social y económica para hacer frente a la crisis de salud mental.

Sedados explica cómo los sucesivos gobiernos y las grandes corporaciones han contribuido a promover una nueva concepción de la salud mental que sitúa como ideal a una persona resiliente, optimista, individualista y económicamente productiva, capaz de satisfacer las exigencias del mercado:

Un abordaje centrado en la sedación y en la despolitización del sufrimiento».

El autor británico explica que muchas de las personas a las que se prescribe medicación psiquiátrica NO padecen problemas biológicamente identificables, sino que experimentan las comprensibles y dolorosas consecuencias de las dificultades vitales.

A estas personas se les ofrece intervención médica y farmacéutica, en lugar de poner a su disposición terapias basadas en la conversación y la prestación psicológica social, que pueden facilitar mejor la recuperación.

Sedados examina por qué esta peligrosa visión individualista de la enfermedad mental ha sido promovida durante décadas, y analiza los fundamentos sociopolíticos que la facilitaron.

Definimos la ‘recuperación de la salud’ como la ‘vuelta al trabajo’. Achacamos el sufrimiento a unas mentes y cerebros defectuosos en vez de vincularlo a unas condiciones sociales, políticas y laborales nocivas.

Promovemos intervenciones medicalizadas sumamente rentables que, si bien son una magnífica noticia para las grandes empresas farmacéuticas, a la larga se convierten en un lastre para millones de personas».

En fin, habrá que leer más libros como este y bañarse menos en el Manzanares (pobres patos cargados de antidepresivos y patas puestas de anticonceptivos).

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