Familias con secuelas por la vacuna del papiloma: «Somos afectadas no antivacunas»

El sábado 15 diciembre estaba convocada en Vigo una jornada sobre salud de las mujeres en la que intervendrían varias profesionales sobre temas polémicos, entre ellos el de la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH). Para abordar este tema llamaron a Alicia Capilla, presidenta de la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma (AAVP) y acepté la invitación. Pero el acto ha sido censurado y su organizadora, la eurodiputada gallega Lidia Senra, como la citada asociación, desacreditada con el sambenito de «antivacunas».

Hoy la Inquisición no actúa pero sus modos perviven. El sambenito era una prenda utilizada originalmente por los penitentes católicos para mostrar público arrepentimiento por sus pecados y más adelante por la Inquisición española para señalar a los condenados por su tribunal, por lo que se convirtió en símbolo de la infamia. Parece que en nuestros días confiar en que una inmunización es buena para tus hijas pero con tan mala suerte que las cosas no salen bien y sufres graves secuelas, te convierte en un apestado.

No eres víctima de esas vacunas. No eres una persona afectada por sus efectos secundarios, eres «antivacunas» y has de penar por ello, pasear tu dolor y soportarlo como puedas y pedir perdón público. ¿Cual es tu pecado? Ser un ejemplo vivo de que algo no funciona como nos han contado. Que los sistemas de vacunaciones no son perfectos y que miles de jóvenes en todo el mundo, mujeres sanas que buscaban prevenir una enfermedad, el cáncer de cuello de útero, están enfermas, algunas de por vida y no saben porqué. ¿Qué hicieron mal?

Alicia Capilla, presidenta de la AAVP, atiende a medios de comunicación.

Como explica Capilla:

Lo que somos es afectadas, no antivacunas. La Asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma, no es un movimiento ‘antivacunas’, si lo fuéramos, no nos habríamos vacunado».

Cuando en el año 2007 se tomó la decisión de incluir las vacunas del papiloma en el sistema sanitario público, muchos profesionales de la salud, más de 8.000, decidieron expresar su oposición a través de un documento en el que pedían una moratoria en la aplicación de la vacuna del virus del papiloma.

A pesar de las advertencias de dicho documento sobre la eficiacia y seguridad de estas vacunas, se incluyeron en el calendario de vacunaciones de nuestro país en 2008, por lo que las adolescentes de 14 años de edad comenzaron a vacunarse en otoño de ese mismo año.

Nuestro drama -explica Capilla- comenzó en febrero de 2009, cuando dos adolescentes valencianas tuvieron que ser hospitalizadas afectadas por los efectos adversos de esos productos. Desde entonces, otras muchas niñas y jóvenes los padecen -exigiendo que se les escuche- o permaneciendo en el anonimato.

Negar la obviedad de que todos los medicamentos pueden provocar efectos adversos es, cuanto menos, una necedad. Las autoridades sanitarias negaron entonces -y continúan negando- que la vacuna fuera la causa de los graves problemas de salud que padecían las niñas. Este no reconocimiento, nunca se debió a la ignorancia de quienes lo sostuvieron, sino más bien a otro tipo de intereses poco altruistas, que la Justicia tendrá que investigar en algún momento».

Si la ignorancia no es admisible como pretexto, aún lo es menos el trato vejatorio y denigrante que, incomprensiblemente, recibieron las víctimas y sus familias en el hospital, por no tratar la infamia, hábilmente difundida, de que las niñas estaban simulando.

Nunca antes nos hemos sentido tan discriminadas como mujeres. Que las mujeres, por el hecho de serlo tengamos que aguantar que nos tilden de histéricas es algo que en pleno siglo XXI no se puede consentir, pero que se utilice además este sambenito como argumento científico es algo realmente inaudito.

Nunca antes nos hemos sentido tan desprotegidas y tan engañadas», continúa la coordinadora de la AAVP.

Y continúa:

Durante estos diez años, las jóvenes y las familias hemos tenido que soportar un calvario. Al principio, los primeros casos (los de Valencia) parecían ser únicos en el mundo, pero no eran casos únicos y las autoridades lo sabían. No había más que consultar las notificaciones de posibles daños que se habían cursado tanto en nuestro país como en otros países antes de los casos de Valencia.

En el porqué de esta gran mentira y en la constatación de que no tenían ninguna intención de reconocer algo tan simple como que un medicamento provoca efectos adversos, está el origen de la AAVP. Nació, por lo tanto, por la ineficacia de los responsables de la sanidad, que en ese momento tenían el deber de velar por la salud de nuestras hijas y que optaron y siguen haciéndolo, por mirar hacia otro lado para zanjar un problema, que temen les estalle entre las manos».

Así pues, nos encontramos ante una situación incomprensible en un estado de derecho: elevar a razonamiento científico lo que no es más que un prejuicio reprobable e impropio de sociedades, que como la nuestra, aspiran a la verdadera igualdad. Ser mujer no puede ser en ningún caso justificación para estigmatizar a las enfermas.

Desde el año 2009 -prosigue Capilla- hemos solicitado a las autoridades sanitarias de nuestro país que se informe a los ciudadanos de los posibles riesgos de las vacunas del papiloma, que se realice una farmacovigilancia efectiva y se reconozcan los efectos adversos que nuestras hijas han padecido tras recibir estas vacunas. Desgraciadamente, se nos ha ignorado como colectivo. Primero diciendo que esta vacuna no produce efectos adversos, después argumentando que somos las víctimas las causantes de nuestras enfermedades y por último llamándonos antivacunas«.

