Del negacionismo a la búsqueda de economías «verdes» para evitar el colapso climático #CartasaElla

Por

4 de noviembre de 2019Salud ambientalSin Comentarios

¿Quién inventó las relaciones públicas y con qué objetivo? ¿Qué tiene que ver ello con algunos relatos estratégicos modernos? Os lo cuento con el estilo que tiene el proyecto #CartasaElla, ya sabéis quienes lo seguís, un abuelo cuenta mediante cartas a su nieta Ella cómo funcionan algunas cosas en el mundo, cosas que no nos han contado. Hemos creado un banner por si queréis leerlas todas cómodamente y queréis difundirlas.

          Ella, esta es la historia del poder (y del contrapoder) de la narración estratégica. Las redes sociales han propiciado una viralidad que nos convierte contadores de relatos e historias que se propagan en internet como los virus. Cada vez es más difícil saber qué es verdad y qué no lo es. Aunque, pequeña mía, la parte buena es que la ciudadanía con esa hiperconexión actual también puede ejercer más presión para conocer las verdades. Vigilando así a los propios vigilantes.

Ella, ¿quieres que te cuente más sobre la construcción de relatos escribamos artificiales? ¿Sabes quién fue Edward Bernays, pues aparte de ser sobrino de Sigmund Freud, de quien copió ideas sobre el funcionamiento de la mente humana para sus fines nada humanitarios, fue el pionero mundial de las relaciones públicas, quien las bautizó así y el primero en publicar un libro sobre la materia en el año 1923 titulado Cristalizando la opinión pública.

Bernays fue asesor personal en materia de relaciones públicas de varios presidentes de Estados Unidos y de las empresas internacionales más importantes del mundo.

Este maestro de las relaciones públicas y el marketing o de la manipulación, según se mire, ayudó a la industria tabaquera en la década de 1920 a abrir a un nuevo y codiciado mercado convenciendo a las mujeres de que fumasen cuando estaba mal visto para ellas.

Lo hizo convenciendo a féminas de la alta sociedad para que en un acto público llevasen escondidos unos cigarrillos y encenderlos como acto de protesta en favor de sus libertades y derechos.

Concluyó que el fumar cigarros simbolizaba el poder masculino y que por tanto fumar significaba para la mujer desafiar el poder masculino. Bernays también sacó fotos de mujeres jóvenes fumando en publicaciones destacadas, presentándolas como una expresión de su liberación y como un acto de desafío y rebelión cultural.

La operación la remató contratando a cientos de mujeres para que fumasen en lugares públicos y pagando a directores de cine para que las actrices fumasen en sus películas, hecho que al poco tiempo se consideró moderno y sofisticado. La campaña fue un éxito rotundo para la industria tabaquera, pero no para la salud de la mujer… y por supuesto las mujeres no han sido más libres por fumar.

Lo interesante de todo este relato, pura estrategia narrativa para crear un nuevo mercado, es que la historia sigue repitiéndose aplicada a otros ámbitos. Por lo visto, mi pequeña, otra de las consecuciones de Bernays fue orientar al electorado hacia un modelo de dos partidos hegemónicos para evitar la fragmentación del voto y el «caos». Ya sabes, lo que se llama hoy bipartidismo político.

Es como si en la sociedad toda hubiera triunfado esa dual manera de elegir porque hoy parece que estamos abocados a elegir entre Real Madrid o Barcelona, Burguer King o MacDonald’s, Coca-Cola o Pepsi. Resulta que Bernays entendió bien que los humanos somos susceptibles de ser manipulados con fines económicos (comerciales) y políticos y estaba convencido de que la propaganda y las relaciones públicas, eran disciplinas necesarias para «convivir en una sociedad funcional sin sobresaltos».

Este ideólogo corporativo resumía su maestría en el arte de conseguir que las personas se comportaran de manera irracional si se lograba vincular los productos (o las políticas) con sus emociones y deseos más acendrados. Esto Ella me recuerda a lo que sucede con el cambio climático, pese a que llevamos décadas siendo advertidos de que va a suceder y que va a implicar drásticos cambios en nuestro modo de vida, es como si no quisiéramos aceptar, racionalizar ese enorme peligro.

Quizá porque nuestras emociones y deseos quieren que todo siga igual, que la vida relativamente acomodada que llevamos las personas en los países llamados desarrollados o ricos no cambie, que el ritmo de consumo y gasto de energía, que sucintamente es lo que ha provocado la actual emergencia climática, no paren.

Creo que ya te conté cual fue el relato que se usó desde el negacionismo para, de manera nihilista y suicida, retrasar las posibles soluciones al calentamiento global y todo lo que conlleva (aumento de temperaturas, deshielo de los polos, desertificación, extinción de especies, que se acentúen los fenómenos metereológicos, etc). Bien, han transcurrido los años, el cambio climático ha pasado de ser «algo que podía suceder» a ser una realidad mayoritariamente aceptada.

Y el relato también ha cambiado adaptándose a los tiempos. Los círculos económicos y políticos de poder que antes negaban ahora aceptan e incluso están por la labor de «pasar a la acción», hacer cosas para evitar el colapso ecológico que podría provocar una cadena de reacciones que condujesen a la práctica extinción de la vida sobre la Tierra.

¿Y qué nos cuenta esa narración estratégica? Pues casi lo que queremos oír, que aún estamos a tiempo de parar el cambio climático, que es posible si nos encaminados hacia una «economía verde», que si sustituimos las fuentes energéticas provenientes del petróleo, las energías sucias por otras renovables o «limpias» el planeta dejará de calentarse y podremos seguir viviendo tranquilos.

La empresa no siendo fácil en un mundo que depende totalmente del petróleo para casi todo es sugerente pero mi querida nieta, eso es lo que queremos oír, como te escribo, porque la realidad es muy diferente.

Tan tan diferente que no creo que exista nadie sobre la faz de la Tierra que la conozca a ciencia cierta. Pero lo que parece seguro es que si la industrialización de los últimos 200 años y sus principales actores, gobiernos y grandes corporaciones e instituciones que les han apoyado, han provocado un cambio climático que puede ser irreversible, no valdrá una nueva revolución industrial esta vez «verde» impulsada por los mismos actores.

Piensa sobre esto pequeña mía que en breve volveremos sobre ello.

Te quiere, tu abuelo.

Deja un comentario

Los comentarios de este blog están moderados y han de tener la sana intención de fomentar el debate sobre lo que se plantea en las informaciones y opiniones de la página. Intente ajustarse al texto sobre el que comentar. Utilice un lenguaje correcto: claro, conciso y si va a realizar afirmaciones rotundas documéntelas. Los comentarios insultantes y/o que falten al respeto a los lectores del blog no serán publicados.

Recuerde que el titular de esta página es periodista no médico por lo que el blog tiene fines informativos no de consultorio sanitario. El editor no se hace responsable de las opiniones y comentarios de sus lectores.

El editor no tiene por qué compartir con los comentaristas sus puntos de vista.