Pelotazo medicamentoso con las nuevas inmunoterapias para tratar el cáncer

Las farmacéuticas Gilead y Novartis acaban de lanzar dos nuevas terapias contra la leucemia, la de Novartis a un precio de 475.000 dólares y la de Gilead a 373.000 dólares. ¿Qué criterios se utilizan y dan lugar a estos desorbitados precios? Porque parte del origen de estas terapias está en el trabajo desarrollado con fondos públicos.

En la última década, se ha desarrollado un nuevo tipo de tratamiento que empieza a posicionarse como una de las alternativas con más futuro para tratar el cáncer: la inmunoterapia, que modifica las propias células del sistema inmunitario del paciente para que detecte y destruya a las células causantes de la enfermedad.

Hace poco, la Agencia de medicamentos estadounidense, la FDA, ha aprobado dos tipos de inmunoterapias denominadas CAR-T (Chimeric Antigen ReceptorsT Cells, en inglés), empleadas para tratar leucemias. Kymriah, de la farmacéutica Novartis y Yescarta, de Gilead.

Ambas con precios que rondan los 400 mil dólares por tratamiento. Son terapias prometedoras en la lucha contra el cáncer pero que también marcan un punto de partida de precios que serán tomados como referencia para el resto de tratamientos CAR-T que estén por llegar.

Los precios con los que salen al mercado estadounidense estos medicamentos son habitualmente tomados como referencia a la hora de comercializarlos en Europa y, por tanto, también en España. Por ello, la campaña No Es Sano ha enviado una carta dirigida a los presidentes de Novartis y Gilead en España y a sus sedes centrales para trasladarles la enorme preocupación que suponen los precios de estas nuevas terapias y conocer los criterios que se han empleado para imponer dichos precios.

Hace unas semanas, la farmacéutica Novartis anunció el lanzamiento de su nueva terapia CAR-T Kymriah contra la leucemia linfoblástica aguda (LLA), un tipo de cáncer de la médula ósea y de la sangre que, según la Agencia Americana del Medicamento, afecta especialmente a la población infantil y cuyos resultados podrían ser muy prometedores entre los niños y jóvenes menores de 25 años.

Además, la aprobación de Kymriah en la FDA se ha basado en un ensayo clínico que contó con la participación de tan sólo 63 pacientes, generando todavía dudas en cuanto a su eficacia y seguridad.

Como opina Carlos Ponte, portavoz de No Gracias,

está consolidándose un modelo de innovación de alto riesgo caracterizado por la debilidad de las evidencias y por precios desorbitados e inaccesibles”.

A finales del mes de agosto, Gilead anunció la compra de la compañía Kite Pharma por 11.900 millones de dólares y con ello, la adquisición de todas sus innovaciones en inmunoterapias. Entre ellas, Yescarta, la segunda terapia CAR T que ha sido aprobada por la FDA hace tan sólo unas semanas para el tratamiento de un tipo de leucemia en adultos. 373.000 dólares por tratamiento es su precio de salida. La solicitud de autorización en Europa también se espera para finales de este año.

Al problema del precio desorbitado que ha abierto el mercado de estos nuevos tratamientos, se une la falta de retorno de inversión pública de unas terapias que han sido ampliamente desarrolladas en numerosos centros públicos de todo el mundo con fondos procedentes de la recaudación de impuestos de los ciudadanos y ciudadanas. Sólo en Estados Unidos, las instituciones públicas han invertido más de 200 millones de dólares desde 1993 en el desarrollo de estas terapias.

No Es Sano ha preguntado a las compañías sobre los criterios utilizados para la fijación del precio de estas terapias, sobre todo en un momento tan incipiente, y su inversión en I+D separada de la inversión destinada a las compras de licencia.

Nos preocupa mucho la tendencia de los precios que vemos en estas nuevas terapias. Por eso nos parece tan importante la transparencia sobre las inversiones reales en I+D de las compañías. Además, una cosa es la inversión en innovación biomédica y otra la compraventa de empresas bajo una lógica especulativa”, asegura Vanessa López, directora de Salud por Derecho.

Todo esto tiene antecedentes. En el año 2005 el mundo estaba preocupado por una “epidemia” de gripe aviar. Nunca llegó a ser tal pero entonces Roche, el laboratorio a quien la compañía Gilead le había vendido un medicamento antiviral de nombre Tamifludio un pelotazo vendiéndolo a mansalva. En 2009, el mundo volvió a preocuparse por una “pandemia” de gripe A que, por suerte, nunca llegó. Pero el pelotazo se repitió y con mayores beneficios.

Gilead hizo un buen negocio al vender Tamiflu a Roche. Luego ha intentado mejorarlo al haber comprado el fármaco para la hepatitis C llamado Sovaldi al laboratorio Pharmasset y ya ha de estar amortizándolo porque consiguió que la Administración sanitaria española comprase el tratamiento a 13.000 euros.

El pelotazo con Tamiflu no fue sólo económico también hubo fraude científico. No sólo se aprovechó el miedo de la población para vender enormes cantidades de un fármaco para emergencias que no existieron, no. El medicamento elegido es casi inútil. Como ha publicado el diario El Mundo NO hay pruebas de la eficacia de Tamiflu. Y según argumenta la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en La verdad sobre Tamiflu: poca eficacia y muchos intereses:

Las evidencias no avalan el uso de Tamiflu”.

Nunca se sabe hasta dónde llegan los tentáculos de determinados personajes. Lo escribo porque uno de los principales accionistas de Gilead, cuando se propagó el miedo a la gripe aviar en 2005 era el ministro de Defensa de USA, Donald Rumsfeld. Lo cierto es que aún hoy y tras saber todo lo que sabemos sobre estos pelotazos y la inutilidad del fármaco, los CDC se muestran contra la Medicina Basada en Pruebas, la hegemónica y continúan recomendando Tamiflu.

Gilead comenzó pidiendo en España 60.000 euros por el tratamiento de los afectados por hepatitis C con Sovaldi (Ana Mato, ex ministra de Sanidad dijo que lo habían dejado finalmente en 25.000 y como escribo, la cifra final está en torno a los 13.000).

En una interesante entrevista que publica El Mundo con el “padre” de Sovaldi, puede leerse lo siguiente:

-Pero fabricar el Sovaldi cuesta la centésima parte de ese precio. Explique a los españolespor qué tienen que pagar tanto.

-El fabricante tiene que recuperar los 11.000 millones de dólares que les costó comprar la patente. También debe costear los fármacos que nunca triunfan en el mercado. Y, por supuesto, ha de obtener beneficios para sus accionistas. Sin eso, nadie financiaría las investigaciones para descubrir nuevos tratamientos. Puede sonar duro, pero es algo que he aprendido a lo largo de mi carrera”.

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