En el último informe que la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios, aparecen datos que nadie debe desdeñar, ni pasar por alto. Desde la inclusión de las vacunas del Papiloma en nuestro país en el 2008, se han registrado hasta ahora un total de 1.283 notificaciones. Ya que las afectadas suelen sufrir más de un efecto adverso se eleva a 3.832 el número de reacciones hasta junio de 2018.

Es importante mencionar que el 43% de las notificaciones registradas en el primer semestre de 2018 son casos graves. Tampoco podemos obviar que en nuestro país hay siete notificaciones con desenlace fatal.

En la base de datos de la Agencia Europea del Medicamento figuran las notificaciones registradas hasta noviembre del 2018 con las tres vacunas del papiloma que existen en el mercado, Gardasil tiene un total de 16.720 notificaciones de reacciones adversas, Gardasil 9, 1.956, mientras que Cervarix tiene 6.983.

Llama la atención las más de 300 notificaciones de reacciones adversas con desenlace fatal registradas en dicha base de datos.

Exigir que las autoridades de nuestro país actúen con la debida diligencia, apoyando a las víctimas, realizando una labor de farmocovigilancia efectiva e independiente e informando de los posibles riesgos que una práctica médica puede acarrear en personas sanas, no significa que seamos antivacunas.

Desde nuestra asociación no dudamos de que las vacunas constituyen una de las medidas sanitarias que mayor beneficio ha producido y sigue produciendo a la humanidad. Previenen enfermedades que antes causaban grandes epidemias, muertes y secuelas, por esa razón nos vacunamos.

Pero tampoco podemos olvidar que las vacunas se aplican a personas sanas y no pueden acarrear mayores problemas de salud que el que intentan evitar y que cuando éstos se producen -como con cualquier otro medicamento- el Estado tiene la responsabilidad y la obligación de apoyar y de ayudar a las víctimas«, concluye la presidenta de la asociación de afectadas.

La jornada censurada por el Ayuntamiento de Vigo parece ser que finalmente se realizará en otro municipio. Os mantendré informados.

3 Comentarios a “Familias con secuelas por la vacuna del papiloma: «Somos afectadas no antivacunas»”
  1. Txu

    Dicen que la relación beneficio/riesgo con esta vacuna es altísima, aunque bien podría decirse que rozando el infinito, ya que según ellos el beneficio es máximo y el riesgo prácticamente cero. Hacen trampas en este cálculo. Tienen en cuenta el supuesto beneficio aun no totalmente demostrado, mientras que desprecian -estadísticamente hablando- los numerosos casos de efectos adversos producidos. Para ellos estos no cuentan, primero porque no se registran convenientemente -además de la infranotificación-, y después porque los registrados no van a ninguna parte, no se evalúan ni se investigan.

    Vamos a ver, para intentar hacer balance de riesgos, y que cada uno extraiga sus propias conclusiones:
    1. La vacuna está en estudio.
    2. No se conoce completamente su eficacia.
    3. No se conoce su duración, si se necesitarán más dosis de recuerdo.
    4. No cubre todos los virus que pueden causar cáncer de cuello de útero.
    5. En el 80-90% de los casos, el virus VPH se elimina de forma espontánea en el organismo.
    6. Ya existen otras medidas de prevención para evitar contraer la enfermedad.
    7. Esas medidas de prevención no tienen efectos secundarios.
    8. Si se contrae la enfermedad, el cribado citológico permite abordar terapias curativas .
    9. En general, la enfermedad se padece en la edad madura.
    10. En general, la vacuna la reciben niñas y jóvenes adolescentes.
    11. La vacuna tiene efectos secundarios, como cualquier medicamento.
    En particular, la vacuna VPH más que cualquier otra vacuna del calendario, y más efectos de carácter grave con peligro para la vida.

    Hoy se están vacunando niñas y jóvenes que tardarían años en padecer la enfermedad con muy baja probabilidad sin ser vacunadas. Son ellas las que pueden padecer de forma inmediata los graves efectos secundarios, en la flor de la vida. Sus familias sufren con ellas, se altera toda la vida familiar. Si ahora mismo existen terapias curativas al menos para los estadios iniciales diagnosticados de la enfermedad, ha de suponerse que para entonces, cuando pasen esos años, seguirá habiendo terapias y además mejoradas. Afortunadamente, la ciencia avanza y la medicina también.

    ¿Vacunas? Por supuesto que sí, las que sean necesarias, eficaces y seguras.

  2. Rafael Domínguez Losada

    Yo soy antivacunas. No fueron necesarias a lo largo de milenios y pese a ello llegamos hasta esta maldita historia plagada de fascistas amos de lo nuestro (los católicos en el sentido universal del término; es decir, los que utilizan las diversas religiones para amansarnos por la moral a fin de podernos trasquilar impunemente como a ovejas y a borregos). Y si actualmente nuestra alimentación y medio ambiente fuesen saludables por todo el planeta, sin guerras ni hambrunas, educados en la buena ética antigua para ser libres en vez de moralizados a fin de hacernos formar parte de la moderna esclavitud con amos a quienes servir, seríamos gente psicosomáticamente sana sobre una tierra infinitamente mejor gestionada y sin precisar de porquerías farmacológicas que en enorme medida solo son necesarias para enriquecer a mafiosos y mantener a sus lacayos.

  3. legazpi - Legazpy

    ¿Ha oido que en Australia la vacuna del papiloma hará desaparecer el cáncer de cuello de útero?
    ¿Con cifras estabilizadas de incidencia y mortalidad del cáncer de cuello de útero desde 2002, ANTES de introducir la vacuna del papiloma? Datos oficiales en https://cervical-cancer.canceraustralia.gov.au/statistics?fbclid=IwAR0bC2hVsmyq-D6rsbc33LW1DhWu3h3S5t87V4y-HOAMTAICDTESPi9515s

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