Una epidemia de fiebre amarilla controlada para la que no llegaron (todas) las vacunas

Durante el mes de agosto se han publicado en medios de gran audiencia varias noticias sobre una posible epidemia de fiebre amarilla. De momento parece que no hay que preocuparse pues ayer mismo la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que la epidemia en Angola y República Democrática del Congo (RDC) puede considerarse bajo control. Vale la pena considerar algunos aspectos.

La fiebre amarilla es una enfermedad infecciosa de origen vírico que se transmite por la picadura de un mosquito, el Aedis aegypti (el mismo que porta el virus del zika) en la segunda fase de la enfermedad la piel de la persona afectada se pone amarilla a causa de la ictericia. El virus es endémico en las zonas tropicales de África y de América Central y Sur.

Las grandes epidemias de fiebre amarilla se producen cuando el virus es introducido por personas infectadas en zonas muy pobladas, con gran densidad de mosquitos y donde la mayoría de la población tiene escasa o nula inmunidad. Así, los mosquitos infectados transmiten el virus de una persona a otra.Fiebre-amarilla

La fiebre amarilla puede prevenirse con una vacuna muy eficaz, segura y asequible, según la OMS. Una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de recuerdo.

La vacuna ofrece una inmunidad efectiva al 99% de las personas vacunadas en un plazo de 30 días.

Un buen tratamiento de apoyo en el hospital aumenta la tasa de supervivencia. No hay tratamiento antivírico específico para la fiebre amarilla, pero el desenlace mejora con el tratamiento de la deshidratación, la insuficiencia hepática y renal y la fiebre. Las infecciones bacterianas asociadas pueden tratarse con antibióticos.

Las alarmas se habían encendido hace algunos meses por la rápida multiplicación de casos en Angola y RDC, con más de 400 muertos y miles de infectados. La OMS ha optado por emplear dosis fraccionadas de la vacuna que al menos otorgan protección por un año. Al parecer había un problema de existencias de vacunas. La vacuna tarda un año en fabricarse, así que incluso con los fabricantes trabajando a todo vapor, es imposible reponer las reservas a tiempo.

El caso es que según Médicos sin Fronteras, los primeros casos de fiebre amarilla se dieron en diciembre de 2015 y se confirmaron en enero de este año. Las primeras vacunas se aplicaron unas semanas después, pero se podría haber hecho antes.

La decisión de suministrar un quinto de la dosis normal de la vacuna la tomó el grupo de expertos en vacunación de la OMS (Sage). Pequeños estudios han demostrado que esa cantidad proporciona protección por un año o quizás más tiempo.

Llama la atención que exista una vacuna necesaria, efectiva y segura y que las existencias sean exiguas. Supongo que tiene que ver con que la población a la que va dirigida es mayoritariamente pobre, viven por ejemplo en las zonas más humildes de Kinshasa, hacinadas en chabolas donde las aguas sucias son el mejor caldo de cultivo de los mosquitos que transportan los virus como el de la fiebre amarilla, el zika, Chikungunya o el dengue.Fiebre amarilla

También hay corrupción y “misterios” sin resolver. La OMS no puede explicar dónde están las inmunizaciones que envió en febrero a Angola, país donde se originó este último brote epidémico. Mandaron seis millones de dosis y uno de ellos desapareció.

Una investigación de la agencia Associated Press (AP) asegura además que algunas vacunas se enviaron a regiones sin casos de fiebre amarilla, otras a zonas infectadas donde no había jeringuillas para administrarlas y otras tantas a lugares donde la cadena del frío no estaba garantizada, lo que puede convertir a las vacunas en peligrosas.

Sólo existen cuatro empresas en el mundo que produzcan esta inmunización que cuesta apenas un euro la dosis, lo que ha hecho que, en ocasiones, se ponga en duda si se trata o no de un fármaco rentable para las farmacéuticas. Desde luego es más rentable la vacuna del papiloma aunque su necesidad no esté bien justificada y su seguridad sea la protagonista de uno de los últimos escándalos medicamentosos.

El País da más claves sobre el precio. En 2013, la vacuna contra la fiebre amarilla costaba 0,82 dólares por dosis en África —un precio que la mayoría de los países en desarrollo no puede afrontar—. Un informe de 2015 realizado por Médicos sin Fronteras demostró que la vacuna hoy cuesta casi 70 veces más que en 2001. Es decir, la especulación con los medicamentos llegó también a las vacunas.

Interesantes también desde el punto de vista económico son los casos del fármaco Sovaldi para la hepatitis C, que cuesta producirlo unos 100 euros y se vende a razón de varias decenas de miles de euros o el del EpiPen, una inyección para afectados por una reacción alérgica severa que cuesta hacerlo dos dólares y su precio se ha disparado de manera injustificada a los más de 600.

Por el camino, se acabó el stock de emergencia de la vacuna del que disponía el mundo para hacer frente a un eventual brote de esta enfermedad, que tiene una tasa de mortalidad de entre el 15% y el 50%. La gestión de este tipo de crisis sanitarias es caótico (se ha llegado a comprar con la última crisis por el ébola también en África) pues las vacunas mal que bien llegaron pero no el material necesario para aplicarlas lo que las inutilizaba.Fiebre-amarilla2

Pero hay que tranquilizarse pues como nos cuenta Melvin Sanicas, miembro del Programa de Salud Global de la Fundación Bill & Melinda Gates.

Afortunadamente, todo indica que la situación va a mejorar. El Instituto Pasteur [uno de los cuatro fabricantes de la vacuna de la fiebre amarilla] está construyendo una nueva instalación a unos 30 kilómetros de Dakar, en Diamniadio, que según se espera triplicará la producción en 2019.

Otro fabricante de vacunas contra la fiebre amarilla, Sanofi Pasteur en Francia, también está expandiendo su capacidad de producción. (Los otros dos fabricantes están en Brasil y Rusia)”.

Sanicas está muy bien informado pues ha trabajado y trabaja para los grandes fabricantes de vacunas, las farmacéuticas GlaxoSmithKline, Sanofi Pasteur o Novartis, que son las tres que más dinero dan a la OMS y no hay que olvidar además que la citada Fundación, presidida por el hombre más rico del mundo, Bill Gates, es la mayor financiadora privada de la OMS.

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