Las políticas sanitarias giran en torno a la enfermedad y no a la salud

Os ofrezco otra entrega de mis #CartasaElla que continúa explicando el poder del complejo medicalizador industrial y el de algunos de sus defensores (directos o indirectos). Espero que os estén pareciendo sugerentes y que si lo consideráis, las difundáis. 

Muchas veces es difícil encontrar personas del ámbito de la salud que sean independientes, que no estén en el complejo medicalizador industrial que te describía en otra ocasión. Una de las publicaciones sobre temas médicos más importante del mundo es el New England Journal of Medicine (NEJM). En 2002, por lo tanto hace ya tiempo, sus responsables pensaron en ganar independencia y decidieron no solicitar textos a autores vinculados con la industria.

Entonces se dieron cuenta de que no podrían cubrir algunos campos de la medicina pues existen áreas en las que todos los profesionales están implicados. Decidieron que al menos quienes escriban en sus páginas declaren sus intereses financieros y de otra índole.

¿Y qué me dices de ese divertido concepto de las “puertas giratorias”? Como en esos hoteles de lujo cuya entrada tiene puertas que giran 380 grados y entras por una y sales por otra, muchos políticos y altos funcionarios en puestos clave del sistema sanitario, dejan sus empleos para pasarse al otro lado, a trabajar para una gran empresa del ámbito en el que se desenvolvía.

En nuestro país ha habido directores generales de Farmacia del Ministerio de Sanidad que luego han pasado a tener empleo en la compañía farmacéutica Merck como responsable de Relaciones Institucionales.

Y hemos tenido directores de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) que luego han ido a trabajar al laboratorio Schering-Plough. Los ejemplos son numerosos.

Sí, mi querida Ella, médicos, hospitales, organizaciones médicas y fundaciones para investigación, compañías farmacéuticas y de tecnología sanitaria, aseguradoras y asociaciones de enfermos, son parte de una red que se realimenta. Para hacer dinero necesitan a la gente enferma, la salud es enemiga de sus finanzas porque si la población estuviera sana, numerosos componentes del complejo medicalizador industrial se quedarían fuera del juego. Por eso las políticas sanitarias giran en torno a la enfermedad y no a la salud.

Y como también te contaba en otro rato hay defensores de ese modelo, al menos de manera indirecta. Se consideran «escépticos». El problema es que, al igual que otras agrupaciones de carácter político, se basan en la identificación de un enemigo cuya existencia le coloca a uno automáticamente del lado del bien.

Puesto que el enemigo representa el mal, la lucha contra él viene envuelta en un halo de virtud, sobre todo si esa lucha consiste en liberar al pueblo de sus garras.

Dada la imagen positiva del científico como alguien de cuyo trabajo de descubrimiento de la verdad derivan aplicaciones para el progreso del ser humano, -comentan en el blog Fuera de clase- los science warriors son héroes de la razón que desengañan al vulgo mostrándole el camino de la racionalidad, conducente a una sociedad próspera y justa”.

Tienes que saber Ella, que el pseudoescepticismo o fundamentalismo científico es un lobby internacional que a veces da la cara y otras veces juega a esconderse y avanzar cuando se sienten débiles. Es una franquicia de la marca que surgió en USA y que no tiene nada que ver con ser escéptico personalmente.

Tener una actitud honestamente escéptica me parece imprescindible hoy para entender este mundo tan complejo. Pero ese movimiento aspira a influir en la sociedad civil y en los medios de comunicación, mediante la divulgación científica y de otros tipos, así como en las universidades y si pueden, en la propia ciencia.

No me gusta la palabra peligroso, querida nieta, pero sí que lo es que personas intolerantes y carentes de empatía con los demás aspiren a marcar la agenda de la ciencia en la medida de sus posibilidades.

El pseudoescepticismo es reaccionario. Éstos son los partidarios de mantener los valores políticos, sociales y morales tradicionales. Los reaccionarios se oponen a reformas o cambios que representan progreso en la sociedad.

Para ellos si estás preocupado por el impacto ambiental y en la salud pública de los químicos tóxicos eres “quimiofóbico”; si en tu comunidad de vecinos hay muchos casos de cáncer y protestas porque en el tejado tenéis un conjunto de antenas de telefonía, eres “antiantenas” o un “histérico”; si un médico recomienda una medicina o terapia que no sea “oficial” se convierte en un “pseudoterapeuta” que practica la “pseudociencia”; y en general si por cualquier motivo, te relacionan con las “pseudociencias” serás insultado con el concepto “magufo”, combinación de mago y ufólogo, que es lo peor de lo peor.

O quizá más horrible es que te cataloguen de “anticiencia”, por más que lo que hagas es criticar la mala ciencia, no la ciencia en sí. Y si cuestionas lo establecido o propones hipótesis alternativas serás un “conspiranoico” o un “charlatán” o un “supersticioso”.

Pues bien, mi pequeña Ella, este lobby trata de influir en los políticos y legisladores y si pueden reciben subvenciones públicas como por ejemplo cátedras de cultura científica. Y todo para promover una ciencia sesgada o más bien sus productos: telecomunicaciones inalámbricas, agricultura hipertecnificada y cargada de fitosanitarios, transgénicos o cualquier cosa que provenga del tecnocientifismo.

No es que se encarguen de “vender” directamente bienes y servicios, lo que hacen es preparar a la sociedad para aceptarlos sin rechistar dando por hecho que son buenos en sí mismos. Pero, ¿no se trataba de dudar de los fenómenos nuevos hasta que no estén bien comprobados?

¿Que de qué corriente ideológica, derecha o izquierda, es esta ideología? A los pseudoescépticos les da igual estar con la derecha o con la izquierda, pero por ejemplo cuando en los últimos años se han negociado tratados comerciales internacionales en ellos se ha intentado colar la idea de que para vender un producto se valore que esté probado científicamente antes que el principio de precaución.

Éste respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente). Esto es pura ideología pseudoescéptica pues las encargadas de demostrar la seguridad de algo son las mismas empresas que lo comercializan y ¿cuántos productos que atentan contra la salud pública se venden tranquilamente hoy mientras sus fabricantes aportan pilas de documentos que “demuestran” que son inocuos?

Ahí están el tabaco o el amianto o los daños de la talidomida y tantos otros medicamentos o el herbicida glifosato, declarado potencialmente cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pero que es el más usado en el planeta.

Otro día seguimos Ella, un saludo mi pequeña.

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