El pseudoescepticismo de los “teocientíficos” y la agroecología

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3 de noviembre de 2017Salud ambientalSin Comentarios

En este post comienzo compartiendo una inteligente crítica al cientifismo para continuar con una exposición sobre lo que significa la agroecología y su capacidad de “alimentar al mundo” y encarar al tiempo el enorme problema del cambio climático. Hay una crisis ecológica y las soluciones pueden empezar en nuestro plato.

La doctora en Físicas Margarita Mediavilla ha escrito uno de los textos que mejor describen el auge del cientifismo o fanatismo cientifista y la “competencia” que se ha establecido entre la religión y esta nueva fe que supone la elevación de la Ciencia a la categoría de precepto religioso.Peteiro Autoritarismo científico ciencia pseudociencia

El pasado mes de junio ya resumimos otro de sus artículos en el que, como científica, objetaba a la campaña que desde algunos estamentos sanitarios han comenzado contra lo que ellos denominan “pseudociencias”.

Mediavilla publica ahora un post en su blog titulado Pseudociencias y teocientíficos ¿por qué lo llaman ciencia cuando quieren decir política? En él critica la actitud de los falsos escépticos que pueblan hoy sobre todo las redes sociales y algunos medios de comunicación:

El escéptico -escribe esta profesional- es un discurso curioso, que se dice defensor de la ciencia pero que, en realidad, no se basa en la duda científica, sino en la fe en la Ciencia. Lo cual es bastante absurdo porque tener fe en la ciencia es muy poco científico. Y es que sus afirmaciones están trufadas de una gran confianza (casi fe) en lo científico y establecen una especie de cruzada contra lo acientífico que emprenden, supuestamente, por el bien de la humanidad a la que tanto mal hacen estas supersticiones.

Con ello, están utilizando la ciencia como fuente de ética (todo lo científico es bueno), olvidando que la ciencia es una herramienta para conocer las consecuencias de nuestras acciones, pero no para decidir si éstas son buenas o malas, porque la ciencia no es ética ni es moral ni es una religión. En lugar de escépticos les podríamos llamar teocientíficos, si se me permite en neologismo, personas que usan la ciencia como dios“.

Esto es un aperitivo de un artículo que, insisto, merece la pena leer con detenimiento. Ya preparo una entrevista con su autora para profundizar en algunas de las cuestiones clave que plantea.agroecologia

Lo que me trae aquí hoy es una parte de ese post de Mediavilla dedicado a un concepto fundamental hoy como es la agroecología.

Se entiende por esta la disciplina científica que, frente a la agronomía convencional, se basa en la aplicación de los conceptos y principios de la ecología al diseño, desarrollo y gestión de sistemas agrícolas sostenibles.

La agroecología se basa en la producción de alimentos con una visión integral acerca del ecosistema, incluyendo el entorno social.

Esta producción se caracteriza por obtener alimentos mucho más saludables que la agricultura convencional y sostenida en el tiempo pues no se agotan los suelos al no usar (casi, porque de hecho se usan algunas de manera regulada) sustancias agresivas.

Después de 200 años -escribe la doctora en Físicas- el ideal ilustrado de progreso se encuentra muy anquilosado y no es capaz de dar respuesta a los retos del siglo XXI. Por eso, defenderlo acríticamente y aferrarse al él basándose en sus logros históricos (como hace el discurso pseudoescéptico), es fruto de una ideología conservadora que intenta oponerse a la gestación de una nueva definición de progreso acorde con el siglo actual”.

La agroecología es la opción más sensata de producir alimentos pero su éxito, la expansión más allá de círculos aún minoritarios, pueden hacer que el volumen de negocios de ciertas grandes empresas caiga estrepitosamente:

La agroecología está demostrando que es un modelo válido para sustituir la actual agricultura química, pero tiene el inconveniente de que no necesita casi nada de lo que la industria química o la ingeniería genética le pueden vender.

Si a ello le sumamos el hecho de que recientemente la FAO y las Naciones Unidas han publicado estudios que recomiendan este tipo de técnicas agroecológicas como la mejor forma de luchar contra el hambre y el cambio climático o el que los agricultores están empezando a verlas como una alternativa viable para soportar el aumento del precio de los insumos, no es extraño que se emprendan campañas mediáticas y se utilicen todas las manipulaciones del marketing para desprestigiar estas ‘peligrosas’ tendencias”, concluye la científica.

En la década de los años 70 del siglo pasado la humanidad empezó a ver en el horizonte los límites del crecimiento y surgieron movimientos que buscaban un futuro más en armonía con la naturaleza. El auge del neoliberalismo de los 80 frustró esas iniciativas. En estos momentos de la historia, las viejas cuestiones no resueltas de los años 70 están volviendo a ser actualidad, pero como cuenta Margarita, ahora con el cambio climático y los límites del crecimiento, no ya en el horizonte, sino en el umbral de nuestra casa.

Estoy de acuerdo con ella también en que necesitamos, urgentemente, orientar el timón de nuestros ideales colectivos hacia una nueva utopía de progreso que nos permitan enfrentarnos con este siglo marcado por la crisis ecológica.

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